Fenómenos cotidianos facilitan enseñanza de la química
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MANIZALES, 21 de noviembre de 2019 — Agencia de Noticias UN-

La nueva metodología fue propuesta por Jairo de Jesús Cifuentes Rivera, estudiante de la Maestría en Enseñanza de las Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales, quien explica que para el campo de la química se deben crear estrategias que permitan su enseñanza y que generen interés por su aprendizaje.

Por ello propone cambiar los enunciados clásicos por otros que se asocien con la vida cotidiana de los alumnos. Por ejemplo, en vez de decir “si sobre un cuerpo de 20 kg se ejerce una única fuerza de 100 N ¿cuál será la aceleración del cuerpo?”, se plantea: “una persona empuja un carro de 20 kg con una fuerza de 100 N. Si no existen otras fuerzas sobre el carro, ¿cuánto valdrá la aceleración provocada en este?”.

Para desarrollar la herramienta propuesta por el investigador se reconocieron ideas previas que permiten identificar los obstáculos, debilidades o fortalezas de los estudiantes en determinado tema.

Normalmente la enseñanza de la química se desarrolla con actividades que invitan a formular y nombrar compuestos químicos ajenos a los alumnos y no aluden a hechos de la vida cotidiana, subraya el estudiante Cifuentes.

En su concepto, las ciencias –y en especial la química– requieren de una adecuada contextualización, ya que así se generará aprendizaje con sentido y significado, propiciando un ambiente óptimo para que el estudiante relacione los conceptos vistos con el fortalecimiento y la construcción de su propio conocimiento.

“En algunos casos, no contextualizar los problemas podría llevar a los alumnos a formarse ideas erróneas sobre determinados conceptos. En el caso del ejemplo relativo a la fuerza, cuando no se concreta el agente que la realiza, el alumno tiende a pensar que esta es una propiedad de la materia y no el resultado de una interacción”, explica el investigador.

Fases del proyecto

En el proyecto participaron 35 estudiantes de décimo grado con edades entre 15 y 16 años, y se desarrolló en cuatro fases: “en la primera se diseñó una práctica de laboratorio que sirvió de instrumento para identificar las ideas previas y los obstáculos que tienen los estudiantes frente al tema de disoluciones químicas”, explicó el investigador.

Agregó que “antes de aplicar la prueba, el pretest fue validado por expertos. Aquí se plantearon cuatro actividades que abarcaban el reconocimiento y la distinción entre las mezclas homogéneas y heterogéneas, la solubilidad de las sustancias según la temperatura, los tipos de disoluciones y la concentración de estas”.

Con los resultados se diseñaron las fichas de laboratorio: en el primer bloque se plantearon los obstáculos que presentaron los estudiantes para aprender el concepto de disoluciones químicas; en el segunda se mostró la construcción colectiva de la fundamentación teórica, en la cual ellos construyeron su definición del concepto, para después mostrarles la definición de una manera teórica.

“En la tercera parte desarrollamos el plan experimental, en el que describimos brevemente lo que se va a hacer en el laboratorio e invitamos a los estudiantes a registrar sus resultados experimentales”, explicó el investigador.

Las fichas de trabajo incluyeron actividades con videos, simuladores, imágenes y prácticas de laboratorio.

Para evaluar el aprendizaje después de implementar las fichas y prácticas de laboratorio, se aplicó un cuestionario tipo Icfes de 10 preguntas de selección múltiple con única respuesta.

Óptimos resultados

Como resultado de las actividades y las fichas de laboratorio, el 87 % de los estudiantes logró reconocer y diferenciar mezclas homogéneas de heterogéneas, el 90 % reconoció los diferentes tipos de disoluciones (insaturadas, saturadas y sobresaturadas), y evidenció el impacto de la temperatura sobre la solubilidad, y el 89 % realizó cálculos para hallar concentraciones molares y diluciones.

“También se observó que los estudiantes interpretan gráficas y textos, analizan imágenes, diferencian enlaces, tienen claros conceptos como solubilidad y disolución, interpretan acciones prácticas y contextualizan lo aprendido”, subraya el estudiante Cifuentes.

Con esta investigación se demostró que las actividades de laboratorio pueden estar dirigidas a: aumentar la motivación de los alumnos hacia las ciencias experimentales, favorecer la comprensión de los aspectos teóricos, enseñar técnicas específicas, desarrollar estrategias investigativas y promover actitudes relacionadas con el trabajo científico.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co

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