EL VELORIO

Por: Alejandro Tamariz Campos*

Octubre 2007

Pinche frío ya se siente más que hace rato, ha de ser por la llovizna, pero esos cabrones con el trago ni sienten, y el muerto menos, ha de estar con el cuero bien frío, como cuando salíamos del arroyo cuando bajaba la creciente, con las manos entumidas de tanto estar agarrando la red en la chorrera, y sin agarrar nada que era lo pior, puro frío y pura basura en las redecillas, así se ha de sentir un muerto decías, y mírate ahora ahí tendido. 

                          Que bueno era dibujando, y para jugar a las canicas era rebueno, hasta las tronaba, más a las agüitas, cómo le gustaba romperlas con su canica negra, hasta llegó a ganarle al “Soga”, y el “Soga” ni dijo nada, le pagó sus canicas y se jue pal rancho, de seguro se acuerda porque casi nadie la ganaba.

Don “Chicho” ya esta re briago, sigue hablándole al que se deja al oído, casi en secreto, y luego hasta espanta con sus gritos, y el “Teban”, hasta parece agrarista con sus zapatos de hule, llenos de tanto lodo, que casi se puede sembrar frijol con tanta tierra, se ve que venía de la milpa y se pegó en el panteón con la gente.

Ese que ves ahí es su Papá, el que esta repartiendo aguardiente, y la viejita que sale con la jarra de café es su abuelita, dicen que ella lo embrujó, y que por eso le picó el siete cueros, dicen que se le enterró bien juerte y ni con lumbre de tabaco salía del pie ese gusano, hasta que lo chichinaron y se lo arrancaron, y ni llegó al camino real el pobre, ya se lo trajeron muerto.

Dicen que Doña Cristina estaba muina por que su hijo la sacó de su solar, y lo mató de brujería al Alejandro, quien sabe, pero de que se murió se murió, y sin haberse desquitado, todavía me acuerdo del martes, cuando el Luís “Burro” lo acusó de que mató de un piedrazo al pollito de la maestra, su Papá le dio tres varazos bien duros, y un varazo al Luís “Burro” por chismoso, pero no pudo desquitarse; ese era el chiste, que se desquitara, ahora ya está muerto, y el otro ha de estar bien dormido.

Quedamos de ir a la leña el viernes, para chingarnos la leña seca de la estiba del “Baré”, pinche otomite como acomoda puestos en la plaza ni se da cuenta decía, quien va a la milpa en viernes, o el “Chilaco”, que siempre anda de pedo, ni quien se de cuenta. ¿Pero ahora con quién me robo la leña?.

Además su hermano está re mocoso todavía, y es más miedoso, no sirve para nada, y no dibuja bien, en cambio el Alejandro hacía unos caballos re chingones, hasta las viejas le pedían que les hiciera sus dibujos.

Pobres de los que rascaron la fosa en la tarde, con todo y agua, llenos de lodo, y todos llegaron empapados y briagos, y los que ni rascaron ni ayudaron y nomás fueron por la caña, también llegaron re briagos, como el “Chapaneco”, nomás fue a echar chismes, y sigue echando chismes, quien sabe de donde saca tantas pendejadas.

Mi mamá me va a enrriatar mañana, ni le pedí permiso, nomás me salí de escondidas, pero quería ver al Ale tendido, y ni parece que esté muerto, parece que esta dormido en la caja, y como que ni le importa que le chillen tanto, como si se desquitara de sus jefes que siempre le andaban pegando, de seguro le ha de dar gusto que le chillen, así decía, cuando me muera a ver a quien madrean.

Hace mucho frío, y el “Teban” con su camisita ralita, hasta da frío nomás de verlo, quien sabe como aguanta si esta bien huesudo el cabrón, debajo de su cuello se le hacen unas sumidotas, que se puede amarrar un burro, y yo con el suéter y tengo frío, bueno, ya borracho ha de ser distinto, así nomás con café ta canijo.

Casi no lo creo que lo estén velando, me cae que no lo creo, si no lo hubiera ido a ver como está en la caja, diría que no es cierto, pero sí, se murió el Alejandro, Alejandro Tamariz Vargas, el de los trompos de cuerillo, el cayuco con las canicas, el que dibujaba bonito, quien sabe quien se quede con sus dibujos, quien sabe por qué se murió sin acabar la primaria, quien sabe.

Tal vez, y sólo tal vez, alguien llegue a ver sus dibujos, a lo mejor los hijos de sus hermanas, o de su hermano Marcos, ojala y lleguen a ver esos caballos, y cuando menos de vez en cuando se acuerden de él, y le limpien la fosa de las hierbas en el camposanto, y digan que dibujaba bonito.

Vale por mi Tío Alejandro, al que sólo conocí por un par de dibujos, al que le hice una cruz de quebracho, y al que le heredé el nombre y el gusto por el dibujo; y al que recuerdo en los muertos que nombro en este velorio y en este cuento.

* Alejandro Tamariz Campos (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) egresado de la Facultad de Derecho de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, combina la pasión por la pintura y las letras con el ejercicio profesional.