Murciélagos nos enseñarían cómo combatir los coronavirus
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BOGOTÁ D. C., 12 de mayo de 2020 — Agencia de Noticias UN-

Si los murciélagos no han sido los animales más populares del mundo, el temor que se ha generado alrededor de las hipótesis sobre su vinculación con este nuevo virus ha exacerbado el temor y los estigmas injustificados contra ellos, poniéndolos en la mira de persecuciones y matanzas como la ocurrida a finales de marzo en el pueblo de Culden, al norte de Perú.

Según el Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (Serfor) de ese país, en una acción colectiva residentes de Culden mataron alrededor de 300 ejemplares, mientras otros 200 fueron recuperados a tiempo. Sin embargo, no existe evidencia de que la transmisión del SARS-Cov-2 se haya dado directamente de estos animales a los humanos, y debido a la diferencia evolutiva entre ambas especies es muy poco probable que esto pueda ocurrir.

“Lo que pasa frecuentemente en esas transmisiones es que los virus pasan primero a otro organismo de la naturaleza, como un trampolín de cercanía de parentesco, hasta que llega al ser humano”, explica el profesor Hugo Mantilla Meluk, experto en murciélagos.

Ese intermediario es un organismo que debe estar cercanamente relacionado tanto con los murciélagos como con los humanos en parentesco o en frecuencia de encuentro, como muchos de los animales domésticos que usualmente nos rodean.

Relación con los coronavirus

Según explica el profesor Mantilla, por su dieta basada en muchos insectos como los mosquitos, el sistema inmune de los murciélagos está en contacto con una gran carga viral –no solo coronavirus– procedente de estos organismos, que muchas veces pueden tener en su interior gotas de sangre de un sinnúmero de animales silvestres que hayan picado.

“El premio que les ha dado la naturaleza en un proceso de selección natural es que han podido sobrevivir aquellos que tienen los sistemas inmunes más fuertes”, comenta el experto en murciélagos.

Por eso considera que estos animales representan una biblioteca llena de conocimientos, y que si se destruye puede significar la pérdida de pistas para resolver el problema de la COVID-19 y de otras pandemias futuras.

“Lo que hemos hecho los humanos desde el primer hombre pensante es que hemos utilizado nuestra inteligencia para copiar a la naturaleza; no somos tan originales, lo que hacemos en la experimentación biológica y médica es mirar procesos de la naturaleza y empezar a pensar cómo los reproducimos dentro de nosotros”, asegura el profesor Mantilla. Por eso considera que acabar con los murciélagos por temores infundados querría decir empezar esta búsqueda desde cero.

Y resulta que las mejores pistas de ese problema específico la tienen los murciélagos porque, como menciona el biólogo, no existe otro organismo que sea un mamífero como los humanos, con fisiología similar, y que viva en grupos de millones de organismos.

La naturaleza los necesita

Pero la persecución a los murciélagos puede representar un problema aún más grave. Estos mamíferos cumplen tareas fundamentales para el equilibrio de los ecosistemas, pues no solo contribuyen al flujo de materia y energía, sino también a la polinización, fundamental para la vida en el planeta; sirven al control de plagas y son portadores de enfermedades por su consumo de insectos, y llevan más de 50 millones de años dispersando las semillas necesarias para sembrar los bosques y selvas que hoy existen.

En resumen, prescindir de los murciélagos no es una opción para la vida en la Tierra, donde retirar cualquier elemento representa un desequilibrio, una manifestación de lo cual es el aumento de poblaciones de otros organismos como los insectos, lo que incrementa la posibilidad de que los parásitos y virus que hospedan eventualmente se puedan volver más agresivos contra los seres humanos o encontrar una mutación que les permita atacarlos directamente.

“Lo hemos verificado: cuando perdemos diversidad estamos aumentado la probabilidad de que aparezcan agentes patógenos novedosos, enfermedades emergentes que vienen con intensidades más fuertes porque no han sido negociadas en el equilibrio de la naturaleza”, afirma el experto.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

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