-HISTORIAS DE SEXO (O CASI)-
LA
LLUVIA
Por:
Jorge Alberto Durán Ramírez*
La lluvia no borra tus huellas en las calles que caminamos juntos, el agua no se lleva tu imagen de mi mente, el sonido de la lluvia al caer no es suficiente para acallar el murmullo de tu risa en mis oídos.
La lluvia ha estado presente entre nosotros desde el
principio, nos empezamos a tratar precisamente cuando un torrencial aguacero me
indujo a subirte a mi coche y llevarte hasta tu casa.
El agua resbalaba por tu cabello negro, perlas sobre
terciopelo negro, mojaba tu blusa y mostraba unos montículos erectos por el
frío, el vapor que escapaba de tu boca se convertía en nubes robadas al cielo
para elevar a los mortales. A esa tarde siguieron muchas más, no hubo necesidad
de buscar pretexto, mi auto se convirtió en refugio, transporte, cama,
paraguas, confidente; en fin, testigo de nosotros, de lo nuestro.
También estaba lloviendo cuando toqué tus labios la primera
vez, el agua no pudo apagar el fuego que esa caricia prendió; estuvo presente
cuando iniciamos el juego amoroso en el que nuestros cuerpos se iban
descubriendo y explorando, la lluvia tampoco pudo controlar este incendio.
Llovía, igualmente, cuando con lágrimas en los ojos nos dijimos adiós, nos
amábamos y aún así nos separamos, pero no por eso se apagó la lumbre, quedó
encendida en nuestros corazones.
La única vez que la lluvia estuvo ausente fue cuando nos
entregamos y con locura nos hicimos el amor, era un día soleado y caluroso, la
luz que se filtraba entre las cortinas me permitió ver tu cuerpo bañado en
sudor jurándome que eras mía y aunque nuestra relación terminara tu no dejarías
de amarme.
Hoy, bajo la lluvia, sigo esperando tu regreso.
Más de la obra de Jorge Alberto Durán Ramírez:
- Tu Aroma
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