Adriana Isabel Lettieri*
Las drogas constituyen un enorme problema cuya gravedad se está poniendo cada día más de manifiesto. Cada vez son más las personas que están haciendo un uso indebido de drogas legales e ilegales y los problemas del uso indebido y del tráfico ilícito de drogas están entre los más graves del mundo.
Definimos “uso indebido de drogas” a la ingesta de estas sin fines médicos. A partir de allí podemos destacar tres etapas en este uso que poseen características diferentes:
- USO: se consume en el “tiempo libre” con la intención de aumentar sensaciones, percepciones, desinhibirse, etc. Es el consumo esporádico y circunstancial.
- ABUSO: el consumo es más regular. Afecta a la vida afectiva o familiar, afecta el rendimiento escolar o laboral. Se niega el problema o se lo minimiza. Se establece cuando el consumo se reitera para una misma droga en similares o diferentes situaciones o cuando se recurre a diferentes drogas.
- ADICCION: Es la etapa de dependencia física o psíquica. Se caracteriza por una adaptación psicológica, fisiológica y bioquímica lo cual es una consecuencia de la exposición reiterada a una droga que comienza a ser necesaria.
La realidad nos muestra que todas las drogas ilícitas son peligrosas y provocan en el usuario cambios físicos y psicológicos. Hoy en día se intenta instalar la idea de que la marihuana, por ejemplo, es inofensiva cuando en realidad es muy peligrosa ya que es liposoluble lo que significa que los productos químicos psicoactivos se fijan en las partes grasas del organismo y pueden detectarse hasta treinta días después del uso inicial habiéndose demostrado que altera la memoria y retarda el aprendizaje además de otras cuestiones físicas (afecta en forma negativa las funciones cardíacas, disminuye las destrezas motoras especiales, dificulta las funciones respiratorias). Un cigarrillo de marihuana contiene más agentes cancerígenos que el más fuerte cigarrillo de tabaco.
Lo cierto es que los toxicómanos se convierten en individuos débiles. Se consumen drogas por diversas razones entre las que figuran las de huir de la realidad, enfrentarse a la vida cotidiana o ser aceptado por los demás. Las drogas tienen un gran poder de seducción porque, en la mayoría de los casos proporcionan inicialmente lo que el usuario busca pero con el paso del tiempo se llega a la adicción con sus terribles consecuencias. Nadie empieza a usar drogas con la finalidad de convertirse en toxicómano… pero eso sucede. El adicto suele llegar a obsesionarse de tal manera con la obtención de más cantidad de droga que es capaz de agotar su dinero y sus bienes, arruinar su vida familiar o perder una carrera antes de admitir su toxicomanía. En síntesis: No existe una forma segura de usar drogas ilegales.
En décadas anteriores se concebía a la adicción como un síntoma vinculado a la pobreza, a las condiciones sociales, a los problemas familiares (hijos de padres separados, por ejemplo) a la juventud, etc. Es decir que la drogadicción aparecía como un síntoma de la situación marginal de ciertos individuos. Actualmente sabemos que la sociedad en que transcurrimos es consumista por excelencia y los estudios sociológicos demostraron que la marginalidad y la desviación de la norma no eran lo que justamente caracterizaba al adicto. Hoy quien más consume es en realidad el más adaptado a las normas.
Pluricausalidad de las adicciones:
Las conductas adictivas hacen que una persona sea dependiente a determinadas sustancias o situaciones (al trabajo, a la limpieza, a la utilización de medicamentos “legales”, a las compras compulsivas, etc). Una persona adicta es la consecuencia de múltiples factores que actúan como predisponentes y determinantes cuando ese individuo se pone en contacto con una droga.
Hay factores causales que configuran la personalidad previa del adolescente que será después proclive a la drogadicción (predisposición genética, hábitos en el ambiente familiar, modelos familiares con antecedentes de conductas adictivas, situaciones ambientales durante el crecimiento y la maduración, estimulación social y cultural por el grupo de pares o los medios de comunicación, situaciones traumáticas desencadenantes, etc.). En la adolescencia es común la inestabilidad, la tendencia gregaria, la omnipotencia, el cuestionamiento del mundo adulto, la crítica ácida y rebelde, la parición de nuevos intereses, la valoración de lo heroico, etc. Cuando existe un desborde patológico de uno u otro signo el adolescente llega a conductas desviadas ya que se siente en un mundo sin valores, sin autenticidad, sin coherencia. Su respuesta es entonces el escepticismo o la rebeldía activa al mundo que se le presenta. No es casualidad que en esta etapa de la vida, en estos jóvenes conflictuados, no sólo los traficantes de drogas hagan su negocio, también los ideólogos extremistas, los profetas de cultos esotéricos trabajan sobre esta condición.
Personalidad del adicto adolescente:
Si consideramos la personalidad del adicto adolescente debemos considerar tres tipos de factores que gravitan y condicionan su proclividad a la drogadicción. Un grupo de estos factores se relaciona con las condiciones actuales del mundo en que viven con sus rasgos de masificación y anomia, su competitividad, su materialismo, su individualismo exacerbado. Otro grupo de factores se da en el entorno inmediato de los adolescentes que después puede llegar a ser adicto: problemas familiares, inestabilidad de su círculo familiar, desarmonía entre los integrantes de su familia, etc. Por último, el tercer grupo de factores a considerar es el de los propios de la personalidad de esta etapa de la vida: la exageración de sus conflictos puberales, la incapacidad de adaptación y de superación de los mismos, su dificultosa búsqueda del “yo” y de su identidad, su inmadurez afectiva, etc… y allí aparece el recurso de la droga con su ilusión de olvido, la solidaridad grupal de los pares, los nuevos compañeros de “experiencias” y la comprensión del grupo de pertenencia. La desilusión llega mucho después, lamentablemente cuando ya está instalada la dependencia lo que ocasiona una serie de trastornos si se suprime el consumo. A esta altura ya se cerraron varias puertas y no se encuentra ayuda lo cual incita a volver al consumo ante el fracaso de dejarlo en un esfuerzo individual que nunca da resultado. Es por eso que aquel que encuentre en el mundo adulto, entre sus padres o docentes, alguien en quien confiar a pesar de los errores cometidos puede pedir ayuda y comenzar un tratamiento que es lo único que en esta etapa puede revertir la situación con un tratamiento adecuado.
Acciones positivas:
Para promover la salud toda la sociedad debe ser protagonista. En esta tarea tienen que intervenir la familia, la escuela, la administración pública, los medios de comunicación, la publicidad, los líderes de opinión (deportistas, actores, cantantes, etc) y los propios jóvenes.
La acción comunitaria deberá organizar y desarrollar programas de actividades que integren a todos los miembros de la población, potenciar actividades que profundicen el concepto de “salud integral”, conseguir la maduración y responsabilidad de las personas potenciando el aumento de sus capacidades, evitar la excesiva disponibilidad de las drogas limitando su uso y controlando los lugares de venta.
En cuanto a la acción familiar muchos padres no saben cómo ni qué hacer. No se trata de soluciones mágicas, sino de conseguir un clima de confianza y comunicación en la familia que permita abordar este y otros temas importantes antes de que aparezcan las dificultades. Esto exige de los padres una actitud preocupada por conocer las ideas, las amistades, los problemas y las inquietudes de sus hijos.
La acción escolar requiere el planteamiento de programas que proporcionen no sólo conocimientos sino también valores, creencias, actitudes y hábitos que se opongan al abuso de las drogas. Sería conveniente pensar en un programa de acciones, en un proyecto, referido a cada escuela con sus características propias donde tengan participación las diversas áreas que componen la comunidad educativa (docentes, padres, alumnos, centros de salud próximos, etc) apoyados por talleres, charlas o encuentros con especialistas. La acción escolar tiene como principal obligación un continuo y permanente contacto con los niños y adolescentes en desarrollo haciéndose cargo de implementar acciones que favorezcan el bienestar de los alumnos.
Buen uso del tiempo libre en la adolescencia:
Si bien la naturaleza del consumo de drogas psicoactivas es multifactorial, es indudable que en un medio como el nuestro, es el desempleo y el inadecuado uso del tiempo libre en los púberes y adolescentes uno de los factores de riesgo que está asociado fuertemente con la experimentación y habituación del consumo de bebidas alcohólicas y otras drogas psicoactivas.
Algunos hábitos y excesos relacionados al indebido uso del tiempo libre y el entretenimiento mal entendido pueden ser superados en la medida que los adultos seamos capaces de ayudarlos a encontrar otras formas más saludables de utilizar el tiempo recreativo.
El tiempo libre es una buena oportunidad para desarrollar y afianzar hábitos de participación en los adolescentes y para transmitirles valores de convivencia y sociabilidad. Que eso sea así depende de que el trabajo con adolescentes en el tiempo libre sea una tarea educativa y no una mera planificación de entretenimientos
El uso del tiempo libre forma parte esencial de la vida de los adolescentes, en relación a la etapa de desarrollo en que se encuentran y al entorno en que viven: familia, barrio y escuela. El tiempo libre sería aquel tiempo disponible, que no es para estudiar y que incluye el dormir, comer y que puede ser destinado al ocio, el descanso, la recreación, el desarrollo personal o para realizar actividades que satisfagan necesidades esenciales, tales como la sociabilidad e identidad del adolescente.
Las actividades que se realizan en el tiempo libre, con quienes y dónde se hacen son claves en la promoción y prevención de la salud de los adolescentes y deben formar parte de la evaluación integral de salud de un joven. El destino positivo que se dé a este tiempo libre, puede jugar un rol protector para un adolescente, pero por otro lado puede ser un factor de riesgo si existen condiciones negativas de estas actividades o con quienes se realizan.
Los padres deben motivar a sus hijos, desde pequeños, a la práctica de actividades en su tiempo libre, donde puedan expresar aptitudes, desarrollar habilidades, especialmente sociales y que idealmente le favorezcan un desarrollo más integral en su salud física, mental, social y espiritual. Luego deben respetar las elecciones del hijo adolescente, acompañándolo, sin invadirlo y protegiéndolo, sin sobreproteger, en las actividades que realice en esta etapa. Se le deben entregar reglas y límites claros, que pueden ser revisados y negociados cada cierto tiempo, incluyendo las consecuencias si son trasgredidas. Los padres deben plantear su temor en relación a conductas que lo expongan a riesgo y se debe ser categórico y explícito en el rechazo a ellas.
La práctica deportiva y la prevención del consumo de drogas:
El deporte y los ejercicios físicos proporcionan un número de beneficios físicos y psicosociales que pueden traducirse en una reducción del riesgo de consumo de drogas lo cual los convierte en una útil herramienta de prevención del comportamiento adictivo de niños y adolescentes. Igualmente cuando se trabaja este campo debemos estar atentos y procurar evitar las condiciones competitivas en las que la práctica deportiva pueda generar el efecto contrario al buscado (dopping, estimulantes, etc. con el objeto de “ganar” o ser el mejor)
Estudios realizados han demostrado que el deporte no solo contribuye al buen estado físico, sino también al bienestar mental y a la interacción social de los niños, niñas y adolescentes. El deporte promueve la igualdad entre las personas, aumenta la autoestima, mejora el aprendizaje y el rendimiento académico, reduce el stress y la depresión, previenen el tabaquismo y el consumo de drogas ilícitas, reduce la delincuencia y disminuye la vulnerabilidad social de grupos propensos al abuso y abandono.
El deporte puede constituir una opción lúdica alternativa a contextos que propician conductas como el consumo de alcohol y de otras sustancias, afirmación que cobra aún más sentido si se tiene en cuenta que el 60% de los adolescentes que consumen drogas lo hace para divertirse.
Al mismo tiempo, la práctica deportiva es un medio especialmente idóneo para poner en marcha estrategias de prevención de comportamientos de riesgo social ya desde la infancia y de programas para la educación e integración de niños y jóvenes.
Según recuerda la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), las drogas más consumidas por los adolescentes en la actualidad son el alcohol y el tabaco, sustancias con las que se tiene un primer contacto a los 13 años. Les sigue el cannabis, cuya edad media de inicio de consumo se sitúa en los 15 años. A partir de esa edad se inician los contactos con otras drogas como la cocaína o el LSD. Entre los 20 y los 24 años es cuando se produce un consumo más frecuente y abundante de drogas tanto legales como ilegales.
A la luz de estos datos, los expertos subrayan la importancia de que en una etapa de la vida tan crítica como es la adolescencia los jóvenes tengan alternativas de ocio seguras y que les mantengan alejados de los estupefacientes. El deporte es una importantísima herramienta de trabajo físico, de formación, de transmisión de valores y también de ocio y diversión, favorece el desarrollo de mecanismos y hábitos que enlazan la inteligencia, la motivación y la acción; centra el placer en el individuo y en las relaciones personales en lugar de hacerlo sobre la posesión de objetos; fomenta el esfuerzo personal y grupal en la consecución de metas; adiestra en el aplazamiento de la recompensa y contribuye a interiorizar la existencia de normas y a participar en su establecimiento y respeto, entre otras cuestiones.
Es evidente que el tiempo que un adolescente pasa practicando algún deporte no está consumiendo drogas, pero además hay que tener en cuenta que si está muy implicado con su equipo querrá estar fresco para jugar bien o poder entrenar, lo que a su vez supone un escudo protector frente a las sustancias.
En síntesis, el deporte puede ser una gran herramienta para luchar contra el consumo de drogas, esto por distintos motivos:
- Muchas personas consumen drogas para mejorar su capacidad de socialización, el deporte es uno de los mejores métodos para unir a distintas personas y mejorar así la capacidad de socialización de cada persona;
- El deporte concurre a incrementar la autoestima de uno mismo a través del continuo reto personal a mejorarse, eliminando así el factor de consumición de drogas por depresión;
- Los momentos de ocio son en los que hay más consumo de drogas. Colocándose en este mismo tiempo el deporte 'robaría' así horas al ocio del individuo distrayéndole.
- El deporte, en cuanto actividad física intensa, facilita la producción de endorfinas, neuroproteínas que donan al cuerpo y al cerebro una sensación de bienestar, compensando la tristeza debida a la falta de consumo de sustancias estupefacientes.
Los motivos son muchos, es por eso que el deporte es una de las herramientas más poderosas para facilitar la vida a que quien ha dejado y quien quiere dejar las drogas.
Entonces, ¿cómo actuar?
A los jóvenes hay que ponerles a disposición información pertinente y relevante para su futuro y la aceptarán si está pensada y planteada en su lenguaje, en su contexto y a través de los medios que les ofrecen credibilidad. En pocos momentos esto es tan importante como en la adolescencia y especialmente en lo que se refiere a la prevención de adicciones.
Quienes tienen a cargo la formación de adolescentes deben conocer lo que se sabe hoy sobre agresividad, relaciones de poder, entrenamiento en resolución de conflictos, relaciones de sistema y educación emocional. Esto no sólo sirve para educar y prevenir, sirve para la vida en general.
El cambio tan profundo que está haciendo el mundo en el que vivimos, hace que muchas cosas nos resulten difíciles de asumir. Los recursos personales para afrontar conflictos que habíamos aprendido parecen haber entrado en crisis. Lo que antes funcionaba, ahora no funciona. Es el momento de abordar nuevas herramientas con una mentalidad enteramente nueva. Hoy se sabe bastante de agresividad, de emociones, de relaciones de poder, de conflictos y hemos de construirnos un nuevo bagaje adaptado a las nuevas situaciones que deben servirnos más allá de como mejorar la relación con quienes nos rodean. Hoy, el mundo exige nuevas formas de ver las realidades que coexisten y las relaciones interpersonales… y esto no puede ignorarse…
*Adriana Isabel Lettieri es profesora argentina para la Enseñanza Primaria con intensificación en Psicolpedagogía con especialización en diversas áreas de Educación y actualmente es Directora de la Escuela No. 20 Distrito Escolar 11 – Gobierno de la ciudad de Buenos Aires.
Bibliografía:
Astolfi, E. ; Maccagno, A. y Kiss, J.F.A.
“Las toxicomanías en nuestro medio”
Ed. Fundación Santa Juana de Arco
Bs. As, 1975
Nápoli, Mónica
“Adicciones, análisis orgánico funcional”
Módulos I, II y III
Cátedra de la carrera Mediación Preventiva del Comportamiento Adictivo”
Bs. As, 1999
Kramer, J.F. y Cameron, A. C.
“Manual sobre dependencia de las drogas”
Organización Mundial de la Salud
Ginebra, 1975
http://www.sochipe.cl/nueva/html/estetoscopio/7-6/7_6_adolescencia.htm
Fecha de consulta: 20/10/2009
Deltoro Rodrigo, Enrique
“Cómo trabajar con adolescentes en el tiempo libre”
Editorial Certeza
Zaragoza, 2006
Más de la obra de Adriana Isabel Lettieri:
Facebook Social Comments