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juan jose cesin 2- VIVIR EL PRESENTE -


Un hombre llega al consultorio de un médico, su rostro luce pálido, alrededor de sus ojos se vislumbran grandes ojeras producto de muchas noches de insomnio, sus hombros caídos denotan frustración, cansancio…en fin, el hombre se ve terriblemente mal.
Después de una amplia revisión y de realizarle todo tipo de análisis, en la siguiente consulta, el médico le dice a su paciente que lo que tiene es el mal del siglo XXI:

Stress

Al cuestionarle sobre sus hábitos, el médico se pudo percatar que aquel hombre llevaba una vida sumamente ajetreada. Su tiempo lo distribuía entre el trabajo y los traslados que ocupaba entre su casa y el mismo. No había tiempo para más, ni siquiera para comer a determinada hora.

Las recomendaciones sobre darse tiempo para sí, su familia y demás cayeron como piedras dentro de un saco roto…aquel hombre no tenía la más mínima intención de cambiar. No era feliz en casa como tampoco lo era en su trabajo pero la terapia ocupacional por mucho stress que le generara era su mejor medicina.


De esta forma hizo caso omiso a todas las sugerencias por el doctor dadas y a pesar de los medicamentos el hombre seguía sintiéndose terriblemente mal.

Desfiló por muchos consultorios, recurrió a todo tipo de terapias pero los resultados siempre eran los mismos: él seguía llenando su vida de ocupaciones y vaciando su corazón de afectos.

La soledad y la desesperación se fueron haciendo más grandes. El hombre se dio cuenta que su rendimiento en el trabajo cada día era menor y las relaciones con las demás personas, incluida su familia, empeoraban con el paso del tiempo.

Un gran vacío le recorría el cuerpo justo cuando tenía que regresar a casa y entonces hizo lo que casi nunca hacía: se salió de la rutina y decidió caminar por un parque cercano.


El viento de otoño golpeaba su rostro pintándolo de frío intenso. Las hojas de los árboles se movían y el susurro resultaba escalofriante, la oscuridad empezaba a teñir el cielo cuando de pronto y sin darse cuenta sintió como alguien tiraba de su abrigo con mucha insistencia.


El hombre deslizó su mirada hacia abajo para encontrarse con la de una pequeña niño de unos aproximadamente diez años

-¿Qué quieres? –pregunto el hombre con cierta molestia

Sin contestar a la pregunta la niña le contesto con otra pregunta:

-Señor ¿Usted se ríe?

-¿Qué pregunta más tonta es esa niña? En estos tiempos no hay tiempo para reír…-justo cuando se preparaba para lanzar todo un discurso sobre lo difícil de la vida, la niña sonrió y salió corriendo.

El hombre pudo ver como se alejaba junto con otros niños de su edad entonando sonoras carcajadas.

Los niños si tenían tiempo para reír de hecho lo hacían en el mismo tiempo que aquel hombre estaba viviendo.

¿Cuántas veces al día nos reímos?
Pareciera que todo en el mundo se ha vuelto tan serio que en verdad no hay tiempo disponible para reír.

Dice un adagio que “es más fácil hacer llorar que reír” y pareciera que los seres humanos, muy habituados al drama, nos empeñamos por hacer de cada instante una tragedia que bien pudiera trasmitirse como telenovela en cualquier canal de televisión.

La risa tiene un poder curativo. Es tal su magia que un buen instante de risa nos basta para darnos cuenta que lo que creíamos tan grande no lo era tanto.

Si repasa en su memoria los mejores instantes de su vida se dará cuenta que como fondo musical siempre hay alguna risa. Tal vez la mayor sabiduría se encuentre en saber convivir con nosotros mismos y darnos tiempo para regalarnos el placer de reír a carcajadas sin represión alguna.
Los problemas son, a fin de cuentas, pruebas que nos sirven para mostrarnos nuestras capacidades y señales que nos marcan el rumbo hacia donde encaminar nuestros esfuerzos para aprender de manera permanente y con ello tener la capacidad para darles solución. Ellos estarán ahí, querámoslo o no, mientras no los resolvamos, entonces ¿por qué no darnos tiempo para reír un poco? Tal vez después de una gran terapia de risa encontremos solución a aquello que se nos hacía imposible de remediar.

Así que recuerde que por muy ajetreada que sea su vida presente…

¡Siempre hay tiempo para reír!

*Juan José Cesín Vargas es catedrático del Benemérito Instituto Normal del Estado de Puebla, autor de los textos: "Educación para la vida y formación permanente: Futuro de las Escuelas Normales” y “Coro Normalista de Puebla. 45 años de alimentar el alma con sus voces”

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