
TOMAR EL CONTROL DE SU PROPIA VIDA
Por: Jesús Tamariz Saldaña*
Una de las situaciones que con más frecuencia se viven en psicoterapia es la de la “sensación de la pérdida de control de la propia vida”.
Muchas son las personas que, por muy diversas razones, sienten que no están en control, que su vida está en manos de alguien más y, paradójicamente, vienen con la esperanza de poner su vida en las manos de alguien más, el terapeuta, para solucionarlo (única decisión correcta en estos casos porque el terapeuta serio no tomará el control de tu vida, te ayudará a tomarlo tú).
Una persona siente estar fuera de control cuando la relación que sostenía se rompe y descubre que no sabe para donde dirigir sus pasos; cuando se pierde un trabajo que durante un buen tiempo significó una estabilidad económica, cuando fallece un ser querido, cuando sufre un cambio de circunstancias económicas, laborales, sociales, emocionales, de salud; que le hacen dudar de su capacidad de respuesta y adaptación.
De lo que muchas veces no somos conscientes, no nos damos cuenta, es que somos nosotros los que le hemos entregado a las otras personas o circunstancias el control de nuestras vidas y que tendemos a esclavizar nuestras voluntades al capricho de alguien más.
A mi me da terror cuando escucho a las parejas que se aman, o que están enamoradas, hacerse promesas incumplibles y esclavizadoras, aunque, eso sí, románticas, como “yo te voy a hacer feliz”, “yo me encargo de que nada te pase”, “sin ti me muero”, “te voy a esperar toda la vida” y un largo etcétera.
Digo que me causa terror porque me hacen evidentes dos problemas:
- La necesidad emocional de pertenencia, que aunque es natural al ser humano, es llevada a grado patológico cuando esa pertenencia significa supresión de la propia voluntad, metas y proyectos al supeditarlos al bienestar del otro.
- La presencia de un “protagonismo” mal entendido que nos lleva a victimizarnos perpetuamente.
Entendamos, como parte de nuestro constructo emocional, y porque no decirlo, como parte de nuestra herencia como animales gregarios, la necesidad de pertenencia es, absolutamente, un mecanismo que nos permite vivir en sociedad y convivir saludablemente. Lo hacemos patológico cuando decidimos querer más a alguien que a nosotros mismos y actuamos como si eso fuera una realidad, suprimiendo, inclusive, muchas veces el mismo instinto de supervivencia, haciendo de nuestras relaciones un riesgo para nuestra propia integridad.
Por su parte, cuando hablo de un protagonismo mal entendido me refiero al estereotipo telenovelero mexicano de protagonista-víctima. Sí, me refiero a todos esos personajes de televisión a los que todo les pasa, que son tan inocentes, por no decirles estúpidos, que aceptan todo, creen todo, sufren todo con la esperanza de que algún día sean reconocidos por su perseverancia, por su bondad o simplemente por su amor que es puro, perpetuo e incondicional y que los llevará a un “happy end” tan absurdo como la vida misma que llevaron a lo largo de la trama telenovelera.
Lamentablemente son estas las historias que los hombres y mujeres siguen día a día, las que convierten a estos personajes en los “héroes” del momento y en un modelo a seguir para la población que entiende que está bien sufrir, que si se es bueno muchas cosas malas le van a pasar antes de que el mundo entero le deje ser feliz “para siempre jamás”; que su amor va a sobreponerse a todas las adversidades y que, después de algunas pruebas que el destino se empeña en ponerles, su historia terminará tal y como lo vieron en las telenovelas, en un paraíso de bondad, amor y hermandad entre los seres humanos.
Si de telenovelas se trata yo prefiero a los villanos, a los antagonistas; digo, son los únicos que se divierten a lo largo de toda la trama, los que controlan todo lo que sucede, los que deciden por los demás, los que piensan, los que disfrutan de su vida a su antojo y que, al final, cuando “su maldad” es descubierta, basta con arrepentirse “sinceramente” o con morirse una sola vez y para siempre en lugar de las mil muertes “chiquitas” que le hizo pasar a los supuestos protagonistas; y, en todo caso, lo bailado ni quien se los quite.
Sirva este ejemplo para entender que por mucha necesidad de pertenencia que tengamos, necesitamos aprender a pertenecer, antes que a nadie más, a nosotros mismos; aprender a pertenecerse, que significa saber que se cuenta con uno mismo, que se quiere lo suficiente a sí mismo como para no depender absolutamente de nadie más. Que al lado de la persona amada se puede ser feliz, pero que sin ella también; que rodeado de las personas a las que quiero y me quieren puedo estar bien, pero que sin ellas también porque estar bien, sólo depende de mí, del control que de mi vida tenga y de nadie más… que si te vas te voy a extrañar, pero ni me voy a morir ni voy a dejar de vivir, que si te mueres me va a doler, pero que ese dolor no me va a arrancar la vida, por más que sienta que así va a ser, que si ya no tengo ese trabajo tendré que buscar otro, con todo el tiempo que ello implica y las dificultades que acarrea, que mi vida entera tendrá que acomodarse a mis nuevas circunstancias económicas y sociales pero que, definitivamente, voy a seguir viviendo.
Sirva también, el mismo ejemplo, de invitación para convertirnos en auténticos protagonistas de nuestras vidas; en el personaje central de nuestras historias y no en la víctima de los demás.
De eso se trata la idea de tomar el control de la propia vida y sé perfectamente que no es sencillo, pero también se que… ¡Sí se puede!
En la próxima entrega abordaremos el tema del “Analizando al Chapulín Colorado”; no te lo pierdas y recuerda escuchar mi programa “Sexo Sentido” todos los jueves a las 8 de la noche en el 105.9 de F.M. y los domingos a las 10:30 hrs. en XHTVFM, en el programa Inteligenciasexual.com, van a estar buenos… no te los pierdas.
Satir, Virginia. Nuevas relaciones humanas en el núcleo familiar. Edt. Pax. México 1995
Calle, Ramiro. Guía práctica de la salud emocional. Edt. Improve. España. 2002
González Ramírez José Francisco. Inteligencia emocional. Edt. Promolibros S.A. de C.V. España. 2003
L. Taylor Cathryn. Supere sus traumas y triunfen la vida, Edt. Roca. México. 1992