Una buena razón.

 

–Cómete la manzana, hijo.

–No tengo ganas, mamá.

–Come y te harás fuerte –insistió la mujer.

–¿Para qué he de hacerme fuerte?

–Para...

La mujer dudó. Las preguntas de los niños siempre ponen en apuros a los 

adultos, pero algunos de estos, en volandas de la empatía, logran salir airosos 

del aprieto.

–¿Para qué, mamá? –insistió el chiquillo.

–Para que puedas ayudar a los más débiles que tú, hijo.

Y el niño propinó un monumental mordisco a la manzana.

 

 Salvador Robles Miras. 

Vive en Bilbao desde los diez años. Ha publicado una veintena de libros de ensayo, novela, cuentos y relatos.