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LA IMPORTANCIA DE CREER PARA APRENDER*

Por: Enrique Canchola Martínez*

 

Cuando hablamos del aprendizaje nos referimos específicamente a la capacidad que tiene el cerebro para ir agregando información a los diferentes programas que éste posee.

 

 

 

En el cerebro existen todos los programas necesarios para la vida y para la muerte, es decir, en él están los programas de nacer, de amar, de reproducirse, de odiar, de padecer ciertas enfermedades y por supuesto de creer.

 

Aún antes del nacimiento, específicamente, desde la tercera y hasta la séptima u octava semana de gestación, el cerebro se diferencia y alcanza casi toda su capacidad de respuesta a estímulos, y es probable que desde ese período comience a recibir influencia de su entorno social, y se establezcan en él los primeros programas sobre las diferentes creencias que acompañarán al individuo hasta su muerte.

 

Partiendo de esta premisa, considero que es necesario reflexionar sobre la importancia de creer en lo que percibimos a través de los órganos de los sentidos, y su relevancia para la estructuración de los programas cognitivos del cerebro.

 

 

Se ha propuesto que el cerebro es muy eficiente para aprender aquello que le asegura la conservación individual y la de su especie, es decir, que el proceso de aprendizaje es un mecanismo mental interesado, automático, que requiere condiciones psíquicas especiales como las creencias. Las creencias permiten el empleo de programas rígidos de pensamiento, que sorprendentemente, en la mayoría de las veces, no parten de premisas ciertas.

 

 

Creer implica más que la creencia en Dios y en sus acciones, se ha sugerido que creer es indispensable para poder usar y aceptar los conceptos fundamentales de los que se estructuran todas las ideas.

 

 

La capacidad de aprender en los humanos, depende del reconocimiento de por lo menos algunas premisas o ciertas verdades lógicas. El proceso de razonamiento depende de la habilidad de ordenar las cosas por clases y después identificar ciertas verdades acerca de ellas. Luego entonces, es necesario reconocer lo que nos dicen cuando planteamos una pregunta o cuando damos una respuesta, este proceso es lo que nos permite ponernos de acuerdo en la naturaleza de la verdad o de la falsedad, de la igualdad y de la diferencia, lo que significa más y menos, antes y después, etc. De hecho cuando estructuramos un discurso, lo primero necesario es tener creencia o fe de su inteligibilidad, de lo contrario seremos incapaces de su estructuración y de darle la fuerza necesaria para convencer a los demás.

 

 

Desde la infancia aprendemos a confiar en lo que creemos y como todos los procesos mentales, el creer, depende de la capacidad particular de aprender. Como propone Bellah “el pensamiento crítico es analítico y discursivo, descansa sobre una suposición de orden que no se puede probar”. Es decir, que sin fe o creencia, no podríamos confiar en las proposiciones, analíticas y sintéticas del pensamiento humano. Esto sin duda fue lo que quiso decir Imanuel Kant con la capacidad de “hacer sintéticos los juicios a priori”. Por consiguiente todo razonamiento, depende de las creencias, aunque éstas no se logren por medio de la razón, ya que son el resultado de la confianza que le tenemos a nuestro cerebro y nos permite construir a su vez los programas que incluyen a las creencias.

 

 

Es difícil saber que parte de las creencias son heredadas o aprendidas, pero no hay duda que la capacidad básica de creer es esencial para la sobre vivencia y el funcionamiento del individuo y como todas las capacidades humanas debe tener una base hereditaria fundamental. El hombre usa su capacidad de creer para formar un conjunto de programas que lo guían y que forman el marco de referencia en su vida. Lo esencial de toda creencia es creer en ella y se convierte en el soporte fundamental de los programas cerebrales.

 

 

La palabra creencia belief en inglés o glauben en alemán, ambas vienen de la raíz aria lubh que significa tener afecto, amor y confianza, posiblemente por eso amamos en forma ferviente nuestras creencias. La capacidad de creer es una forma de ser y actuar que no se aprende mediante la experiencia, son como los conceptos de la lógica, no se aprenden por correlación, son a priori. Por supuesto que esto no significa que el hombre nazca con algún sistema particular de lógica o de creencias, sino que el cerebro desarrolla paulatinamente un programa para actuar y construir conceptos, que sin la capacidad de creer no podría funcionar adecuadamente, como propone Chomsky “nuestros sistemas de creencias son aquellos que la mente como estructura biológica, está destinada a construir”, esta construcción y evolución de los programas cerebrales dependen entonces, de la capacidad de aceptar o creer o tener fe en ciertos modelos fundamentales de operación.

 

 

Las creencias, paradójicamente, de acuerdo con lo anterior, son los pilares esenciales de la lógica y de todos los esquemas metafísicos, o conceptos extravagantes e irracionales mediante los cuales el hombre se explica su universo y la vida. La facultad de creer es considerada una característica mental exclusiva del hombre como lo es el lenguaje. Los animales, hasta lo que sabemos, no creen ni en la lógica ni en Dios y como lo dijo el científico inglés Bertrand Russell: “Creer parece ser la cosa más mental de hacemos”. O posiblemente las creencias como lo propone Bellah, sean “un orden y una forma profundamente no racionales, necesarias para que pueda surgir la racionalidad”.

 

 

Todos los humanos somos criaturas más crédulas de lo que quizás nos gustaría creer y tenemos una capacidad infinita de construir creencias y posiblemente este sea el mecanismo que nos permita tener la capacidad de aprender sin fin.

 

 

 

Lecturas recomendadas:

 

 

 

Carlson N.R. Fundamentos de Psicología Fisiológica.

 

Editorial Prentice-Hall Hispanoamericana. 1996.

 

 

 

Smith A. La Mente . Salvat Editores, S. A

 

Barcelona, España 1986

 

 

 

Young J. Z. Los Programas del Cerebro Humano

 

Fondo de cultura económica.

 

México 1986.

 

 

 

* Enrique Canchola Martínez Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. es Médico Endocrinólogo,  Profesor e Investigador del Departamento de Biología de la Reproducción , de la División de Ciencias Biológicas y de la Salud de la Universidad Autónoma Metropolitana- Iztapalapa (UAM-I). Su área de Investigación son los Mecanismos de Acción de las Hormonas en el Cerebro.

 

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