Cuando hablamos de adolescentes es necesario hacer mención de uno de los aspectos más importantes en este proceso de desarrollo, me refiero a que es en esta época cuando los jóvenes van a buscar una identidad propia. Si sólo se tratara de una búsqueda interior el problema no sería mayor, pero el hecho es que en esta búsqueda los jóvenes van a desarrollar uno de los aspectos que más trabajo le da a los padres manejar: el afianzamiento del sentido de amistad.

Sí, en su búsqueda de una identidad, los jóvenes, tienden a encontrar afinidades con sus pares y encuentran en la amistad el refugio adecuado para la vivencia de una falta de comprensión social y familiar. Los amigos pasan a ser el grupo de personas con quienes más se divierten, en donde se sienten plenamente comprendidos, en donde pueden ser ellos mismos sin temor a ser juzgados o reprimidos.

Estos grupos suelen ser homogéneos, es decir, tienden a juntarse con quienes comparten intereses deportivos, musicales, sociales, o de cualquier otra índole, lo que les permite reforzar su afición por algunas prácticas con las que pueden o no estar de acuerdo los padres. Si te has preguntado de dónde surgen las, hoy tan nombradas, tribus urbanas, pues es de este proceso de identificación con  quienes comparten intereses, motivaciones y gustos, aunque estos gustos sean sólo infartar a sus padres y llevarles la contra, por contradictorio que parezca, en esta homogenización que viven los adolescentes con los grupos a los que se adhieren, van a encontrar  una identidad única y personal que los va a hacer sentirse especiales. No significa que han de pertenecer siempre a estos grupos, generalmente vemos que quienes se quedan anclados en ellos es porque hallaron un estilo de vida alternativo que les reditúa emocional y económicamente lo necesario como para sentirse cómodos así.

En términos generales estos grupos de amigos duran lo mismo que dura la etapa que estén viviendo  y en la que es necesaria su presencia, una vez que se cambia de etapa el grupo de amigos cambia adaptándose a las nuevas circunstancias; es decir, si la etapa de la búsqueda de identidad se da en la secundaria o preparatoria, ahí se vivirá este proceso de identificación y homogenización con el grupo, pero una vez terminada la secundaria o preparatoria, al ingresar a un nuevo nivel de estudios (universidad) o de responsabilidades (trabajo) el círculo de amigos cambia para adaptarse a la nueva realidad del  joven.

También existen los grupos que se forman partir de compartir un mismo espacio, como el barrio o colonia en el que viven, y que generalmente son el resultado de las condiciones sociales y económicas en las que se viven, estos grupos pueden ser más duraderos en el tiempo, pues difícilmente van a cambiar su residencia, pero en cuanto se da este cambio es común que estos grupos también se rompan.

El problema se acentúa cuando los padres pelean mucho por “los amigotes”  del adolescente y los culpan de todo lo malo que, a su criterio, su hijo haga o le suceda. Generalmente lo que esto provoca es  un aferramiento al grupo de amigos  al que naturalmente debió dejar pasar y cambiar en su momento; en un efecto “Romeo y Julieta” en el que los adolescentes sienten que deben defender a capa y espada su amistad porque es lo más valioso que tienen (y por desgracia muchas veces es verdad).

No estoy tratando de minimizar en modo alguno el fenómeno de la amistad, al contrario, lo que hago es reconocerle su función y dimensionarla adecuadamente. Es un hecho que en cada etapa de nuestra vida vamos a contar con diferentes grupos de amigos y que cada uno de ellos va a realizar aportaciones invaluables en nuestro desarrollo y personalidad. Algunos conservaremos amigos a lo largo de toda nuestra vida y la convivencia con ellos será maravillosa, otros tendremos que aprender a hacer nuevos amigos todo el tiempo y disfrutaremos  plenamente de su presencia por lo que dure y sabremos darle paso a otros más sin que ello  signifique que la amistad es más o  menos valorada según sea el caso.

Para el adolescente la amistad lo es todo, es refugio, es escuela, es apoyo, es hogar, es hermandad. Entenderlo nos va a facilitar la convivencia con ellos y nos va a evitar muchos dolores de cabeza.

¡Ánimo, si se puede!

Imagen: fert.es

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Jesús Tamariz Saldaña Licenciado en Psicología por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, realizó estudios de Filosofía y Teología en el Seminario Mayor Palafoxiano. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.