21 de julio de 2023

Mi nombre es Enoch y tengo nueve años de edad. A mi corta edad he viajado a diversos países gracias a la profesión de mi padre. Él es geólogo y mi madre es arqueóloga, curiosa pareja ¡Lo sé! Ambos aman al planeta y a su extraña historia. Es común verlos siempre ocupados entre montañas de libros, notas, equipos electrónicos, y demás utensilios que me es difícil describirles; generalmente no tienen tiempo para atenderme. ¡No los culpo! Sus trabajos les mantienen ocupados.

Se preguntarán: ¿Qué es lo que hago para no aburrirme? Bueno… admito que, por las ocupaciones de mis padres, pocos amigos he logrado hacer, y sobre todo conservar debido a esos cambios de países; mi única arma para seguir teniendo amistades han sido las redes sociales. Los que me conocen dicen envidiarme por ese hecho de viajar, viajar y viajar.

Recuerdo que en Inglaterra dentro de una clase de ciencias a la mayoría les causaba admiración lo que hacían mis padres. Decían que la combinación de ciencias haría de mi un experto en el conocimiento de la humanidad.

— ¿Sabes cuál es el significado de tu nombre? — me pregunto de repente una compañera. Usualmente era común ese tipo de cuestionamientos.

— Es por…

— Del Libro de Génesis y Libro de Enoc — interrumpió de repente un chico de lentes que se veía demasiado inteligente.

— ¡Efectivamente! — Dije sorprendido —, es la primera vez que alguien lo intuía sin que le diera la larga explicación.

Desde aquel día Oliver y Jessia fueron grandes amigos. Durante seis meses nuestra amistad se fortaleció. Desgraciadamente debía partir aquella primavera a tierras lejanas en Tiahuanaco. Mi madre resolvería algo al oeste de Bolivia. A su vez alcanzaríamos a papa en el Nevado Sajama donde había hecho estudios a las tierras del lugar. Estaba nervioso pues había transcurrido ya un año, sin ver a papa.

— ¿Qué tienes hijo? — dijo mi madre mientras abordábamos el avión.

— Nada — le dije bajando la mirada —, es solo que siempre voy dejando amigos a lo largo de mi vida. Y ninguno puedo conservar…

Mi madre guardo silencio. Odiaba que fueran así siempre mis padres. Secos y fríos, parecían no ser humanos. Nunca mostraban sus sentimientos de manera abierta.

— Enoc, nunca nadie se pertenece a nadie — dijo mirándome fijamente —, los amigos que hagas o dejes de hacer están de paso. La vida es un viaje rápido y no puedes detener las circunstancias.

— Mañana cumplo diez… — murmure viendo que mi madre regresaba a sus investigaciones mientras el vuelo transcurría.

No estoy muy seguro de lo que soñé, ni del cuanto haya durado el viaje. Pero unas frases no dejaban de sonar en mi cabeza en idioma español. Lo que mi mente traía era: “Cuando los seres humanos comenzaron a multiplicarse sobre la tierra y tuvieron hijas, los hijos de Dios vieron que las hijas de los seres humanos eran hermosas. Entonces tomaron como mujeres a todas las que desearon”.

— Hemos llegado — dijo mi madre.

No comprendía como los viajes fueran tan rápidos. Lo mas peculiar es que en todos los vuelos perdía la conciencia quedando siempre dormido.

— ¡Hijo como has crecido! — escuche de repente y esa voz era de mi padre.

Como les he narrado desde un principio. Mi familia es un verdadero misterio. Quizás la ciencia tiene que ver con el comportamiento de mis padres.

Había transcurrido una semana en Bolivia. El estudio sobre las litologías de mi padre había terminado. Ahora viajaríamos hacia Colombia. Mi madre debía investigar algo relacionado con la época precolombina. Los pueblos Quimbaya, Sinú, Tayrona y la cultura Chibcha despertaban alto interés en ella. No obstante, del viaje desde Bolivia hasta Colombia, hubo algo extraordinario en ellos: "se habían acordado de mi cumpleaños". Cumplía los diez, pero sinceramente me sentía cumplir diecinueve. No me comportaba como los de mi edad, sabia ocho idiomas, y el hecho de no poder conservar amistades causaba en mi persona un estado de eremita; solo podía entenderme con gente culta sin importar su edad.

— Viajaremos a México la próxima semana — mencionaron de repente mis padres.

— Ni cumplimos si quiera los dos meses en Colombia — repuse con un tono lacónico.

— Hijo te lo hemos dicho muchas veces; el tiempo no se discute si no se aprovecha.

Puedo decirles que de tanto viajar, de estar de un lugar a otro, ver numerosas culturas y gente tan diferente todos los días. Me hace cuestionarme: ¿Qué es el mundo? Quizás ese alboroto emocional comenzó por haber leído numerosos artículos de diferentes autores: Erich von Däniken, Zecharia Sitchin, Robert Temple, Shklovski y Sagan entre otros.

— Hijo si quieres puedes regresar al hotel — dijeron mis padres al ver en mi el terrible cansancio.

Estábamos en plena zona arqueológica en Palenque México. Mama con ayuda de papa estaban estudiando la tumba de K’inich Janaa’b Pakal descubierta en 1952. Ese antiguo monarca era denominado el astronauta.

— No se preocupen por mi — les dije a mis padres —, me recostare en el pasto y mirare las estrellas.

La ventaja en tener padres investigadores es que puedes estar en zonas arqueológicas hasta tarde. El cielo estaba despejado. Un centenar completo de estrellas brillaban danzarinas. Mi conciencia de pronto paso hacia otro plano.

— No tengas miedo — dijeron unas voces — somos los Grigori mejor nombrados como los Observadores. También conocidos como hijos de Elohim. Tienes edad suficiente para ver la verdad. Tu cuerpo y mente han sido elevados. Ahora estas en el segundo cielo o segunda realidad. Tu alma ha alcanzado al estado transcendente, libre de sufrimiento y de la existencia fenoménica individual; a volver al cero de la existencia tu energía es mas fuerte que tu materia.

— ¿Estoy en un sueño? — me dije con ganas de despertar.

— Al contrario, cuando regreses a la tierra seguirás soñando y solo en tu muerte volverás a despertar.

— ¿Entonces dónde estoy? — pregunte angustiado. Y después de eso vi el camino oculto de la luna y ella cumplía el recorrido de su camino en ese lugar de día y de noche; y yo mantuve una posición que parecía levitar en el vacío del universo. Ahora comprendía que sucedía yo… había sido… abducido.

— ¿Ustedes son Extraterrestres? — grité de repente un poco exaltado.

— Calma nadie del universo es ajeno al universo, esa palabra peyorativa no trasmite nada — dijeron tras un tono tranquilo y demasiado sabio. Somos los antiguos astronautas. Y siempre un hermano reconoce a otro hermano.

Guarde silencio de repente tragando saliva.

— ¿Había escuchado bien lo que dijeron?

— Controla tu miedo, pues no has de temer — intervinieron en mi mente ya que sus pensamientos eran los míos. Tú eres Enoc, eres un Nefílim. Pequeño de cuerpo y gigante en alma. Has descendido a la tierra porque tienes la misión de resolver "el problema de la reserva genética". Tus supuestos padres son Androides Biológicos bien sofisticados en una alta programación. Cada diez años tenemos que comunicarnos contigo y hacerte recordar tu objetivo en la Tierra; el estar en el mundo es fácil perderse en él. La materia y los sentimientos, los sentidos y los cuerpos, las relaciones de la vida adormecen al alma. No te culpamos parece que esta adulteración de la reserva genética humana se ha salido de completo control. La segunda humanidad comenzó en otro planeta y la Tierra a sabido ocultar bien a los 'hijos favoritos', a la familia de Lot.

Cuando escuche esa parte, todos mis recuerdos regresaron uno a uno. La tristeza que tenía en el corazón se disolvía. Las vías lácteas, los sistemas solares, y el vacío del universo pasaban ante mis ojos a la velocidad de la luz. Una pesada fuerza me regresaba al mundo de los seres humanos. A ese lugar condenado a la muerte y a la mentira volvía. Tenía una misión que terminar y que por bloqueos de la mente no había logrado concluir. Reproduje de repente un viejo poema el cual versaba así:

Rápido por el aire, como lo eligió Ráma, El maravilloso carro de la tierra surgió. Y cubierto con cisnes y alas de plata perforó las nubes con su carga de reyes.

Abrí los ojos y reconocí donde estaba recostado. Yacía en Palenque bajo el templo de las inscripciones. Mis androides habían tomado muestras del ADN del rey Pakal; cada vez estaba mas cerca de descifrar el enigma. La colisión de mundos estaría próxima en llegar a su fin resolviendo el complicado rompecabezas.

— Por fin has recuperado tu mirada — dijo de repente mi Madre.

La observe bajo silencio sonriendo.

— Entonces a seguir viajando — exclamo mi Padre —, ir ahora a Medio Oriente a buscar mayor información en la antigua Mesopotamia.

Ambos me regresaron su mirada metálica y congelada. Había regresado a ser el de antes. Mi verdadera naturaleza de Nefílim había regresado.

— Su silencio solo expresa algo. Has recordado para que hemos venido…

Acerté con la cabeza y rompiendo el silencio les dije:

— La Sabiduría no encuentra un lugar donde pueda habitar, entonces su casa está en los cielos.

 

 

Gustavo Crafth

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