El muro

El muro quiere el exterminio de los pueblos
un ejercicio inútil, la búsqueda del otro,
el cansancio es una guerra con pupilas cocidas al llanto.
No cesa el muro.
Y el pueblo intenta retener el cáliz de una vieja alegría.
Nadie quiere rendirse
ante la inmensa orfandad de la frontera
e imaginan, a tientas, el milagro de algunos horizontes.

Y sueñan. No tienen más que el sueño de los vivos.
Y atrás quedará la muerte que suicidará sus últimos sicarios,
y quizás el muro caiga al soplo de algún beso, del hijo que amanece.
Las cunas volverán a concebir la infancia.
Algún día, cien siglos más tarde, en un segundo
todo habrá acabado. Será un altar final, la resistencia.
Aurora Olmedo