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RADIO Sabersinfin.com

17 de marzo de 2017

Un característico y lastimoso rasgo de la población mexicana, es su falta de cultura musical general, tanto por la ausencia de un saber compartido comparable a las habilidades de leer, escribir y realizar operaciones aritméticas elementales, como el desinterés tozudo –y hasta fanático- hacia música que no sea la que asimiló en la infancia a través de los omnipresentes medios comerciales y la tradición familiar o comunitaria –especialmente religiosa-. Y esto no de ahora, sino por generaciones.

Pero a diferencia de otros rasgos igualmente inveterados, la persistencia de éste puede rastrearse fácilmente a la Institución educativa por antonomasia: la Escuela, uno de cuyos objetivos fundamentales es, irónicamente, promover la SOCIALIZACIÓN de quienes asisten a ella, mediante el contacto directo con otras formas de expresión cultural. Después de todo, junto a la transmisión de conocimientos y desarrollo de habilidades específicas, su función psicoafectiva es romper la endogamia inherente a una vida que orbita alrededor de la familia y tender el puente hacia una realización SOCIAL del individuo. (Por cierto, la conocida endogamia gremial del magisterio, en la que todas sus actividades sociales tienen lugar internamente, no es ajena a la actitud cerrada, refractaria a lo nuevo o, simplemente, DIVERSO que venimos analizando.)

Concretamente en nuestra época de Secundaria, ¿cuántos no sentíamos verdadera aversión por asignaturas como la Música, a la que considerábamos tediosa, frustrante y perfectamente inútil? Era la forma en que nos introducían a ella, pues uno sabe, como profesional, que no se puede capacitar técnico-musicalmente en masa. Mejor sería aprovechar ese precioso tiempo en ampliar el horizonte musical de los estudiantes con la exposición, análisis y discusión de los géneros musicales dejados de lado –la inmensa mayoría- por la tradición familiar-comunitaria y la mercadotecnia mediática, empleando las herramientas de la Musicología, con la ventaja de que por coincidir este ciclo educativo con la pubertad y el muy probable advenimiento de la adolescencia –la lucha por la Independencia ideológica respecto de los mayores-, resulta el momento más adecuado para restructurar opiniones y actitudes en este campo.

En el caso particular de la Música Clásica, pesa sobre ella un montón de prejuicios, como ser complicada, aburrida, cosa de “viejitos”, exclusiva de la clase alta y parecidos, esparcidos diligentemente por los publicistas de la industria musical del entretenimiento, cuyo objetivo es nada menos que acaparar todo el mercado –instaurando de paso un predecible monocultivo-, como cierta actitud displicente de quienes, con toda buena fe, se consideran guardianes de una Tradición.

Pero la Música Clásica no se estancó en el Siglo XIX –o XVIII, para algunos más radicales-, sino que siguió evolucionando, diversificándose, recurriendo a otras fuentes y aún otros planteamientos filosóficos –estéticos y en general-, durante todo el siglo pasado, produciendo joyas que, en un primer momento, resultaron paradójicamente inaudibles para el oído conformista de entonces.

Dentro de la enorme producción musical CONTEMPORÁNEA - como era conocida-, ocupa un importantísimo lugar la de los compositores latinoamericanos, uno de cuyos más notables ejemplos, tanto por el monto como la originalidad de su obra, fue el brasileño Heitor Villa-Lobos, de quien supe por su famosa BACHIANAS BRASILEIRAS NO. 5, para soprano y ocho cellos –que escuché años después de salir de Secundaria, por supuesto-, de quien hace dos semanas se conmemoró el 130º aniversario de su nacimiento y quien llevó una vida literalmente “de artista”, como podrán comprobar en su biografía. ¡DISFRÚTENLO!

Imagen: 2.bp.blogspot.com

  Fernando Acosta Reyes (@ferstarey - es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño, SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.

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