LA BESTIA
Amaranta Dafne P. Hernández
En un viejo estanque se encontraba un animal herido, era una bestia
salvaje que suplicaba por su muerte. Su corazón herido de desesperanza
sangraba, mientras su ser agonizaba por la estaca clavada en su espalda
magullada y rasguñada por los maltratos de la sociedad.
Los pocos lobos que estaban por allí aullaban temerosos, tenían miedo que la bestia se recuperara y se los comiera. La manada se alejaba dejando solo aquel paisaje y a aquel animal; solo como siempre estuvo. La forma de la bestia era ya irreconocible, estaba demasiado maltratado como para seguir conservando su forma anterior. Un agujero se abrió al lado del arroyo en donde se encontraba, un agujero tentador; si entraba ahí su agonía terminaría, pensó, pero ¿era eso acaso lo que él quería? En su cabeza retumbaba un perturbador pensamiento: “tú eres la maldad de la gente, ¡acepta tu destino y entra! Mientras que su corazón sangrante sentía, se preguntaba: ¿Por qué tanta crueldad hacia mí? ¿La sociedad me creó y ahora me desprecia y aborrece?
Ya no tenía más camino, sus únicas opciones eran sufrir su agonía o sufrir en lo más bajo y profundo de la tierra: el inframundo, lugar en el que se encontraban sus hermanos: la soledad, la angustia y la pereza, presumiendo del dolor que a él le habían causado. . Pero él ¿De qué podía presumir? ¿Acaso del dolor que ellos le causaron? Él no tenía hazañas, era simplemente una bestia incomprendida por la sociedad, por la humanidad. En su desesperación se arrancó la estaca de la espalda enterrándosela en su corazón y en sus últimos aullidos de dolor susurró: “ustedes me crearon”
Ya no tenía más camino, sus únicas opciones eran sufrir su agonía o sufrir en lo más bajo y profundo de la tierra: el inframundo, lugar en el que se encontraban sus hermanos: la soledad, la angustia y la pereza, presumiendo del dolor que a él le habían causado. . Pero él ¿De qué podía presumir? ¿Acaso del dolor que ellos le causaron? Él no tenía hazañas, era simplemente una bestia incomprendida por la sociedad, por la humanidad. En su desesperación se arrancó la estaca de la espalda enterrándosela en su corazón y en sus últimos aullidos de dolor susurró: “ustedes me crearon”
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