23 de octubre de 2014
Cual simple milagro, la cebra se postró sobre el gran espacio de flores amarillas, y la punta de una de sus franjas negras quedó muy junto a la cabeza de un reptil oscuro. Pudo la serpiente olerla entonces. Pudo darse cuenta de la gran presencia de la franja que vivía en el cuerpo del mamífero. En ese mismo instante comenzó a amarla, como si ella misma hubiese sido una franja que se le hubie-se escapado a otro indómito animal de la selva. Cebra y serpiente quedaron viéndose, igual que en una postal, entre encendidos lirios y sorprendidas mariposas.
© De esta edición: F. G. C. / Comunicación, Oralidad y Artes (COMOARTES)
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Concurso Internacional de Microficción para Niñas y Niños “Garzón Céspedes”.
Cátedra Iberoamericana Itinerante de Narración Oral Escénica (CIINOE)