La luz del desván.
Cuando sus recuerdos empezaron a nublarse, el viejo muy viejo cogió un
taxi y se dirigió a su pueblo natal. En los siguientes días, deambulando por las
calles de su infancia, mientras la cabeza se le llenaba de imágenes y olores y
sabores y sonidos y sensaciones, las nubes fueron disolviéndose. A la semana,
en el desván con telarañas de la centenaria casa familiar, encontró un cuader-
no escolar, un álbum de cromos, dos fotografías y tres canicas de colores. Des-
lumbrado por la luz que despedían sus recuerdos más preciados, el viejo muy
viejo se acurrucó en el suelo y cerró los ojos.
Salvador Robles Miras. Vive en Bilbao desde los diez años. Ha publicado una veintena de libros de ensayo, novela, cuentos y relatos.
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