- NARRATIVAS CORTAS EN AUDIO Y TEXTO -
DIARIO DE UNA PERRITA
Gaviota Romero*
Llegué a este perro mundo el 26 de diciembre de 2006.
Afuera hacía un frío que se las pelaba, dentro de la casa con el calor de la calefacción, el calor de mi mamá y el del resto de mis nueve hermanos, llegué a sudar la gota gorda.
Cuando cumplí 8 semanas vino a recogerme una parejita, a los dos los enamoré a primera vista, y la pareja me llevó a casa de ella.
Cual fue mi sorpresa cuando llegué a mi nuevo hogar y me encontré con un tremendo chucho, que atendía por el nombre de Aquiles, al cual, por lo visto, no le hizo mucha gracia mi llegada.
Más tarde comprendí, dolorosamente, por qué.
También había una tremenda Gaviota que, cuando me vio, me llenó mi pequeña cara de besos, y había allí dos jovencitas, que atendían por el nombre de Jessica y Carlita, y que también me comieron a besos. Debo decir que me alegraron mucho sus mimos y caricias.
Parecía que había llegado a un buen hogar pero, eso sí… había un perro… mejor dicho un gran perro, el cual me miraba con ojos de pocos amigos.
Mi primer día fue muy bonito, pues todos me daban besos y me hacían carantoñas, hasta Aquiles, mira que el nombrecito del perro…el que faltaba aquí era París, el que mató al verdadero Aquiles. Aunque intenté decírselo, pero este Aquiles, al ser sueco, se hace el sueco muy bien.
Lo malo vino al otro día. Soy una perrita muy juguetona y cariñosa; estaba muy contenta, quería demostrarle a Aquiles que quería ser su amiga, me acerqué a él, y empecé a llenar su cara de besitos, tan indefensa, tan chiquita, y, de pronto, vi una inmensa boca llena de dientes, y mi pequeña oreja recibió una feroz dentellada. Grité, lloré, temblé..., menos mal que mi amita Noemí se tiró encima de Aquiles, y salvó mi orejita. Todas mis amitas lloraron, hasta la gaviota. Aquiles fue encerrado en un cuarto oscuro. Después de que mi amita me curara la pequeña herida, y se me parara el temblor, sentí pena por Aquiles.
Al otro día me dolía un poco mi maltrecha orejita, pero Aquiles no se acercaba a mi lado para nada, cuando yo lo que quería era darle un besito y decirle que sentía mucho que, por mi culpa, lo hubieran castigado, y que mis amitas se hubieran enfadado con él. Pero él no quería nada conmigo. Así que me fui a dormir.
De pronto, me despertó un fuerte ruido, como si de los motores de un avión se tratase. Mi ama Gaviota, tenía entre sus manos un largo tubo con una cosa que parecía una barriga, y que se comía todo lo que encontraba en su camino. Sentí un frío por todo mi pequeño cuerpecito, y un temblor me recorrió de la cabeza a los pies.
No sé cómo llegué hasta debajo del sofá, sólo asomé mi pequeña nariz, ese monstruo panzudo podría de un momento a otro tragarme sin ningún miramiento, a pesar de ser una pequeña y linda perrita.
Aquel monstruo barrigudo, se dirigió implacable hacia mí, no lo pensé dos veces; hasta ese momento no me había subido al sofá, pero a la fuerza ahorcan.
Di un salto, pero mi gordita barriga no quería obedecerme, hice un último esfuerzo con mis patitas traseras…y… arriba... me escondí detrás de un enorme cojín y, disimuladamente, asomé mi cabecita.
El ruido infernal seguía pero, para mi sorpresa, la gaviota se partía de la risa, mirándome, por lo que yo acababa de hacer. Fue una experiencia un poco... como diría…tonta de mi parte, pues comprendí que la gaviota no iba a permitir que me hiciera daño.
Se acercó a mi lado, riendo, y me dijo con voz suave: no tengas miedo, pequeña, esto es una aspiradora, y yo nunca te voy hacer daño con ella, ¡uf!…¡uf!... que tranquilidad, esta Gaviota cada vez me sorprende más.
Hoy, 14.03.07, por primera vez di un gran paseo por el bosque, la verdad es que fue a medias, pues mi amita Noemí, de vez en cuando, me introducía en una mochila que llevaba colgando, la verdad es que parecía un canguro.
Gaviota entonces llevaba a Aquiles, o… Aquiles la llevaba a ella.
En el bosque ya no había ni un poquito de nieve, Gaviota no paraba de hablar, diciendo que ya se fue la pesada nieve, no sé por qué diría eso. Por lo que yo había visto, a través de la ventana, la nieve me gustó, toda blanquita y brillante; pero no me dejaron ni pisarla, pues siempre Gaviota decía que si yo salía a la calle iba a coger no sé qué, el moquillo, no sé que será eso, yo la verdad pienso que Gaviota es muy enteradilla.
Cuando llegamos a un claro del bosque, donde había unos picaderos, Noemí explicó que aquello eran cuadras de caballos. Una pareja de jóvenes se acercó a nosotros, y la chica le daba caramelos a Aquiles cada vez que éste hacía algo que estaba bien; y así estuvieron como una hora, y el fresco de Aquiles, come, que come caramelos.
Más tarde me pude enterar de que lo estaban entrenando, claro… como el pobre es un poco bruto, ahora tenía que ser un perro más fino, pues yo había llegado a su vida y soy una dulce, pequeña, y linda perrita. Espero que le sirva de algo.
Cuando llegamos a casa, yo por lo menos llegué sudando pues se me olvidó decir que Gaviota me había comprado un traje especial para cachorros. Decía que, como no tengo pelo, podía coger frío; y hoy, a pesar de hacer un día radiante de sol, fui con mi traje sudando como un pollito.
Así que, cuando distinguí mi cómoda camita, me acosté, y dormí un largo y profundo sueño.
Soñé que era un poco traviesa y que mis amitas me pusieron en una escuela de perros, y me hinchaban de caramelos. Me despertó el dolor de barriguita.
Por último voy a añadir que me han puesto el nombre de Reina, no sé por qué será. Soy muy feliz pues ya Aquiles juega conmigo, y me da besitos. Y, en verdad, tengo mucha suerte pues sé que hay muchas personas que maltratan a los pobres e indefensos perritos.
Soy muy chiquita y no sé qué decirles a esas gentes, pero, lo voy a intentar.
Cuando compras o te regalan un cachorro, ¿para qué? ¿le das cariño? Falso… desde luego, si luego, al crecer, lo abandonas como un trapo sucio.
Y termina su vida atropellado por un coche, o poco a poco muere por falta de amor, por falta de cariño, o por hambre. Me gustaría que esos dueños pudieran ser, por unos días, perros maltratados; entonces lo pensarían más de una vez, antes de hacer daño a indefensos perritos.
Aquiles es el negro, la chiquita linda soy yo, Reina.
*Gaviota Romero ha realizado diversos programas de radio en España (su país natal) y Suecia (lugar de residencia). Participa actualmente en Sabersinfin.com desarrollando programas culturales y poemas en audio.
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