28 de junio de 2014 (Monólogo teatral hiperbreve)

Sobre el escenario, un personaje vestido con un ostentoso frac; una prenda totalmente fuera de lugar en el ambiente circundante, pobre y despojado de mobiliario. El atuendo, a pesar de parecer de marca y terriblemente costoso, le cae francamente mal. Sin lugar a dudas a causa de la percha. Ni siquiera ese vestuario consigue disimular su as-pecto tosco: nada logra suavizar sus modales rudos, de prepotente patán. Todo en él resulta vulgar y zafio, diame-tralmente opuesto a la elegancia. Es un individuo de panza prominente. Sin embargo su complexión no justifica el modo innatural en el que se hincha: como un palomo presuntuoso o un globo lleno de aire. Su torpeza no conoce límites.

Patan:

El personaje se pavonea sobre el escenario, con los brazos en jarra, a grandes zancadas. En su rostro, una indele-ble sonrisa de superioridad y autocomplacencia. De repente se quita su chistera y de ella va sacando billetes de un color al que el público no está acostumbrado. Los lanza con indiferencia, con displicencia, a derecha e izquierda. Como si de simple confeti, o más bien de sobras para el hambriento pero agradecido perro, se tratara. Súbitamente, por un lateral de escena, aparece a gran velocidad una mesita con ruedas lanzada por mano invisible. Entonces su mirada bovina se trasmuta. No es inteligente, pero sí listo: en el fondo de sus ojos acecha amodorrada la malicia. Ahora la expresión del caimán va sustituyendo progresivamente a la del inocuo rumiante. El personaje, con agilidad insospechada, como convertido en otro hombre, intercepta el mueble rodante en el centro del escenario. La mesa está cubierta por un tapete verde. Sobre ella, una pequeña ruleta. De juguete: un mecanismo de pega. El personaje, excitado, presa de una fiebre incontenible, la hace girar con brío y tira una bola… Otra… Otra... Aspirantes a ganar que va extrayendo de sus bolsillos y lanzando a intervalos cada vez más breves. Los ojos se le desorbitan: parece definitivamente enajenado. Visiblemente nervioso, saca de debajo de su chaqueta un cigarro gigantesco, despro-porcionado. Le prende fuego y comienza aspirar compulsivamente. El escenario se va llenando de un humo denso (producido por hielo seco) que empieza a hacerle lagrimear. El personaje, molesto, se encoge y realiza muecas extrañas: frunce el entrecejo, arruga la nariz, guiña alternativamente los ojos... De repente se serena. Se abstrae, piensa intensamente... Abre la boca en un inconfundible gesto de desconcierto y sorpresa. Se da cuenta de algo en lo que antes no había caído. Observa con terror, pero al tiempo con los ojos cómicamente estrábicos, como el cigarro que aún tiene entre los labios se va convirtiendo en ceniza: en nada. Y cuanto más chupa, más se reduce ese breve futuro que va desapareciendo entre sus manos. Y cuanta más ansiedad, con más voracidad chupa…

Comienzan a sonar, de fondo, unas estrofas de You are so vain, de Carly Simon: “You're so vain / you probably think this song is about you / you're so vain / i'll bet you think this song is about you / don't you? don't you?”. El volumen desciende progresivamente hasta diluirse en el silencio más sepulcral. Se cierra el telón.


Salomé Guadalupe Ingelmo (Madrid, España, 1973). Orientalista y profesora honoraria UAM. Con premios literarios nacionales e internacionales en varios géneros. Sus relatos están en numerosas antologías y, desde 2009, en miNatura. Ha prologado El Retrato de Dorian Gray, y la antología del VIII Concurso Bonaventuriano / USB/Cali, donde fue jurado, así como en el V, VI, VII, VIII Concurso Literario Internacional “Ángel Ganivet” (Finlandia), del que en la actualidad es la Coordinadora. Entre más Ediciones COMOARTES ha publicado su libro de narrativa La imperfección del círculo.