Todo comenzó
en un cuarto que olvidé
el roce de la seda
la despertaba...
Frente al ventanal
nos pusimos a jugar
a decirnos la verdad
que más engaña saber.
Gustavo Cerati.

Tengo un lugar lejos de todo
lejos, nunca nadie estuvo ahí
lo guardo aquí dentro de mí
no hay tiempo, ni prisa, ni fin.
Vivir allí con vos,
crecer juntos los dos;
olvidarnos todo,  morir de amor.
LFC.

Colgado de tu dulce cuello,
escuchando de tu boca el trueno,
que eriza mi cuerpo entero,
que suda como vela ardiendo.
Conquistar tu cuerpo bello,
construir una ciudad en tu cabello,
arar con mis dientes tus labios,
cultivar mi nombre en tu lengua.
SPR


                A lo largo del caminito al aposento se hallaban vestigios del paso de dos, a quienes la ropa les quemaba, les estorbaba (al estilo de Charlize Theron como protagonista del comercial del perfume J’adore de Christian Dior).

     Los rastros del recorrido al lecho y mudos testigos de una pasión desatada como tempestad, yacían como pistas a seguir, uno detrás de otro. Un bóxer de corte brasileño de encaje color negro, su respectivo sostén coordinado, yacían en el piso cerámico algunos metros antes que el par de tacos altos de aguja con plataforma y correas que se sujetan al tobillo. Un vestido negro y corto de una pieza; todos moldes vacíos del cuerpo de la dueña esperando, pacientes a su regreso.

     Ella se encontraba dormitando recostada sobre su costado derecho, en posición fetal, con la mano izquierda en medio de los muslos y cerca del pubis;  su respiración aún era agitada. Sus vellos de brazo y pierna izquierdos se veían a contraluz, iluminados por el tenue hilillo de luz proveniente del exterior; aún erizados, dulce piel de durazno bañada por el rocío. Baño permanente y creciente; humedad de faena labriega en el rostro, el pecho (donde el sudor suyo y el de su compañero se mezclaban en embriagador híbrido) y la zona lumbar (rabadilla o solomillo sudados).


     Sus dos pezones turgentes, fieles indicadores de un orgasmo que aún reverberaba en todo el vientre y subía al cerebro como una ola de electrones fluyendo a través de un cable de cobre. Vulva latente, mudo testigo con labios inflamados por el celo constante, estacionado y permanente en una mujer enamorada, entregada, satisfecha. Sus largas uñas de las manos con virutas de piel del contrincante.  

     Él se encontraba de cara al cielo y con la boca entreabierta, con el rostro inexpresivo por la falta de fuerza para gesticular la mínima expresión; respiraba de manera entrecortada, jadeaba como asmático recuperándose de un ataque recientemente disuelto por un dilatador bronquial en aerosol. Bañado en sudor y fluidos corporales propios y ajenos. Gato pardo de melena erizada retozando por haber marcado con sus glándulas odoríferas a quien posee, a quien que le pertenece. ¡¿Quién dice que el amor no se sufre, no duele, no se suda, no se llora?!

     Ergonomía demostrada en teoría y práctica del deporte más riesgoso (box spRING).

     Ambos cuerpos, casi inertes, yacen en la llanura blanca del par de sábanas que compartían, después de una colisión elástica, de la creación y destrucción de sus respectivos universos; de la muerte sin morir y la voluntad de hacerlo una, otra y otra vez; hasta morir de verdad.

Estos cuerpos radian calor como satélites terrestres recién caídos de la estratósfera, humeantes; encima de la balsa que los mantiene a flote en un frío cuarto de hotel de paso; islote de encuentros furtivos de pares que poseen y se entregan, de gente que se intenta reconocer en el otro, perversos discretos al resto de la gente que circula, que navega por esos canales de asfalto trepados en sus trajineras de metal.  Lancha de remos varada  que resguarda a dos náufragos exhaustos, en el remanso del río subterráneo que sirve de refugio.

-Permíteme hacerte el amor una vez más antes de irme de tu vida-
-¿Qué pasa si te digo que sí?-
-Lo hacemos-
-¿Qué pasa si te digo que no?-
-Ni modo, nos vamos de aquí-
-¿Qué pasa si te digo que no sé?-
-Ya estoy acostumbrado-
-¡Chale!-

     Habrán de pasar al menos dos horas más de cópula, de entrelazarse como hiedras, gracias a su capacidad anfibia de cada uno, a las ganas de fundirse el uno con el otro. Se crean roces, dimes y diretes ante la eventual llegada de la hora de despedirse.

Es hora de vestirse, de sufrir metamorfosis nuevamente que les permitirá respirar en la superficie, convivir con sus semejantes, cada uno por su lado, volviendo a sus introyectos. El tiempo se agota, el cielo oscurece y habrá que volver a donde cada uno pertenece. Dos aparentes desconocidos que se encontrarán nuevamente en el fondo de la tierra, en el fondo del otro, por debajo de la piel, por debajo del agua; en lo subterráneo.  

hugo islas

 

Hugo Islas (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) radica en Puebla, es amante de la música y las letras.


Música recomendada para este huateque (escúchese en línea con la ayuda de youtube):
‘Tu calorro’ – Estopa http://www.youtube.com/watch?v=lOxps6M8JUk
‘Engaña’ – Gustavo Cerati http://www.youtube.com/watch?v=4NYTQmoxCek
‘Tuyo’ – San Pascualito Rey http://www.youtube.com/watch?v=xE0LbL9ogUI
‘Como una vela’ - Melendi http://www.youtube.com/watch?v=Ls9zohS9yD8