09 de agosto de 2022

Estudio del Laboratorio de Neurociencia Cognitiva y Comunicación, de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), demostró que la forma redonda de las etiquetas en los empaques de los productos ultraprocesados no es la más adecuada para informarle al consumidor sobre los riesgos nutricionales.

La investigación piloto ha demostrado que la forma octogonal del rotulado –que ya se utiliza en Uruguay, Chile y México– es la más idónea para generar advertencia o alerta en las personas, ya que inconscientemente está asociada con sensaciones y emociones de peligro y riesgo; un ejemplo claro es la señal de tránsito PARE.

La profesora María Fernanda Lara, de la Facultad de Medicina de la UNAL, explica que “por medio de un eye tracker, dispositivo de medición de la posición y del movimiento de los ojos, y el tiempo que una persona mira algún punto, se encontró que si se expone a los consumidores a un producto simulado con altos índices de azúcar, grasas y sodio, con etiqueta redonda, frente a otro con etiqueta octogonal, las personas se sienten más atraídas por la primera”.

Esto se da porque las formas circulares se asocian en el cerebro como algo de mayor interés, que es informativo e incluso algo bueno para la salud, y no se asume como un símbolo de advertencia.

Señala que “el uso del eye tracker brinda una precisión mayor y en tiempo real de lo que le llama más la atención a la persona que está viendo las imágenes”.

La información es procesada por un algoritmo que determina en qué imágenes sus ojos se detienen más tiempo; además, para este estudio los participantes respondieron un cuestionario acerca de lo que vieron y qué tipo de emociones les generaban.

En la Universidad ya se han adelantado varios estudios cuya importancia es fundamental para entender cómo toman decisiones los consumidores, las cuales la mayoría de veces son inconscientes, lo que quiere decir que no se presta demasiada atención al porqué se eligen.

“Se necesitan señales claras para que las políticas públicas en temas nutricionales y alimentarios se lleven a cabo, disminuyendo el riesgo de la mayoría de enfermedades no transmisibles que están relacionadas con la alimentación, pues se ha visto que cada vez más la población tiene altas tasas de obesidad y enfermedades relacionadas con la mala alimentación”, indica la profesora Lara.

El pasado 2 de agosto, el Ministerio de Salud y Protección Social emitió la Resolución 810 de 2021, aprobada por el Congreso, que pretende el uso de sellos frontales de advertencia octogonales con información clara, visible y veraz.

Esta medida es coherente con los hallazgos y evidencias de investigaciones como las realizadas en la UNAL, que dan un mejor panorama de la forma en que hay que presentar la información nutricional al consumidor, generando una sensación de alerta y no de interés o gusto, disminuyendo la confusión y poca efectividad en las estrategias de etiquetado.

Recientemente, otro estudio realizado por la UNAL, la Universidad de Carolina del Norte y la Pontificia Universidad Javeriana arrojó que el 72 % de los 8.000 participantes seleccionó el sello octogonal como el que más reducía la intención de consumo, en comparación con otros tipos de etiquetado frontal como la Cantidad Diaria Recomendada (GDA), que obtuvo un 20 %, y Nutri-Score con 9 %.

La profesora Lara explica que “este tipo de investigaciones se llevan a cabo todo el tiempo cuando se va a presentar un producto o etiquetado, por lo que en el contexto actual del país resultan de suma importancia al hablar de políticas públicas en torno a la alimentación”.

Añade que “una población muy importante a tener en cuenta son los niños, ya que la dinámica no es igual para ellos, sus padres compran los productos, pero los menores deben enfrentarse a la forma en que entienden este etiquetado”.

En su opinión, “educar a las personas frente al etiquetado es una de las estrategias más efectivas en salud pública; aunque por el momento este es un estudio piloto en una pantalla, en un futuro queremos hacerlo con objetos reales para tener mayor certeza de lo que generan los etiquetados en el consumidor”, asegura.

Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co