12 de febrero de 2023

 

El trabajo de los días


Fernando Yáñez. Los trabajos y los días. Editorial Yaugurú, Montevideo, 2020.

 

Fernando Yáñez abre paso a la memoria para reanudar lo que el tiempo anudó por sí mismo. Sobre el proceso natural del transcurrir, la mirada se vuelve, reasume, ausculta, indaga el tiempo conformado, el tiempo vuelto forma fáctica.

Mirar demanda saber ver. Para saber ver, se debe conocer y conocer supone acumulación de experiencia, sensibilidad, talento y talante. Volver sobre la piedra dura porque esa ya no siente, dar los pasos hacia atrás implica encontrar lo conocido y lo perdido. También, descubrir lo encubierto. Bajo el foco de la experiencia sazonada es posible constatar lo que nunca había existido o puede expirar lo que tan firme estaba en el cobijo del recuerdo.

El título del libro de Yáñez posee su propia historia que se recrea en el prefacio. En efecto, muchos años antes de escribirlo, Fernando mostró a Eduardo Darnauchans una canción arropada en la poesía de Antonio Machado. Valorando la amplitud temática de la canción, Darnauchans sugirió que se denominara Los trabajos y los días porque “Ese título abarca todo lo humano”. Fernando encontró la horma para su obra y la adoptó para identificarla.

El poema de Hesíodo señala un momento importante en la historia de la cultura griega. Mientras que los aedas épicos entretenían a la aristocracia con la celebración de las gestas, Hesíodo enfocó la realidad cotidiana y la vida del hombre común. Las investigaciones plantean que Los trabajos y los días, más que un poema didáctico sobre los trabajos de los campos, debe ser concebido como una reflexión acerca de los problemas de la vida social y especialmente de la justicia.

El libro de Yáñez es una retrospectiva personal que se trasciende y abarca lo colectivo en su proyección política, cultural y social. Seguramente, puedan segmentarse con propiedad los momentos anteriores y posteriores a la dictadura en razón de las peculiaridades que tan bien afina Yáñez y, concitar intereses distintos en cada lector. No obstante, el recorrido personal y la cosmovisión de lo colectivo son dos líneas que corren paralelas en la vía comunicativa de lo dicho y no lo dicho.

Yáñez sigue su vida personal –la mira, revisa, expone, la expone, se retrotrae, intercala– y va colocando tirantes que al cabo tejen una urdimbre que se hace expandida trama de vivencias. Al mismo tiempo, logra que en la lectura se instalen distintos niveles de significado. Encabalgado, inserto en la vida personal de F. Yáñez, como holograma universal, se reconstituye la situación social, económica, política, cultural durante los diez años de la dictadura militar uruguaya. Si bien los años de vida de F. Yáñez abarcan un tiempo mayor, anterior y posterior a ese dramático período, el retrato de época, en lo épico y en lo vital de las experiencias íntimas, instalan un marco de preponderancia social y colectiva. El relato individual y personal es, entonces, –y al fin y al cabo– un relato de lo colectivo. El acierto está en una correlación entre lo personal y lo colectivo que fluye integrada. Dimensiones que coviven.

El texto progresa desde la percepción de la cotidianeidad. Son personas simples las que caminan por una vereda, que padecen la espera de un ómnibus, que discuten, que se enojan, que no saben, que tienen miedo. Los acontecimientos históricos, los constatados por la historiografía y la patencia personal, la visión ideológica con la que se evocan y analizan los acontecimientos se estructuran en un discurso despojado y articulado desde la vivencia cotidiana.

Por otra parte, y tan elogiable como lo antedicho, el libro mantiene una línea de trazo firme respecto a que la vida no se enajena. Una concepción que se ratifica en el compromiso intelectual, en la sensibilidad, en la capacidad de verse en el otro y que prescinde de grandilocuencias para abrazar.

La organización en sesenta y un capítulos, además de un prefacio y un epílogo, funciona de manera ágil, dinámica. Cada capítulo lleva el nombre del episodio, persona, lugar, circunstancia, en la que se hace foco.

El capítulo 1, “Hablando de oídas, porque yo no estaba…”, instala el tono y el estilo con que se desgranan la vida y las experiencias convertidas en biografía. Hay un decir directo y elocuente, que indaga y abre su mano de afecto. La perspicacia del humor que enaltece, restaura. Un humor maduro, hecho de finas telas éticas, estéticas y emotivas. Y, en particular, se construye por debajo, por encima y desde dentro de las palabras, el reconocimiento del otro –de los otros– en la dimensión íntima y extensa de la humildad.

La estructura del libro soporta una organización inteligente y consistentemente articulada. El tiempo transcurre a través de evocaciones que enhebran variados episodios.  El retrato de familia se esparce por la obra, en algunos casos con capítulos específicos, en otros con anécdotas intercaladas –el barrio, la ciudad, las mudanzas, la formación y la actividad profesional de los padres–. El ambiente de la cultura, particularmente del teatro, de la música, de la literatura se entrecruza desde los años iniciales en la década de los cincuenta y se proyecta hasta los posteriores a la dictadura. De ese modo, conformando un entramado de cuadros aparecen Alberto Candeau, Carlos Maggi, Margarita Xirgú, Reina Reyes, Paco Espínola, Alfredo Zitarrosa, Eduardo Darnauchans, Washington Carrasco y Cristina Fernández, Eduardo Larbanois y Mario Carrero, Horacio Buscaglia, Susana Bosh, Mauricio Ubal… agonistas que son más que los nombrados y están porque estuvieron. Y a ellos se incorporan El Galpón y su exilio, la fundación de ADEMPU, el Movimiento de la Canción Infantil de América Latina y el Caribe.

Por cierto, hay senderos abiertos para recorrer los versos de F. Yáñez (Credenciales, El guinche, Burucayupí, Canción de cuna, Ciudad al sur, Los trabajos y los días…). Y los arpegios listos para conocer el arte que permitió que naciera Contraviento, banda perdurable que integró esa convergencia de aperturas e ilusiones generada al pulso del canto popular. Además, hay espacio en la mesa para la reflexión y la discusión de temáticas siempre vigentes de revisión como la interdisciplinariedad, los lenguajes del arte, la música para niños, ¿la música para niños?

Yánez miró para atrás. Por suerte miró para atrás. De alguna manera, al hacerlo, honra el pensamiento de su padre quien, luchando por los desaparecidos y oponiéndose a los políticos que repetían, “no hay que tener los ojos en la nuca”, argumentó de manera contundente y para siempre, que el pasado debe ser mirado, analizado para ver y proyectar lo que vendrá.

En definitiva, Fernando Yáñez, al mismo tiempo que comunica y se comunica, crea espacios desde el discurso en el que los lectores ya contenidos, ya involucrados, ya espectadores, pueden latir la reconstitución de una historia personal signada por una voluntad y una entrega altruistas.

 

 

Jorge Nández Britos

Profesor, escritor. Su actividad profesional ha estado ligada a la educación media y superior. Fue director del Instituto de Profesores Artigas e Inspector Nacional de Español. Cuenta con publicaciones e investigaciones referidas a educación y a su especialidad disciplinar.
Publicaciones de poesía
Aquí/Entonces. Ed. Ideas, 1981.
Los rostros y la cara. Ed. El caballo perdido, 2002.
Imprimismos. Ed. Artefato, 2005.
Simas. Ed. Monteverde, 2006.
Votivos. Ed. Yaugurú, 2011.
Reunida. Ed. Yaugurú, 2018.