Campesinos se han quedado solos en conservación de recursos naturales
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BOGOTÁ D. C., 06 de marzo de 2020 — Agencia de Noticias UN-

Así lo expuso el geógrafo Nicolás Pérez, estudiante de la Maestría en Medio Ambiente y Desarrollo de la Universidad de Colombia (UNAL), durante su intervención en el foro ¿Qué está pasando con La Macarena?, convocado por el Doctorado en Salud Pública, Médicos del Mundo, la Red SaludPaz y la Universidad de La Salle para analizar el conflicto socioambiental que desde hace décadas existe en los parques nacionales naturales de Tinigua y Picachos, en el Área de Manejo Especial de La Macarena (AMEM).

Como parte de sus estudios de posgrado, el geógrafo Pérez viene adelantando una investigación sobre los procesos de degradación de la tierra, ocurrida entre 1985 y 2018 en la región de confluencia de los ríos Guayabero y Lozada, en jurisdicción de los Parques Nacionales Naturales Tinigua y Sierra de La Macarena.

“El proceso de degradación es una disminución de las condiciones físico-bióticas hasta un punto de no retorno, o irreversible. Las formas como nos relacionamos no solo se evidencian en esas perturbaciones que a menudo salen por televisión, como la deforestación, sino también sobre las representaciones y percepciones que tiene la gente sobre su proceso”, explicó el candidato a magíster, para quien este aspecto, tanto como es cultural, son importantes en su trabajo.

A partir de un acercamiento a las voces y experiencias de los campesinos que viven en medio del complejo panorama que representa La Macarena, el investigador ha identificado que la matriz de la tierra en esta región ha sufrido un proceso de perturbación que ha llegado a un punto de inflexión en el que las coberturas naturales ya están por debajo de la mitad.

“Las perturbaciones que dominan son los pastizales para ganadería, que pueden ir desde 8 hasta más de 60 hectáreas, un proceso que tiene como principal corredor al río Guayabero; también afecta la apertura de vías al interior de la tierra, y no sabemos hasta qué punto estos daños serían irreversibles”, comentó el investigador.

Según su análisis, “han pasado 30 años y los pastos no se han renovado, han seguido siendo pastos; y por otro lado, mientras en 1985 teníamos un parche de 15.000 hectáreas de bosque, ahora es de 5.000 hectáreas, lo que riñe con todo el discurso y la política medioambiental del país de disminuir la deforestación”, señaló el geógrafo.

Degradación, un proceso de conflictos

Para el investigador este proceso tiene antecedentes históricos y sociales que se deben analizar, como por ejemplo que este territorio es producto de un proceso de colonización y de desarrollo rural fallido, con vínculos con la proliferación de cultivos ilícitos –como la coca– que en su momento solucionaron la depresión económica y social y que también aparecen en un contexto de conflicto armado y de las relaciones centro-periferia que ha tenido el país con la marginalidad en el territorio nacional.

A esto se le han sumado –en los últimos años– las nuevas definiciones de lo “rural” más allá de su tarea agropecuaria, recargando en estas zonas las demandas urbanas por conservar los servicios ecosistémicos que soportan el sistema económico actual. “A los indígenas y a los campesinos les estamos recargando la responsabilidad de conservar los valores ecológicos y biológicos que tenemos allí”, aseguró el investigador.

Así, a estas comunidades se les ha planteado una serie de restricciones por encontrarse en áreas protegidas en las que no pueden cultivar, pero tapoco se les presenta ninguna alternativa, lo que genera conflictos que pueden escalar a violencia.

El foro se realizó en rechazo a los operativos de la campaña Artemisa, emprendidos el pasado 21 de febrero por la Fiscalía y el Ejército Nacional, con acompañamiento de los ministerios de Ambiente y Defensa en La Macarena (Meta), donde fueron capturados 20 campesinos de la región.

Estos actos fueron considerados como una forma de estigmatizar a los habitantes de La Macarena, quienes han procurado establecer reglas de conservación de los parques, a pesar de las precarias condiciones de vida en estos territorios y de la sistemática desatención del Estado.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

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