
17 de febrero de 2017
Al escuchar la expresión “realidad virtual” –seguramente proveniente del concepto imagen virtual de la Física-, enseguida se piensa en la parafernalia tecnológica de visores y aditamentos corporales capaces de dar (a la mente) la ilusión de estar en un lugar, tiempo o Mundo diferentes al actual –tal vez imposible- y además actuar en él.
Esta es la imagen de moda ahora, pero el concepto mismo abarca mucho más, teniendo a los sueños como arquetipo. Es así que existe toda una gama que va del delirio psicótico natural o inducido –mediante alguna droga, por ejemplo- hasta las producciones artísticas de la literatura, la pintura o el teatro, donde a partir de un conjunto de elementos materiales y formales, se COMPONEN –palabra técnica- Universos enteros, algunos sumamente creíbles, sin dejar por ello de ser irreales.
En particular, en este último se llegó, tras una larga evolución inversa, al REALITY SHOW, curiosa puesta en escena que entrega una ficción cualquiera como la más inobjetable realidad, echando mano de los variadísimos recursos acumulados a lo largo de su Historia, como emplear gente común en lugar de actores profesionales, locaciones naturales y situaciones nada extraordinarias con la intención de que el público se identifique con la obra, confundiéndola con su propia vida. (A esto me refiero con “inversión”, pues en su origen se buscaba exactamente lo contrario: separarlo de su entorno acostumbrado, llevándolo al terreno del mito.)
Hasta aquí en cuanto a entretenimiento, inocuo las más de las veces, excepto con espectadores oligofrénicos, incapaces de discernir entre lo objetivo y lo subjetivo. Pero existe una interesante aplicación que ejemplificaba la popular serie de televisión MISSION: IMPOSSIBLE, en que un grupo de especialistas montaba semana a semana una charada para lograr de algún “maloso” –usualmente un tirano- un determinado comportamiento, sin que éste llegara a sospecharlo siquiera.
Para ello lo rodeaban de y envolvían en una realidad virtual no sólo material, sino emocional e incluso sexo-afectiva que desactivaba sus defensas, convirtiéndolo en un bobo a merced de los designios –siempre geopolíticos, por cierto- superiores de quienquiera fuese el contratante de los servicios del deception team. ¿Fantasioso? Sin duda, pero contando con que “cada minuto nace un tonto”, en principio no es imposible.
Este podría ser el caso de nuestro villano no favorito, que tampoco sería un AUTÓCRATA ni mucho menos, sino tan sólo un medio –medium, en latín e inglés- de poner en el Gobierno norteamericano a una corporación –de índole SECTARIA ciertamente, por su afán de limpieza étnica y otras lindezas- resuelta a no sujetarse a las reglas institucionales de una oligarquía corporativa convencional –que no DEMOCRACIA- como la que prevalece en el vecino País, un Gobierno fantasma que se manifestaría, apropiadamente, a través de la escritura automática de su canal, convencido de ser el Elegido o algo semejante, al haber interiorizado la realidad alternativa creada a su alrededor.
Es tan sólo una posibilidad de explicar ciertos rasgos de comportamiento extrañamente familiares. ¿Y qué más familiar que la televisión moderna y sus espectáculos “REALISTAS”?
Como siempre, son ustedes, amables lectores, quienes tienen la última palabra...
Imagen: reflectedlightphotography.blogspot.mx
Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.








