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juan jose cesin vargas.jpg- VIVIR EL PRESENTE -
 
 
Cicatrices
 
Juan José Cesín Vargas*

Cuando tenía alrededor de 14 años corriendo en un parque no me percaté que uno de los jardines estaba protegido con alambre de púas y al intentar cruzarlo me encontré con que esa malla se había clavado en mi abdomen. Producto de esa experiencia se me quedó como recuerdo una cicatriz que me alerta sobre los cuidados que se deben tener en la vida.

 


Lo anterior me lleva a la siguiente reflexión, misma que me gustaría compartir con usted estimado lector:

¿Qué sería de nosotros sin las cicatrices que han marcado nuestro camino?

¿Qué pasaría si no tuviéramos esas huellas en nuestra piel que nos recuerdan lo difícil que fue llegar a una meta?

Definitivamente creo que no le daríamos valor a lo que somos.

Debemos reconocer que mucho de lo que somos en el presente es producto de las cicatrices que llevamos con nosotros y que nos muestran nuestra debilidad o nuestra fortaleza misma que podemos arrastrar como pasado doloroso o proyectar al futuro como experiencia y valor de vida.

Existen distintos tipos de cicatrices. Hay algunas evidentes como la de aquella cirugía que tuvo que ser de emergencia porque no tuvimos el cuidado de atender nuestra salud a tiempo pero las hay otras que no son tan evidentes y que quizá son las que más peso tengan en nuestra vida:

Las cicatrices invisibles

Esas que sólo nosotros sabemos que existen. Las que marcan nuestro corazón después de una desilusión amorosa, la pérdida de un amiga/o, la partida de un ser querido, la traición, el engaño, la deshonestidad, la ingratitud…

Todas ellas son marcas que en ocasiones nos vuelven desconfiados ante la vida. En no creer en las personas. Algunas veces nos llevan a no buscar más el amor por temor a ser lastimado o a desconfiar de cualquier acto de bondad.

Cuando eso sucede esas cicatrices invisibles se vuelven visibles en nuestros actos y nos llevan a hacer de nuestro presente un infierno sin fin.

Sin embargo, esas cicatrices también pueden ser lo que nos invite a disfrutar cada instante de nuestra vida porque por muy duro que haya sido el adiós del ser amado siempre quedan los recuerdos vividos, los besos y los abrazos y si damos vida a esos recuerdos, la cicatriz habrá valido la pena porque nos dejó la enorme felicidad de haber vivido el amor y a la vez, nos deja enseñanzas de qué hacer o no hacer en una relación futura.

Lo mismo pasa en el trabajo, en la familia o con los amigos. Es probable que no exista relación que no nos deje una huella, una cicatriz pero somos nosotros los que decidimos que hacer con nuestras cicatrices; de modo tal, que permitamos que cierren, pero que no se mueran para hacernos saber que, por muy duros que sean los tiempos, somos capaces de salir adelante para vivir nuestro presente, compartirlo con los que queremos y honrando a los que ya se han ido.

Apreciable lector hoy lo invito a que le dé valor a esos momentos difíciles que le ha tocado vivir y le han marcado, pero que finalmente le permiten estar en estos momentos frente a su computadora, leyendo este artículo y viviendo el presente.
 

*Juan José Cesín Vargas es catedrático del Benemérito Instituto Normal del Estado de Puebla, autor de los textos: "Educación para la vida y formación permanente: Futuro de las Escuelas Normales” y “Coro Normalista de Puebla. 45 años de alimentar el alma con sus voces”

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