- CUENTOS DEL VALLE DE CUETLAXCUAPAN -
El Dios antiguo se fue acercando, llegó hasta la hoguera, hasta que se le iluminó la cara, y se le puso rojiza, sus harapos andrajosos hacían gran contraste con aquellos trajes coloridos, luminosos y llenos de lujos que vestían estos Dioses ostentosos, que los hombres de hoy habían creado, alimentando con sus creencias la ambrosía que los nutría, que los hacía vivir, ser fuertes y en realidad creer que eran Dioses.
Su mirada era tímida, su voz tenue como murmullo de briza de mar, solo su rostro adusto, viejo y misterioso la daba un aire de respeto, ese respeto que solo la experiencia fragua como el buen acero, y que se prueba como el buen filo de la hoja de la espada que se blande en el campo de batalla, y que a la vez es la sazón del guerrero que se cocina en las guerras, así estaba aquel dios en la llamarada cósmica, donde se paladeaba el éter, donde las voces robustas rebotaban en el aire, y las carcajadas transmitían la seguridad de estar presente en el tiempo, de tener la vitalidad de la juventud y del destino, de tener el mayor capital para un Dios, la voluntad de los hombres.
Otro Dios mendigo se acercó a su lado, -Cómo te llamas???, -Qué importa, dijo él, -Mi nombre ha dejado de tener importancia desde hace mucho, porque desde hace mucho no se invoca, hasta deslucir mis vestidos, hasta reducirlos a la miseria de la desmemoria-, -Qué importa cómo me llame o cómo me llamaron, lo importante, es que al igual que tú, nadie recuerda mi nombre, ni mis atributos, ni mis huellas, que importa cómo me llamo, si mi nombre desde hace tiempo no suena en la mente ni en la boca de los hombres.
Soy del valle de Cuetlaxcoapan, -dijo él-, es un valle rodeado de volcanes, donde las serpientes cambian de piel, ahí mi nombre sonó durante mucho tiempo, ahí mi gloria levanto pirámides y templos, y se quemaron inciensos y se evaporaban perfumes de copal en mi nombre y en mi fama, y se escanciaban alcoholes de frutas en mi honor, son tiempos no muy lejanos, pero sí de cambios muy rápidos, ahí llegaron extranjeros que traían a sus propios Dioses, y los extranjeros mataron a los sacerdotes que me conocían perfectamente, y penaron mi culto y los rituales que se hacían en mi nombre, y ese choque entre el incensario de barro contra el caldero dominante, destruyó mi nombre, por eso es que no te lo digo.
Pero soy un Dios muy viejo, a veces cambio de ropajes, pero mi nombre sigue siendo el mismo, cambia por los lenguajes de los hombres, pero la idea que alimenta mi semilla es muy, muy vieja, tan sabia, que a veces permanece en el polvo del tiempo mucho tiempo, confundiéndose con la tierra avara.Pero basta una pequeña brisa del recuerdo de la mente humana, para que crezca, florezca y opaque a cualquier otra creencia de Dioses temporales, de Dioses advenedizos que solo nacen y mueren en corto tiempo.
Ya veo, -dijo aquel- por eso no te ves enfermo como yo, por eso te ves sano, quiero pensar que tienes un plan o una treta, algo así como un motín o un alzamiento, como hacen los hombres ambiciosos a los demás hombres, como siempre ha sucedido en el mundo desde que es mundo. Quiero que sepas que estoy contigo, estoy un poco enfermo, pero quiero volver a reinar en el mundo, no quiero morirme como otros Dioses antiguos. Anda invítame a tu plan.
No lo sé, -dijo él-, no depende de mí, ni de ninguna treta como tú la llamas, ni de ninguna conspiración o toma del poder por la fuerza, como en el mundo de los hombres, ni de las luchas de Dioses como en muchas partes se ha comentado, depende de que tanto conozcas el destino del hombre, porque esa es la idea simiente, esa es la idea primigenia que pervive, mientras el hombre sea hombre, y esa idea, es la esencia de un verdadero Dios.
Pero y aquellos Dioses que representan la naturaleza, el universo, -dijo aquel-, estos también han enfermando y han muerto, que tiene que ver el Hombre, con lo que no es el hombre.
Tiene mucho que ver porque se trata de lo mismo, el universo, la naturaleza y el hombre es lo mismo, pero el destino del hombre está marcado con una senda infranqueable, y por sus ojos el universo se ve a sí mismo, y por su entendimiento la naturaleza y el mundo se entienden, y por esa senda infranqueable del destino del Hombre, cualquier Dios que lo entienda, vivirá para siempre, a veces olvida el camino, se pierde y se extravía mucho y de muchas maneras, pero al cabo de esa embriaguez, regresa a esa senda predestinada, y aquella idea vuelve a reverdecer de sus cenizas, porque nunca muere.
Y entonces porque te ha olvidado, porqué estas tan miserable, y porqué estas en esos andrajos, si eres muy sabio, -dijo con un poco de rencor y de rabia-, se me hace que eres un Dios soberbio, o quizás un loco, como aquellos Dioses que enloquecen con la guerra, y con la filosofía.
Los siento, dijo él-, no quise molestarte, y tampoco soy tan sabio, ni tengo un plan para volver a tener poder en el mundo de los hombres, ni te estoy negando una oportunidad de que sanes o de que vuelvas al mundo, solo quiero ser tu amigo, y solo soy un Dios del valle de Cuetlaxcoapan, miserable, y quizás sí, un poco loco, tan loco que me hago a la idea a veces de que existe una leyenda de que volveré allende los mares, y volveré a reinar en ese valle, y los hombres volverán a ser artistas, amantes del arte y de lo bello, y no como ahora que tanto han extraviado, soy un Dios loco, muy loco, pero sobre todo, UN DIOS OLVIDADO.
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