En un pueblo que tiene la vista al sur y el fresco amanecer que brindan las olas del mar, el viento sopla los ricos olores del agua púrpura y cristalina con sabor a sal.
Existe una choza sembrada en la arena blanca de la playa hecha de madera típica de la región costeña, horcones por sus cuatro lados y en su techo se goza de una sombra de palmas cortadas con el permiso sabio de la naturaleza. Vive una familia pobre y humilde compuesta del padre, la madre y su hijo que castigado por la creación, nació para estar postrado en una silla y sin brazos como una cortesía extra del ensaño de la vida
Todas las mañanas el padre y la madre dedicados al oficio de siglos, salen a diario a la mar a pescar.
Dejando a su hijo joven adolescente solo, sentado en una silla para contemplar el inmenso mundo de agua y respirar el rico aroma inconfundible de la región sureña.
El hijo jamás entendió por que el divino creador lo había hecho así, él quería ser como los demás hijos de los pescadores, él quería ir a la mar a ayudar a sus papás.
Así se quedaba por largas horas, bajo la sombra de las palmas, el joven no tenía más remedio. Nació inválido y sin brazos, siempre estaba sujeto a la voluntad de sus papás.
Una mañana escuchó un zumbido muy agudo, este sonido estaba cerca de su oído, alarmado comenzó a buscar, sabía que era un mosquito, pero por estar detrás de él no lo veía, hasta que el joven le habló y le dijo:
- Mosquito escandaloso apiádate de mí, no me vayas a picar, mírame, soy un humano que nunca te podrá hacer algún daño. ¡Mosquito! ¡mosquito, no te veo! ¡ven, te quiero ver! quiero platicar contigo, te quiero cantar una canción que mis padres me enseñaron cuando era niño.
El mosquito tal parecía que entendía al joven y en un instante mágico y sorprendente comenzó a volar frente a los ojos de quien lo llamaba.
El joven sorprendido de lo que estaba pasando le dijo:
- Mosquito no me vayas a picar, quiero ser tu amigo, mira que no tengo hermanos, tampoco amigos, no me dejes solo, mis papás no están y muy seguramente a estas horas andan pescando en alta mar.
El mosquito lo escuchó y se hizo amigo de ese joven paralítico, permanecía volando cerca de su amigo, jugando con sus alas casi invisibles.
Al caer la tarde llegaron sus padres y el joven muy ansioso de lo que había pasado les llamaba apresuradamente:
- Padres vengan rápido, acérquense; les digo que hoy encontré un amigo y me prometió venir mañana, a la hora en que ustedes me dejan solo, él me va a cuidar cuando vayan a la mar.
Los padres preocupados por lo que su hijo les decía rápidamente se acercaron a él y le preguntaron:
- Hijo ¿por qué estás tan contento y emocionado? dinos ¿quién es tu amigo?
El hijo respondió:
- Un mosquito.
El padre contestó:
- No entiendo hijo, me dices que es un mosquito.
El hijo respondió:
- Sí papá hoy le hablé y me entendió, mañana seguramente él va a estar aquí.
Los padres del joven se miraron mutuamente y movieron sus cabezas en señal de que no comprendían.
Por la noche cuando el joven dormía profundamente el padre le dijo a su esposa:
- ¡Qué le pasa a nuestro hijo, aparte de toda su desgracia, está perdiendo la razón!
Al otro día muy temprano, como todas las mañanas, volvieron a llevar a su hijo a ese mismo lugar y lo sentaron en la silla que ha sido testigo de tan cruel realidad.
Sin embargo, para el hijo ese día fue el más hermoso, era un día especial, los padres se despidieron de su hijo y se fueron a la mar a trabajar.
El joven se quedó quieto en silencio y comenzó a mirar a su alrededor, de pronto sobre su cabeza escuchó un zumbido, era inconfundible, era el mismo que ayer había escuchado, su amigo el mosquito había vuelto.
El joven comenzó a hablarle:
- Amigo mosquito, acércate, quiero verte, te quiero saludar.
El mosquito frente a los ojos de quien lo llamaba comenzó a volar.
El joven muy contento le dijo:
- Sabes mosquito, ayer les dije a mis papás que tú eres mi amigo, el único que tengo y les pedí que te conocieran.
El mosquito volaba y volaba, no se cansaba, algo debía comunicarle, pero no sabía cómo hacerlo, el mosquito debía decirle que su vida es muy corta y que no podría visitarlo más, que tenía que emigrar a otra vida.
El mosquito decidió acercarse a la frente de su amigo y picarlo para que éste se enojara y le pidiera que se fuera, pues de otra forma no lo quería decepcionar.
El mosquito se aceróo suavemente y lo pico.
El joven sorprendido le dijo al mosquito:
- Gracias amigo por hacerme tan feliz y por darme ese beso, quiero pedirte mosquito que me enseñes a volar, para andar en lugares muy hermosos que es donde seguro tú vas, no me dejes amigo, quiero irme contigo a lo más alto en esta vida ¡llévame contigo a la eternidad!
El mosquito escucho las palabras amorosas y tiernas que su amigo el joven paralítico le decía.
El mosquito se acercó al oído de su amigo y le dijo:
- Escúchame amigo yo soy un simple animalito que muy pronto se va ir a la gloria, al paraíso, la verdad amigo es que no sé hacer milagros, pero conozco a alguien que nos va ayudar. Te prometo amigo que mañana muy temprano voy a venir por ti y te llevaré sobre mis alas, nos iremos a un nuevo mundo y cambiaremos lo que somos a un nuevo ser, no te vas arrepentir.
El joven encantado de lo que su amigo le dijo le contestó:
- Te esperaré.
A la llegada de sus padres el hijo les comentó:
- Mi amigo estuvo aquí conmigo y mañana me va a llevar con él, por favor déjenme ir, se los pido, quiero ver el mar de lo alto, quiero volar sobre la copa de los árboles; ir a las montañas, conocer los ríos y pasearme entre las nubes blancas que en el cielo se unen como un manto celestial, quiero ver el día, la noche y no depender jamás de su sacrificio amoroso.
Los padres sonrientes, pero con lágrimas en los ojos le contestaron a su hijo:
- Anda hijo con tu amigo, conoce esos lugares hermosos, conoce el mundo, goza de felicidad, tú sabes que te queremos, nunca te hemos de olvidar, eres un hijo divino, eres un hijo especial, en nuestro corazón de padres vivirás.
Así la mañana siguiente los padres fueron a la cama de su hijo y lo observaron, el joven estaba inerte, frío, pero en su rostro tenía un semblante feliz.
El joven se había ido con su amigo, el mosquito, y nunca jamás regresará.
*Leobardo Cruz Magariño (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es abogado y amante de la lectura y la poesía.
Más de la obra de Leobardo Cruz Magariño:
- Consejo paternal
- Hermano
- Apasionados
- Un deseo
- Sueño prohibido
- Poema a un hijo
- El leñador
- Una canción de amor
- Agonían
- Corazón de León
- A mis amigos los poetas
- Declaración amorosa en 14 de febrero
- Apóyate en mí
- Me enloqueces
- Cayó como una rosa
- Bandera Mexicana
- Madre Esplendorosa
- Poema a Agustín de Iturbide
- Poema a Josefa Ortiz de Domínguez
- Las canas oscuras
- Poema por el Día de la Mujer
- Poema a Miguel Hidalgo y Costilla
- Poema a Benito Juárez
- De lo necesario, lo justo
- La casa de la calle iluminada
- El joven y el mosquito