jhonatan salazar.jpgSEMBLANZAS DE AMOR
Jhonatan L. Salazar Fernández

Con aprecio para Arturo, un amigo que supo demostrar lo bello que es vivir sin tener que hacer cosas negativas para ganarse el respeto y admiración de los demás, quien emprendió un viaje al otro Continente, para demostrar y darle a su país lo que positivamente  necesita.
 
En una mañana de abril de 2004, el poco entusiasmo llevó a Fanny a inscribirse al examen de admisión en la universidad, sabiendo, y así mismo desconociendo a que facultad estaría presentándose. La presión familiar la habría hecho tomar una decisión apresurada. Siendo ya ingresante, sus primeros días de clase se desarrollaron en medio de fuertes confusiones e interrogantes, los temas que se desarrollaban eran ciertamente importantes, pero se ubicaba constantemente en la posición de decirse que, era una facultad mayoritariamente para políticos, y si continuaría en el desenlace de los cursos, tarde o temprano, como otros egresados y/o docentes, se convertiría en un personaje político. Sus autocríticas la hacían pensar de tal forma, porque en este país la política, aun más con el gobierno del chino había profundizado los sinónimos de crítica, mofa, insulto y descrédito para una persona. De seguro  este hecho difícilmente antes se le habría entrecruzado por la cabeza; pero sus meditaciones entre confusiones lo trasladarían a una conmoción inesperada y necesaria, pues terminaría por aceptar con cierta carga moral y ética, continuar la carrera.

Días antes, en medio de los papeleos, para tener los documentos casi en orden, y en el tumulto de varios estudiantes en la misma condición que ella, conoció a Édgar, un amigo con quien seguramente tendría que compartir cinco años de estudio. Él se mostró desde el principio como un muchacho atento, con procedencia de un colegio particular, sin embargo eso no lo había hecho cambiar de parecer frente a los demás, pues ahora había ingresado a una universidad publica. Desde el primer día, entablaron una buena amistad con los demás compañeros, y más aun entre ellos. Con el pasar de los días recorría un sentimiento de alegría y satisfacción cuando realizaban sus trabajos por las tardes, bajo el bullicioso hablar de estudiantes empedernidos, dedicados a hacer pasar los días de estudios, de la mejor manera.

Édgar, ya en el séptimo semestre, por un buen desempeño académico,  logró ganar una pasantía que lo llevaría estudiar un semestre a una prestigiosa y reconocida universidad limeña. Naturalmente sus buenas notas, su carisma y dedicación por quienes creía tenia que estudiar y luchar “los niños y su país” lo hizo esforzarse, para permanecer dos semestres más, y culminar fuera del calor de sus compañeros iniciales sus estudios universitarios. Sus idas y  venidas de la capital con libros que necesitarían sus amigos lo mantenían en buen contacto, y conservaba buenas relaciones con los docentes y autoridades universitarias. Así también, sus reuniones interminables con Fanny, se daban como tertulias planificadas, aunque muchas veces no era necesario que se vieran, pues siempre estaban comunicados, llamándose por el móvil o escribiéndose por el e-mail.

Sorpresivamente una aventura amorosa nubló los pensamientos de Fanny, como una ráfaga aceptó un amor no muy bien planificado. De momento se despreocupó de las comunicaciones con Édgar, las dos semanas de enamorados con aquel joven, desconocido para los compañeros de salón, no transcurrió por buen camino, pues sus problemas de desentendimiento  ocasionó que no encontrara en él lo que hubiese querido para si. Aquel romance así como se dio repentinamente, terminó con recuerdos y lamentos tristes para Fanny, que posteriormente lograría superar.

Por su parte Edgar, de vez en cuando irrumpía al salón de clase, visitaba a los demás compañeros de su facultad, para expresar sus saludos y compartir algunas experiencias que en las provincias pocas veces sucedía. Así mismo su buen desempeño seguía causando elogios. Ahora había logrado ganar una beca para estudiar en el viejo continente, allá donde yace los restos de César Vallejo; ya que el gobierno, al que siempre había criticado y discutido sus políticas le estaría beneficiando en alguna medida, “le di la mano al enemigo”, confesaba, y se replicaba constamente, “los he traicionado” manifestaba, a sus compañeros de salón. 

Conociendo la respuesta de su viaje, regresó de Lima, llamó a Fanny y la invitó a salir para cenar y pasear; ella sin meditar mucho aceptó, fijaron la hora y el lugar. Nunca como antes habían llegado tan puntuales. Tuvieron una cena inolvidable, conversaron sobre el viaje y de sus planes, para luego, en medio de una plácida caminata por alrededores del parque Constitución pronunció algunas frases dulces frente a la catedral; palabras que habían aguardado el momento especial: “me gustas mucho y quiero que seas mi enamorada, los años de amistad con el pasar de los días, se fueron convirtiendo en amor y la distancia me han dado la razón, de que contigo nada más seré eternamente feliz y, a mi vida le hace falta felicidad”, fueron palabras que Fanny creyó no haber escuchado y atinó a preguntar ¿es una ilusión, verdad?, Édgar replicó, argumentando que no es ningún sueño; “es el llamado de mi corazón a tu corazón”.  

La sorpresa nubló por un momento su mente, y no sabia que responder, sólo, como otras mujeres que se haría de rogar, lanzó un doloroso y suspirante “no”, como quien manifestaría desde lo profundo de su corazón un “sí” como respuesta. Ya anochecía y como toda noche en la sierra peruana con un cielo despejado es inmensamente estrellada, esta noche tal vez por cuestiones climatológicas no presentó estrellas, sólo el infinito, lo nublado, y lo bajo de la luz encendida del parque, destrozaron los tiernos sentimientos de aquel hombre enamorado desde siempre. Pero no por eso dejó de portarse como un caballero, la acompañó a tomar su movilidad que la conduciría a su casa. Las semanas restantes a su viaje transcurrieron lentas, dolorosas, y sin sentido, pues creía que sus planes de amor se habían acabado en su país, y quizá por otros vientos y otros lares encontraría lo que andaba buscando. 
   
Fanny se alojó en los consejos de Mónica, su amiga de prácticas y compañera de la universidad. « ¡Eres muy mala, como pudiste hacerle eso a Edgar, que parecía ser más que tu amigo… si él tiene todo lo que tu querrías, ahora por ser mala tendrás que sufrir!» Exclamó furiosa. Efectivamente todos esos días restantes fueron de profundos remordimientos de una actitud mala que le hacia auto-culparse.

La salida de Fanny y Mónica hacia un evento académico por la noche, fue aprovechada para que vuelva a encontrarse con Édgar. Su amistad no había cambiado, era él mismo, y Fanny sin rodeos, ni palabras de introducción, siguiendo los consejos amicales, hizo lo que comúnmente ninguna mujer habría hecho en su lugar, devolverle la declaratoria de amor. Édgar quedó confundido, medio burlado, pero más pudo su sorpresa de que era cierto; aun así, ya había adecuado de forma diferente su plan de vida en el extranjero, dejando de lado a la mujer que siempre había amado. La incapacidad para reflexionar la había hecho recapacitar muy tarde, recién ahora se daba cuenta que la amistad de la que le había hablado era más que eso-pensaba-, pero aquello era el empiezo de un gran romance. Édgar Se negó a darle una respuesta apresurada y ahora imprevista, quedando en pensarlo para el día siguiente.

La mañana siguiente en la noche del 14 de febrero, reunidos con los amigos de salón en su simbólica despedida que fue emotiva y llena de reflexiones, suscitó la conversación a solas y, se inició con un te acepto a secretas. La emoción embargó el sentimiento de Fanny, creyendo que con esa respuesta corregía todas sus malas acciones; esa noche se mostró cariñosa como nunca lo hubiese imaginado; pero cometió el error de no responder al ósculo que Édgar le quiso regalar. El día de su viaje se dio sin fecha establecida de regreso, y seguramente viajó con las dudas del amor que dejaba a puertas de otra historia que empezaría a vivir lejos y distante de aquella confundida mujer. Por estos tiempos sólo las casuales llamadas telefónicas y sus no acostumbradas pláticas por el chat, donde no igualan en tiempo los hacen  mantenerse comunicados; nadie sabe más de lo que el otro  cuenta. Este quizá sea el empiezo de un sincero amor o de una tierna historia que sólo servirá para el recuerdo y la anécdota. Que el del más allá no lo permita.