- HISTORIAS DE SEXO O CASI -
ADICCIONES
Por: Jorge Alberto Durán Ramírez
Para Fausto, porque nos seguiremos
encontrando.
Fue una
especie de regalo que me hice a mi misma, me enamoré de él a primera vista, y
si no lo hacía yo nadie más lo haría.
Lo tomé entre
mis manos, lo acaricié, lo recorrí rápidamente con los ojos, lo llevé a casa,
fui directamente a la recámara y casi lo empuje dentro de mí, querría acabar lo
más pronto posible.
Es una de mis adicciones y me ha costado, pero.... vale la pena. La primera vez es el descubrimiento, el apasionamiento por lo nuevo, cada palabra suya es una manera diferente de ver al mundo, y conforme voy avanzando, más ansias tengo por conocerlo, absorverlo, llenarme de él. Y muy pocas cosas me detienen cuando decido algo. Las noches, cuando me acuesto con él, se me hacen cortas y no me importan las ojeras, marca ruin de momentos gloriosos.
Por supuesto,
solo ocurre la primera vez, pero las subsecuentes traen consigo otros
disfrutes, se deleitan mayormente los puntos conocidos, se reinterpretan los
sentidos, intento nuevas formas de abordarlo, me salto los preludios para ir
directamente a lo que me interesa, en ocasiones descubro nuevos escondrijos y
me regodeo en ellos, para finalmente, al cerrar los ojos, quedar totalmente
satisfecha, soñando con los mundos descubiertos, y me felicito por haber tomado
tales decisiones.
Lo reconozco
y lo acepto: soy una adicta, pero es una necesidad que no puedo refrenar; desde
los 14 o 15 años que descubrí este placer, me es difícil abandonarlo.
Fue mi seductor profesor de Español, quien me llevó de la mano con frases amables y gestos imperceptibles, casi sin darme cuenta, al descubrimiento del apasionante mundo del libro, cuyo amor lo tengo arraigado hasta los calzones.
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