La gigantesca nave interestelar se aventuraba dentro del oscuro y vacío océano cósmico, más allá de los planetas más apartados de nuestro diminuto sistema solar.

 

UNA PEQUEÑA AYUDA

Por: Fabio Alvarado García[1]   

 

La gigantesca nave interestelar se aventuraba dentro del oscuro y vacío océano cósmico, más allá de los planetas más apartados de nuestro diminuto sistema solar.

                  A velocidades cada vez más cercanas a los límites relativistas, y dirigiéndose a la estrella Alfa Centauro, la nave comenzó a experimentar extrañas condiciones de navegación.

                  La primera advertencia de que algo anormal acontecía sucedió cuando la nave alcanzó alrededor de un 15% de la velocidad de la luz. Las estrellas que se encontraban directamente enfrente se volvieron más luminosas, en tanto que las que estaban directamente atrás mostraban un corrimiento hacia el rojo del espectro electromagnético…las estrellas amarillas se volvían anaranjadas, éstas se volvían rojas, y las que eran originalmente rojas: ¡desaparecían!

                  El viajero estaba rígido y con la mirada clavada en los grandes ventanales de su nave. Aplastado contra su asiento por el poderoso impulso, veía cómo, junto con su navío, invadía los terrenos lumínicos.

                  Al 25% de la velocidad de la luz le pareció que las estrellas de enfrente se agrupaban. El cambio era gradual, pero muy real. La posición atrás de la nave se invirtió. Tal parecía que ahí las estrellas se dispersaban y perdían su brillantez. Ahora, Alfa Centauro apenas y se distinguía.

                 Ante gran preocupación del viajero, aproximadamente alrededor del 36% de la velocidad de la luz Alfa Centauro desapareció por completo siendo sustituida por un pequeño, pero creciente, círculo de oscuridad.

                 Peor aún, al voltear el viajero hacia atrás, nuestra estrella, el Sol, había desaparecido también. Había sido reemplazada por un creciente círculo de oscuridad. La luz solar estaba ahora en la región ultravioleta, y por ello, invisible al ojo.

                  La angustia del piloto aumentaba.

                 Cuando la nave llegó al 50% de la velocidad de la luz, los problemas de la navegación incrementáronse aún más.

                 Enfrente de la nave espacial, el círculo oscuro había crecido hasta formar un enorme cono. Atrás de la nave la situación era semejante, solamente que aquí el cono era todavía más extenso. De tal suerte que, las únicas estrellas visibles, eran las que estaban amontonadas, en una especie de “barril”, alrededor de la nave.

                 Pero parecía que las estrellas habían formado un espectro propicio. Hacia delante, en la dirección que viajaba la nave, las estrellas son de un brillante color blanco azulado. El color de las estrellas cambiaba gradualmente de verde a amarillo, luego a naranja y en el fondo del “barril” eran rojas.

                 Al incrementarse aún más la velocidad, los extremos del “barril” comenzaron a desplazarse hacia arriba, y después, ya juntos, hacia delante.

                 En la popa de la nave no se veían estrellas, Reinaba una total oscuridad.

                 Al aumentar aún más la velocidad, ambos extremos del “barril”, podían verse en el hemisferio delantero de la nave. En estos momentos, la banda de estrellas había sido reducida a un mero anillo de estrellas con bandas de color rodeando a un círculo de negrura. Pero éste anillo de estrellas estaba a su vez comprendido dentro de una enorme e ilimitada oscuridad que tendía y se esparcía hasta el infinito.

               De repente, tal vez provocado por una desacertada maniobra del navegante, el anillo de estrellas se desplazó sensiblemente hacia un lado y tomó la forma de un cuarto creciente.

                Cuando el viajero, desesperado por corregir, más bien, de encontrar su rumbo, empezaba a realizar cálculos y manipulaciones al equipo, un agudo dolor en la cabeza lo aturdió y perdió el sentido instantáneamente.

 *  *  * 

                Roy Adan Banks sintió que volvía de un pesado sueño. Las pulsaciones cardiacas incrementaban su ritmo imperceptiblemente. La sangre recorría con mayor fuerza y energía el intrincado camino a través de las venas y artesanías de su corpulento cuerpo.

                Unas cálidas manos, con delicados movimientos, le frotaban las sienes muy suavemente.

                -No abra sus ojos- musitó una suave voz femenina –No se esfuerce. Descanse y no trate de hacer movimiento alguno. Pronto se recuperará.

                Contrariando las indicaciones de la mujer, Roy intentó abrir sus ojos. Una luz blanca y muy intensa lastimó al instante sus retinas.

                 -Descanse. No intente nada que lo fatigue. Terminó la última etapa del entrenamiento, -insistió la femenina voz –En unos minutos estará repuesto. 

                 El hombre todavía contra su voluntad, obedeció las órdenes que se le indicaban y no volvió a intentar abrir sus ojos en un buen rato.

                  El experimento había tenido éxito.

                 El Programa de Entrenamiento e Hibernación había superado las expectativas que de él se tenían.

                  La Raza Humana podía ya aventurarse a esa empresa tan arriesgada y desconocida, pero forzosamente necesaria.

                  Los misteriosos descubrimientos que habían realizado los astrónomos y científicos sobre la posibilidad de viajar a velocidades lumínicas hacían posible esa quimérica misión en un lapso breve.

                  -¿Cuándo será el Día Cero? –pregunto el sanguíneo astronauta a todos los seniles eruditos que componían el Consejo de la Organización.

                 Uno de los respetables miembros del mismo, con una ligera sonrisa en los labios, contestó después de una breve pausa:

                  -No se preocupe por ello. Preocúpese por el exacto cumplimiento de la misión.

                  -¿Cómo puedo prepararme de la mejor manera si ni siquiera conozco el objetivo del viaje? –cuestionó malhumorado el irritable Banks.

                 -A su debido tiempo será informado sobre todo lo que desea saber, amigo Roy. –completó otro de los miembros del Consejo.

                -Pero Consejero Van Hoff –arremetió Banks- es importante estar informado sobre la tarea que he de realizar…

                 -¿Qué ha de realizar? –interrumpió con un dejo de ironía el Consejero Berisso.

                 -La satisfacción de ver cumplida la misión puede ser de gran ayuda para el viajero- completó incómodo el fornido Roy -¡Consejeros, Ustedes podrán ser testigos de un acontecimiento tan importante.

              -¡No confíe ni abuse de nuestra juventud!-exclamó sonriente, interrumpiendo al cosmonauta. El bajito Seichi, quien era el Presidente del Consejo.

                Al reparar en el dueño de esa cálida voz, el estricto Banks olvidó su contrariedad y dibujó una ligera sonrisa.

               Sentía un profundo afecto y respeto por el Consejero Seichi. Y era precisamente ese aprecio el que le hacía recordar la soledad en la que siempre había vivido.

               Abandonado desde que era un tierno infante, el único apoyo sincero e incondicional, en su lucha contra el destino, se lo había otorgado el cariño de Seichi.

                Los recuerdos vinieron a su memoria como una larga cascada.

                Desde niño, huérfano desde que casi era un bebé, el Consejero Seichi, en una visita que realizó a la “Casa del Pueblo” (así se le llamaba a los orfanatos en aquél tiempo), lo atendió  y procuró como si hubiera sido uno de sus verdaderos hijos.

               Siempre lo alentó a estudiar y a superarse con ahínco. Cuando decidió alistarse en la Marina, el eminente sabio lo impulsó y protegió. Al incorporarse a la Flota Espacial, el Consejero Seichi lo promocionó rápidamente a consolidar su carrera como astronauta.

              Dentro del Consejo, nadie ponía en duda el gran cariño y aprecio que Seichi le tenía y muchos le envidiaron siempre, por eso creyéndolo un hombre afortunado.

              Pero pocos sabían de la enorme soledad que nunca lo había abandonado.

               Sin embargo, el Consejero también había sido un niño abandonado por su familia. Careciendo del amor que se puede obtener de ella, Seichi se aisló y sumergió en el estudio.

               Alcanzó los más grandes logros dentro de la ciencia llegando su fama a todos los rincones el planeta, no sólo por la historia de sus penalidades, que era legendaria; sino por su exquisita sabiduría, así como de su infinita bondad.

               Tal vez esa terrible sensación de saberse siempre solos era lo que lo unía al sabio Seichi.

                Sí, no cabía duda.

                El sabio Seichi lo quería como a un hijo.

                Mirándolo con afecto, el corpulento Banks contestó:

                -¡Por supuesto que no, Consejero! ¡Sólo traté de manifestar mi inquietud acerca del viaje!

                -¡Sin duda es también la nuestra, comodoro Banks! –apuntó hiriente el Consejero Pietro Berisso.

               -Solamente falta un dictamen más para completar la información y proceder con la toma de decisión. –dijo el Consejero Deichi, salvando a Bankx de tener que contestar a lo dicho por Berisso.

               Apretando un botón en la esquina de la cabecera del lujoso y enorme escritorio en el cual se reunía el Consejo, Seichi dijo a una pantalla holográfica suspendida que apareció en el centro del escritorio:

               -¡Doctora Salazar, pase por favor!

              Después de unos segundos, de por entre una puerta hábilmente disfrazada en el muro lateral del Salón de Juntas, apareció la Doctora de la Flota Espacial.

               Era una hermosísima mujer que no rebasaba los 30 años de edad. Con el cabello negro y de cutis ligeramente dorado por el sol, sus ojos miel combinaban a la perfección con sus labios suaves y delineados. Sus cejas tenían serpenteantes formas y sus facciones eran finas y delicadas. Su cuerpo era torneado y bellamente formado.

              Vestía el uniforme militar de la Flota Espacial para su personal femenino: sujetador del cabello de metal áurico y con el escudo de la Flota en bajorrelieve, uniforme de una sola pieza en fina tela negra desde el cuello hasta los tobillos, los galones de su grado estelar estaban indicados claramente un poco más arriba de la muñeca (cuatro galones de hilo de oro intercalados con diamantes, finamente incrustados en la tela, correspondientes a capitán de navío) y en el lado izquierdo del pecho una estrella de oro con ocho puntas, y zapatos aerodinámicos de ceremonia del mismo color del traje que terminaban hasta debajo de la rodilla.

             Portando un plus-computador y caminando con gracia pero llena de seguridad la mujer recorrió la distancia que la separaba hasta la mesa del Consejo.

             Cada una de sus pisadas pudo ser escuchada por todos debido al silencio que produjo su presencia. 

             -¡Presidente-Consejero Seichi y demás miembros del Consejo!-anunció la altiva oficial –Doctora-Capitana Olivia Salazar, reportándose!

            -¡Muy amable por asistir al llamado, Capitana Salazar! –contestó de pie y sonriente el sabio Seichi –Puede Usted sentarse!

            Al mismo tiempo que dijo eso le señaló un asiento que estaba disponible  junto al mismo Seichi. 

            Después de tomar asiento la Capitana, continuó Seichi:

            -¡Caballeros! -¡Si tienen Ustedes dudas o preguntas sobre el resultado de la evaluación final ahora es el momento de formularlas!

            Un silencio incómodo sucedió a las palabras de Seichi.

            Rostros severos miraban sucesivamente a la Capitana y a Banks.

            Unos no dejaban de ver a Seichi.

            Otros ni siquiera disimulaban un gesto de disgusto.

            Sólo unos cuantos de los miembros opinaban igual que Seichi.

            -¡Bien Señores! -¿No hay dudas? –habló nuevamente el bajito Seichi.

            Mirando a Banks con ojos escrutadores, el Consejero Guy preguntó:

             -¿Qué sabe de la Misión?

             Dudando un poco sobre la respuesta, Roy contestó:

             -Colocar a un hombre en otro sistema solar utilizando el impulso cuasi-lumínico.-¡No, Señor Banks! –atacó el Consejero -¿No es esa la prioridad!

             Banks quedó en completo silencio incapaz de replicar.

             -Si esa no es la intención de la Flota, ¿cuál es entonces? -trató de emparejar la situación.

             –¡Señor Banks! -contestó Guy con afectada condescendencia -¡Si yo tuviera que resolverle sus dudas entonces me apuraría en el Programa de Entretenimiento e Hibernación, ¿no le parece?

              -No es una duda –trató de explicar abochornado –existen incongruen…

              -Los resultados en el simulador de navegación no fueron completamente satisfactorios –cortó la voz del Consejero Abadía -¿Cómo explica eso?

              Sin quitar la vista sobre su nuevo interlocutor el robusto oficial de la Flota contestó:

             -Consejero Abadallah, Usted bien sabe que los resultados solamente expresan el grado de respuesta ante un estímulo nuevo e indeterminado. No son del todo representativos sobre el modo en que una persona puede comportarse en la realidad.

             -¡Eso es lo que me preocupa, comodoro Banks! –respondió con lentitud el Consejero. Poco después agregó -¡No sólo se requiere dedicación y esfuerzo también habilidad y agilidad en la correcta toma de decisiones!

             Banks guardó silencio ante tal aclaración.

             -¿Tanta importancia tiene para Usted conocer el objetivo de la misión? –preguntó suavemente el Consejero Van Hoff cruzando los brazos.

             -¡Así es, Consejero! –respondió Roy ya menos tenso.

            -¿Aunque el objetivo original de la misión no sea ya el adecuado en el momento de tener que aplicarlo? –replanteó Van Hoff -¿Qué sería de Usted y de la nave a su encargo si se ciñe a una orden caduca e inoperante?

            -¡La ventaja de actuar sólo es manifiesta en el caso que Usted plantea, Consejero. No se podría en peligro la nave ni el objetivo del viaje, aún a costa de mi propia vida! –apuntó con astucia el cosmonauta.

            -Eso es lo que realmente se quiere evitar, Comodoro. –interrumpió el respetable Consejero Butkov. –El interés del viaje no sólo es evitar, más bien no considerar como pérdida o baja, la vida humana. De hecho, la primera fase de la colonización estelar puede ser dada a la mayor brevedad posible.

             Estas palabras dejaron helado al agitado Banks.

             ¡Colonización, no Exploración!

             ¡Esa era la clave de todo!

             Le parecía muy misteriosa e innecesaria esta escenita de la reunión por algo tan sencillo de decir.

             -¡Consejeros, con todo respeto! –habló Roy con mal ocultada emoción -¿Cómo podrá un ser humano colonizar un apartado lugar sin ninguna ayuda posible?

             Mirándolo todos con detenimiento nadie intentó tomar la palabra.

             A una señal de Seichi, el Consejero Van Hoff, Director del Proyecto de la Organización, después de aclararse la voz, comenzó:

             -Desde hace varios años nuestros científicos y astrónomos descubrieron un sistema planetario orbitando alrededor de la estrella Alfa Centauro que en realidad es un sistema triple de estrellas. Estamos casi seguros de que tal sistema consta, de al menos, cinco o seis planetas.

            Nuestras observaciones han sido muy cuidadosas y oportunamente comprobadas. Tal vez uno de ellos sea tan grande como nuestro Júpiter o Saturno. Es muy probable que éste sea abiótico, pero en los otros, si es que no existe vida, quizá pueda haber condiciones muy parecidas a las que existen en la tierra. O por lo menos no tan hostiles como para impedir establecerse satisfactoriamente en la superficie de uno de ellos.

            Además, según nuestros cálculos, existen dos planetas con características de masa, tamaño y densidad muy parecidas a la Tierra, que orbitan alrededor de Alfa Centauro en un radio de entre ciento diez a ciento setenta millones de kilómetros de la estrella. Muy cerca de los límites de la Franja de la Vida.

           La distancia que nos separa de Alfa Centauro es de 4.2 a 4.5 años-luz aproximadamente. Es una estrella de tipo espectral G como nuestro Sol, pero de grado 2, es decir, con un ligero incremento en su temperatura, pero con el mismo color, tamaño y luminosidad, con sus obvias variaciones debido al sistema trino de estrellas. Ya sea por sus superposiciones o conjunciones entre sus acompañantes estelares y ella.

           Sin embargo, por razones de seguridad, la máxima velocidad para el viaje sería de un 85% la velocidad de la luz. De tal suerte que el arribo a Alfa Centauro estaría calculado en 5.1 años tiempo de la nave y no en 4.5 años. Claro está que teóricamente es posible incrementar la velocidad o disminuirla ad infinitud número de veces, según las alteraciones o condiciones que requiera el viaje. El impulso, al ser modificado, permanecerá constante. No dependerá de la potencia de los motores impulsores. A pesar de ello, es recomendable no alterar innecesariamente la velocidad.

           Por otro lado, los anteriores descubrimientos de nuestros astrónomos coincidieron con nuestros hallazgos en materia de energía y combustible que hicieron posible dotar de motores verdaderamente únicos a nuestras naves.

            Aventurarse más allá de nuestro hogar estelar fue haciéndose realidad.

          Las variables estaban disponibles solamente teníamos que armar la ecuación, es por ello que desde esos años se empezó la construcción de una poderosa nave espacial que transportara a velocidades casi relativistas a un ser humano. De ahí la importancia del Programa de Entrenamiento e Hibernación.

            ¡Como ve “difícilmente” cualquiera de nosotros verá ese triunfo del Hombre!

            Todavía asimilando el breve discurso el cosmonauta quedóse mudo.

             -Sin embargo, todavía falta un pequeño detalle –adelantó el Consejero Muller -¡La idoneidad del hombre escogido para realizar el viaje!

            -Para ello –por fin dijo Seichi –he pedido que la misma Capitana Salazar interprete los resultados y dé su opinión final ante el Consejo.

            Todos a la vez, incluyendo al agobiado Roy, voltearon a ver a la bella Doctora-Capitana.

            Esta, con gran profesionalismo y del dominio de su especialidad, abrió su plus-computador.

            Después de apretar un sensor que autorizó la formación de un holograma al lado de la mesa, cerca de la cabecera donde se encontraba ella, empezó a decir con esa tersa voz de soprano de la que era dueña:

           -Las pruebas requeridas y la metodología utilizada para la evaluación integral del individuo han arrojado datos del todo satisfactorios para resolver las necesidades planteadas por el cuerpo humano para tan largo viaje.

            -¿Qué aspectos fueron analizados en su experimento? –atajó el puntilloso Berisso.

           -¡No fue un experimento, Consejero, fue el proceso seguido para el Programa de Entrenamiento e Hibernación! –corrigió la Doctora Salazar -¡Los aspectos tratados en él fueron los relacionados al entorno bio-psico-social del cosmonauta!

            Al mismo tiempo que pulsaba un botón en su procesador aparecieron unas imágenes muy sugestivas en el holograma  que ahora servía de pantalla.

           En tales imágenes aparecía Banks inmóvil dentro de una cabina a baja temperatura.

            Después, aparecieron imágenes de sus momentos en el entrenamiento de navegación. Otras escenas eran de su vida privada. Cuando estaba comiendo en su casa. Sus distracciones, sus pasatiempos, en su trabajo y de otros lugares con otras personas.

           Al mismo tiempo que se sucedían las impresiones en el holograma, la Doctora explicaba con detalle el análisis de las mismas.

           Al concluir la transmisión, la Doctora concluyó su explicación de manera rotunda:

           -¡El Comodoro Banks está listo para realizar el viaje interestelar!

           El silencio era total.

           Luego de reflexionar con suma paciencia, el Consejero Van Hoff preguntó:

           -Doctora, ¿qué porcentaje con respecto del ideal obtuvo el Comodoro en las pruebas realizadas por Usted?

           -Yo diría que un 89% aproximadamente.

           -¿No está entonces segura de sus resultados?

          -¡No Consejero; porque incluso podría ser aún mayor el porcentaje. Les he mencionado el mínimo no el máximo de los resultados, Todo ser humano, ante situaciones difíciles, suele incrementar su eficiencia en cualquier tarea, como todos sabemos!

           Al decir esto, discretamente lanzó una inquisitiva mirada a Banks.

           Él pareció no percibir la intención oculta de la misma.

           -Sí, Doctora. Lo sabemos. No es necesario que nos lo recuerde.

           Esperando su turno, el famoso Consejero Cohen, con sus dedos tocándose la canosa barba, le cuestionó:

          -¡Doctora! El nuestro es un mundo que se acaba. Está muriendo irremediablemente. Lo hemos devorado casi en su totalidad. En su muy personal opinión yo le pregunto: ¿el Comodoro Banks es la persona ideal para realizar el viaje interestelar?

           -¡Por supuesto, Consejero Cohen! –contestó velozmente la Doctora -¡Es el hombre adecuado!

           -¡Sea pues! –suspiró Cohen.

           -¡Si ya no tienen dudas caballeros, procedamos con la votación! –sentenció con manifiesta  prisa Seichi. –Doctora Salazar, puede retirarse! ¡Quedamos muy satisfechos con su participación!

          -¡Comodoro, espere afuera  unos momentos, no se vaya! ¡La votación no tardará! –le dijo Banks al mismo tiempo que le acompañaba hacia la puerta amigablemente.

          Mientras hablaban en el umbral de la puerta la Doctora Salazar pasó entre ellos. Ambos cediéronle el paso caballerosamente. La Doctora caminaba grácilmente al compás del vaivén de su cabello.

           -¡Vaya! –musitó quedamente Banks mientras la chica se alejaba -¡Qué bella es! 

           Después de mirar con secreta picardía el entusiasmo en los ojos de Roy, el sabio volteó a ver la hermosa silueta de la dama que se empequeñecía a cada paso.

           -¡Sí que lo es! –completó Seichi con esa camaradería que une a los hombres cuando opinan de los atributos de una mujer.

            Al desaparecer la Doctora por una esquina del extenso pasillo el generoso Seichi dio pequeñas palmadas en el pesado brazo del cosmonauta.

            -¡Estimado Banks! –confortó con una utópica promesa -¡Hasta en un viaje tan largo al infinito debe haber alguna recompensa!

            -¡Ojalá y la hubiera…! –suspiró Banks.

            El Presidente del Consejo de la Organización dibujó una sonrisa y volvió al Salón Principal. 

*  *  * 

            -¡Usted irá! –casi gritó Seichi abriendo las puertas del Salón de Juntas.

            Fueron pocos minutos pero lo parecieron horas al tenso Roy.

            -¡La partida está señalada dentro de 90 días! ¡Tendrá que transportarse a la base espacial Luna Z inmediatamente! ¡Lo felicito!

            Tragando  saliva por la emoción de emprender la aventura más notable en la historia Banks apenas pudo contestar.

             -¡Gracias por confiar en mí y por su apoyo incondicional, Consejero!

            -¡No es necesario que digas eso Roy! –habló con gran familiaridad -¡Siempre te he querido como al hijo que perdí en la exploración a las lunas de Neptuno! ¡Por ese motivo la elección fue muy reñida! ¡Pero al final tú vas! ¡Te lo has ganado cabalmente!

           -¡No olvidaré lo que Usted siempre hizo por mí!

           -¡Basta! ¡No sigas! ¡Prepara tus cosas para el viaje!

           Dudando un poco, Roy quedóse viendo a Seichi sin poder articular palabra.

           -¿Qué piensas? –indagó el sabio.

           -¿Volveré… a… verlo? –tropezó con sus palabras.

           Apesadumbrándosele el rostro. Seichi lo tomó de un brazo.

           -¡No pienses en eso! ¡No tiene la mayor importancia!

           -¡Usted fue un padre para mí!

          Cambiando su faz en un segundo, como quien conoce un gran secreto, el sabio sonrió con complicidad.

           -¡Lo único que sé es que nunca estarás solo! –Le dijo al mismo tiempo que se tocaba con su avejentada mano el lado del pecho en el que está el corazón.

           Con gran emoción Roy abrazó al bajito Seichi.

            -¡Vete ya! –concluyó el Consejero. 

*  *  * 

           Sentía un fuerte dolor en la cabeza. La sangre fluía con mayor fuerza a todas las partes de su inmóvil cuerpo. Un pesado sueño todavía lo envolvía.

            Intentó abrir los ojos pero una luz los cegó.

            -¡No haga ningún movimiento!

            Escuchó una voz femenina.

            -¡No abra los ojos! -¡Descanse un poco!

           Poco tiempo después, pudo incorporarse de su cápsula con gran dificultad.

           Una mujer lo ayudó en su maniobra.

           Todavía no podía ver con claridad. Pero esa voz le era remotamente familiar.

           ¡Qué extraño le parecía este entrenamiento!

           -¿Otra vez el entrenamiento? –exhaló débilmente el viajero.

           Con una mueca llena de promesas, la mujer habló:

           -¡No! -¡No es ningún entrenamiento! ¡Estamos aproximadamente a 3.5 años-luz de la tierra!

          Turbado más por la presencia de la chica que por la noticia de la distante lejanía de la tierra, el hombre ordenó sus ideas con dificultad.

           -¿Doctora Salazar? –pregunto con la seguridad de saber la respuesta.

           -¡Sí, Comodoro Banks! –respondió ella con suavidad. -¡Soy Olivia Salazar!

           -¡Vaya! –exclamó él. -¿Cómo logró colarse aquí?

           La dama rió enigmáticamente.

           -Yo creo que, más bien, el colado es otro.

           -No entiendo, ¿A qué se refiere?

           Con un tono de voz condescendiente la chica le explicó.

           -La misión interestelar no estaba planeada para transportar a un solo hombre, sin o a una tripulación mixta. Es decir, a todas una mini-colonia humana. La selección de la mini-colonia se llevó a cabo mucho tiempo antes de que hubiera sido designado como navegante.

            Las personas más sanas, jóvenes e inteligentes en sus respectivas áreas de estudio y aplicación fueron incluidas en esta gran nave-transporte.

            Al decir esto acompañó sus palabras con un movimiento de uno de sus brazos que indicaba que viera a su alrededor.

            Irguiéndose en la cápsula con dificultad, el Comodoro echó un vistazo como se le indicaba.

            En todo ese compartimento de la mounstruosa nave aparecían una infinidad de cápsulas contenedoras en forma vertical.

             Formadas una junto a la otra componían un enorme panal de forma circular de muchos niveles que se elevaba a gran altura.

            Cada nivel poseía su propio pasillo para poder caminar cerca de las cápsulas.

            Y dentro de cada cápsula contenedora un ser humano dormía en estado de hibernación esperando ser despertado.

            La visión impresionó a banks que despacio volvió a recostarse dentro de su habitáculo.

            -¡Son dos mil cápsulas! ¡Mil hombres y mil mujeres descansan dentro de ellas!. ¡Lo mejor de la Tierra está aquí! –indicó emocionada la Doctora -¡En total, dos mil dos, incluyéndonos!

             -¿Cómo fueron seleccionados? –preguntó él -¿Del mismo modo que yo?

             -No. Ellos fueron seleccionados. ¡Usted fue designado!

             -No entiendo. Explíqueme un poco más.

             -Estas personas pasaron por un largo proceso de preparación elaborado por el Departamento de Estudios del Hombre de la Flota Espacial. El Área de Medicina fue la encargada de realizar el filtro de los candidatos idóneos de los no aptos. Es decir, mi Área fue la encargada de hacerlo.

            -¡Entiendo! –exclamó irónico Banks -¡De manera que le resultó muy fácil incluirse en la lista!

            -¡No sea injusto Roy! –dijo la chica acercándose un poco al borde de la cápsula -¡No es como piensa!

            -¿Entonces como sucedió, según Usted?

           La mujer puso cara de quien espera ser felicitado pero que no es comprendido del todo.

          -Durante los preparativos de la misión –relató –no estaba previsto incluir a un hombre… ni a una mujer… ni a ninguna tripulación, sino  a toda una pequeña colonia de seres humanos pero en estado de hibernación. Al saber esto, inmediatamente me inconformé ante el Consejo. ¿Quién atendería a los cosmonautas en su regreso a las condiciones de vida estables después del largo tiempo de inactividad dentro de las cápsulas de soporte vital? Me propuse para asistir a los cibernautas en su despertar al final del viaje.

          -El Presidente-Consejero Seichi –continuó la mujer –me escuchó con atención. Estuvo de acuerdo conmigo. El sugirió que era mejor que no fuera yo durante el