
08 de febrero de 2021
¡Se nos casó Don Gudelio!
Por eso hay fiesta en el barrio de San Pedro.
El viejo ya pasa de los noventa años. Pero dicen que el cuero es lo que se arruga mas no el corazón y el viejo sí que tiene mucho corazón ¡Y ganas de seguir viviendo!
Ya lleva varios casorios. Tuvo tres mujeres del pueblo y las dos últimas las ha traído de Atlixco.
Aquí en Tilapa ya le corren; con eso de que las anteriores han tenido el honor fúnebre de vivir con él.
Las señoras grandes del pueblo platican que desde joven fue muy enamorador. Que cuando llegó a Tilapa a trabajar en el corte de la caña, las muchachas lo veían con asombro, y él, las seguía y desnudaba con la mirada lasciva que sale de sus ojos redondos de calavera, encriptados en esa cara de huaje seco que tiene.
¿Pos que le ven?
Y cuando lograba acercarse a ellas, las convencía con su labia de ladino que dicen siempre ha tenido.
Comentan que en la temporada de zafra, cuando lo veían machete en mano cortando la caña, saliendo de la humareda del cañaveral, aunque chaparrito, les impresionaba ese cuerpo en el que sobresalían las venas crispadas por la calor y la fuerza que depositaba en cada aseste de la moruna.
Dicen que se ha conservado fuerte el hombre porque tiene grandes las venas y la sangre le circula bien. Nomás hay que ver cómo camina el viejo. No se queja de nada. Camina y camina el hombre.
Ya no trabaja, pero igual que antes, el viejo se dedica a enamorar a las mujeres. Algunas, como la señora Otilia, doña Froilana o la seño Perpetua, aunque diez o veinte años menores, todavía se acuerdan cuando él trabajaba el campo; fuerte y correoso el hombre, no se cansaba, iba y venía haciendo surco, con la camisa pegada al cuerpo por el sudor.
Las muchachas de Tilapa lo miraban sin levantar la cara, nomás se hablaban entre ellas, bajo para que no las escuchara. Pero que va, el hombre bien que se daba cuenta, malicioso como es, luego las perseguía y las acosaba hasta que le daban el sí y algo más. Si algo más.
En el pueblo comentan que, al cumplir los cincuenta años de edad, dejó de trabajar, y sólo se la pasaba de zángano, buscando la dulce miel de las hembras y el fresco olor de la flor del sexo.
Sea lo que sea, el viejo ha tenido suerte con las mujeres.
Algunos platican que hasta lo mantenían nomás por el puro placer de vivir con él.
A esta última mujer, con la que se acaba de casar, que no pasa de los sesenta años, la fue a buscar a Atlixco y mira sí la convenció ¡ya se casaron!
Don Gudelio no ha tenido que ser cacique del pueblo, ni hacendado o ricachón, nomás su fama de enamorado le ha alcanzado para tener las mujeres que él ha querido.
El viejo vive en un terreno pequeño en el que levantó su jacal; pero él mismo dice: “así está mejor, pa’ no tener que corretear a mi vieja”.
Otros quisieran tener la suerte y vida del viejo Don Gudelio. Qué va. Como él, no se encuentran tan seguido. Bueno, si ya las malas lenguas platican que tiene pacto con el demonio, porque se le mueren todas las mujeres.
Eso del demonio no es cierto. Lo que sucede es que no le aguantan el paso. Dicen que pisa duro el hombre.
De sus hijos, ni él mismo sabe cuántos ha tenido, ni se acuerda de varios de ellos. Porque esposas han sido cinco, pero siempre tenía sus amoríos en los ranchitos cercanos, de donde varias veces salió corriendo con el pantalón en la mano porque lo perseguían a tiros.
¡Jalaba parejo el hombre! No hacía distingo entre solteras, casadas o viudas.
Los vecinos comentan que las mujeres lo seguían por el poco dinero que guardaba y los terrenitos que compraba. Ahora sólo le queda el del jacal donde vive, allá afuera del pueblo, los demás los fue fraccionando y entregando a sus hijos.
La gente no creé que se haya vuelto a casar el viejo. Ya no dan un quinto por él. Está más seco que un camarón, pero para eso de convencer, es más largo que la cuaresma.
En fin, la mayoría de los vecinos dicen que de esta no sale. Apuestan a que la güera Artemia se lo acaba. A ver si no también ella tiene el honor fúnebre de vivir con él.
¡Ah! Pero se casó nomás por el civil. Ya el sacerdote de la parroquia no le quiere dar la bendición para que viva como Dios manda. Considera que es mal ejemplo para los jóvenes, y que a las señoras, sólo las pone en tentación. Le dice el cura que a su edad, ya es pecado pensar en eso. El viejo se defiende diciendo que Dios lo puso en ese camino y…. pos a cumplir.
Moisés Gómez Maldonado, Integrante del Círculo de Escritores Sabersinfin