LOS MILAGROS SÍ EXISTEN. EL JOVEN DE BLANCOManuel Ureña “El Indultado”*
(Matador de toros)
Relato de un hecho real
En febrero del año de 1978 nos invitaron a un jaripeo tradicional en el
pintoresco pueblo de Huehuetlán el Chico, en el estado de Puebla; nos
divertiamos gratamente cuando llegó el momento del festejo, mis amigos y
yo nos acomodamos muy a gusto en la terraza de una casa que tenía una
vista privilegiada del lugar donde se llevaría a cabo la monta de toros
de reparo.
Por mi experiencia vivida en este tipo de eventos le recomendé a un personaje que se subiera al tendido y no intentara torear a esos toros, a lo que me contestó: "nadamas voy a proteger a los jinetes" -¿Y a ti quién te protege? le comenté, no me hizo caso y se quedó en el ruedo de dicha plaza, que en esos momentos ya lucía una entrada espectacular de todo tipo de gente. El jaripeo estaba en su mejor momento, cuando sucedió la tragedia, el personaje al que pedí que no toreara, cayó gravemente herido en el pecho por la cornada que le dio el toro, percance de pronostico sumamente grave.
Lo sacamos de la plaza y la cantidad de coches nos impedía mover nuestra camioneta, corrí como desesperado y por el micrófono que amenizaba el festejo dije, pedí y supliqué que me ayudaran a llevar al herido al hospital del pueblo.
La consternacion crecía entre toda la gente cuando se dio cuenta que era imposible sacarlo, yo casi pierdo el sentido ante la situación y más cuando lo vi moribundo en brazos de un viejito campesino que llorando gritaba: ¡por favor salvenlo! ¡se muere, se muere! En esos momentos apareció un joven como de veinte años, delgado, alto, con un rostro agradable, vestía elegantemente todo de blanco, ante el asombro de todos dirigiéndose a mí, me dijo: aquí está mi coche, no se preocupe usted, los llevo al hospital. Corrimos cargando al herido, pero al ver el auto nuevo de agencia, de color blanco nos quedamos sorprendidos por toda la sangre que seguía y seguía emanando de la herida, sin poder contener la hemorragia, sólo me atrevía a decir: - vamos a ensuciar el coche. - ¡Por favor, súbanlo no importa que se manche! dijo el joven de blanco.
De la plaza al hospital se me hizo una eternidad, cuando llegamos y entrabamos nos topamos con un señor bajito de estatura, moreno, que se nos unió, entramos a la sala de emergencia, el médico de guardia cuando se dio cuenta de la gravedad de la herida se quedó estupefacto sin saber qué hacer. En ese instante el señor de baja estatura corrió a lavarse las manos, dirigiéndose al auto-clave sustrajo un bisturí y agujas al tiempo que pedía hilo para coser heridas diciendo:-¿Quién se hace responsable de lo que voy a hacer?, -no se preocupen, soy médico-cirujano, tengo un compadre mordido por una víbora muy grave, lo vine a visitar, cuando me retiraba y ustedes llegaban, me percaté del paciente gravemente herido y es que trae la arteria sub-clavea partida, no hay tiempo que perder, voy a abrirle el pecho sin anestesia para cabecear la vena arriba y abajo (cabecear significa amarrar las arterias para evitar más hemorragia).
Yo ya no tenía aliento, sólo me atrevi a preguntar: doctor, ¿cuál es la vena sub-clavea y que función tiene? A lo que me respondió: la subclavea es una vena que tiene el grueso de un dedo de la mano, está conectada del corazón al cerebro.
- Adelante doctor, que Dios lo ilumine. El herido contestó con aliento de muerte.
-Doctor yo respondo por mí, haga lo que tenga que hacer, suerte.
Lo vivido esa tarde no lo recuerdo en toda mi vida ni cuando fui torero, a pesar de las cornadas sufridas, algunas graves, jamás senti tanta angustia, dolor, miedo y desesperacion.
Los toreros somos por naturaleza fuertes al dolor físico propio, pero no podemos ver el ajeno.
El doctor me mandó a conseguir suero para ponerle una transfusion, estabilizarlo e inmediatamente trasladarlo a la ciudad de México.
Salí como una tromba del hospital, y al no ver el auto blanco y a su tripulante que nos había traido, desesperado pregunté, una y otra vez por ellos, nadie me supo dar razon…
Lo llevaron a lavar…o tal vez…la verdad es que jamas volví a saber nada del joven de blanco ¡Si no hubiera sido por él¡ el personaje que aquella tarde fue herido de muerte en Huehuetlán, Puebla, es mi hermano Sergio Ureña “El Universitario”, matador de toros que actualmente radica en E.E.U.U.
Después de cinco horas de cirugía el doctor Javier Campos Licastro me dijo: “NO ME EXPLICO COMO LLEGÓ VIVO TU HERMANO”, le contesté “LLEGÓ VIVO POR QUE USTED LO ESPERABA”
MI ETERNO ARADECIMIENTO AL INSIGNE Y DISTINGUIDO JEFE DE LOS SERVICIOS MÉDICOS DE LOS TOREROS EN MEXICO, POR SALVARNOS LA VIDA.
DOCTOR: JAVIER CAMPOS LICASTRO (QEPD)
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