-HISTORIAS DE SEXO (O CASI)- 

CASUALIDADES

Por: Jorge Alberto Durán Ramírez*

Usted no me lo va a creer, va decir que es un cuento de niños pero, en serio, que es verdad.

Esa noche fue de casualidades, déjeme le cuento, de principio yo, esa noche quería quedarme a dormir, no tenía pensado ni salir a la esquina, cuantimenos salir a encontrar al amor de mi vida.

Pero llegaron, me invitaron, casi inmediatamente dije que sí y me llevaron con ellos, en el trayecto me cuestionaba el porqué había aceptado, que casualidad que cambiara yo de parecer de un momento a otro, ¿no le parece a usted? Porque para empezar a mi no me gusta el baile, ni sé bailar y además me da pena hablarle a las chicas, así que siempre me aburro.

Pero bueno, por fin llegamos a un lugar de esos donde hay música todo el tiempo y sólo se admiten parejas. Nosotros éramos cinco y yo era el disparejo, mis parientes (los que me invitaron) se adelantaron con el portero y lograron, sin mayor problema, que me dejaran entrar sin mi respectivo acompañante, ¿casualidad?

Justo al momento de entrar llegaba otro grupo de personas, cinco también, apenas alcance a ver una chica de lo más hermosa, con el agravante de ser ¡la dispareja de su grupo!, mientras nos dirigíamos a nuestra mesa deseé con todo el corazón que el encargado de la puerta se dejara convencer.

El sitio, me percaté al caminar, estaba semivacío, así apenas nos dieron mesa me ubiqué estratégicamente para poder ver la puerta, de tal manera pude observar cuanta persona entró, particularmente a ELLA, pues mi deseo se cumplió (¿otra casualidad?).

Su figura esbelta era remarcada por una aureola, producto del contraste entre la luz exterior y la penumbra del interior, al iniciar su camino las expresiones de su cara me dejaron ver que al igual que yo, era la primera vez que entraba a un lugar de estos; sin embargo se mostraba dueña de la situación, sus pasos denotaban seguridad en sí misma, desde que entró hasta que ocupó su lugar varias miradas la siguieron, pero ella las ignoró olímpicamente.

Para mi suerte (otra casualidad) se sentó dos mesas directamente frente a mí, y al sentarse me miró justo a los ojos, yo sentí en ese breve contacto visual, que algo había entre nosotros, como si ya nos conociéramos, tanto así que si yo me hubiera parado en ese momento a invitarla a bailar, ella lo haría sin chistar. Pude ver también en sus ojos cierta turbación que correspondía a los mismos pensamientos y sentimientos que los míos. Yo estaba seguro que ese era un momento decisivo en nuestras vidas.

En ese momento dos meseros, uno en su mesa y otro en la mía, se acercaron a levantar la orden, nos vimos a los ojos y ordenamos, por coincidencia lo mismo: un jugo de frutas naturales.

 No me preguntes qué tiempo pasó porque yo estaba perdido en sus ojos, ocasionalmente nuestros acompañantes nos interrumpían y sólo en esos brevísimos instantes perdíamos el contacto. Parecía que a ella como a mí no nos gustaba bailar, así varias veces nos negamos a las invitaciones.

Yo esperaba el momento oportuno para acercarme a ella pero mientras eso sucedía, levantaba mi copa y brindaba con ella, quien disimuladamente hacía lo propio. Aquí debo decir que ella nunca me perdió de vista, era como una competencia a ver quien bajaba los ojos primero, toda sonrisa o guiño de mi parte era contestado con una caída de ojos que hacían que me derritiera, nunca hubo una respuesta igual, sin embargo sabía que ella pensaba y sentía igual que yo. ¿No le parece a usted que tantas coincidencias significaban algo?


 

Yo estaba seguro que algo importante iba a suceder esa noche, en mi corazón sentía una inquietud que no podía explicar. ¿Qué si estaba bonita? Mire usted, yo le puedo decir que su cara era de una belleza indescriptible, sus ojos eran grandes, vivos, inquietos, su nariz era fina y ligeramente levantada, sus labios eran delgados, el conjunto era agradable, su peinado, aunque especial para la ocasión se veía muy casual, lo que le daba un aire de. , no se, era impactante, ¿de cuerpo? no le puedo decir con seguridad porque casi todo el tiempo estuvo sentada, pero la impresión es que era delgada, justo como me gustan.

Como le decía, esperaba el momento oportuno para abordarla, y mientras ensayaba las primeras palabras que seguramente serían decisivas, no la perdía de vista, levantaba mi vaso en su dirección, sonrisas y demás, afianzando el camino, asegurando el triunfo que ambos gozaríamos. Por fin, la oportunidad, un cambio de música y de luces; la primera suave y melodiosa, las segundas, tenues. Intercambiamos miradas y decidimos que ese era el momento, nuestra oportunidad, el ambiente se había tornado cálido, íntimo, propicio para iniciar una nueva vida.

En el momento en que me levanté de mi silla y arreglé mi ropa, la volví a mirar y me di cuenta que ella también se estaba arreglando para nuestro encuentro (¿La última casualidad de la noche?), di el primer paso y justo al dar el segundo un estruendo en la puerta hizo que me detuviera, oí ¡La policía! ¡La policía!, algunos gritos y por fin la calma, nos formaron a todos y ella y yo quedamos, causalmente juntos e intercambiamos unas risitas nerviosas pero sin palabra alguna.

En lo que revisaban el lugar, y a los clientes, el que comandaba la misión se detuvo frente a nosotros y viéndonos fijamente, se volvió hacia el gerente y le gritó: ¡Qué poca madre, dejar entrar niños a este lugar! ¡Ciérrenle el changarro por lo menos un mes!

Ya le digo, fue una noche de casualidades. Por supuesto que no la he vuelto a ver, pero le juro que si la encuentro ora si me aviento a hablarle luego, luego.

*Jorge Alberto Durán Ramírez es profesor de Educación Física, licenciado en Historia, aprendiz de artista. Le gusta la música folklórica latinoamericana, que interpretó hasta antes de casarse; gusta de escribir cuento y teatro, actividad que inició después de casarse. Creyente fervoroso de que el amor es el motor del mundo, lo practica antes y después de casarse, la mayoría de sus escritos versan sobre el mismo tema: El amor

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