
BOGOTÁ D. C., 13 de agosto de 2021 — Agencia de Noticias UN-
Así lo muestra la investigación de la enfermera Diana Katherine Alfonso Gamboa, magíster en Enfermería de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), en la cual describe las experiencias del cuidador primario frente a la atención de enfermería cuando muere un niño del PMC. Este Programa es una estrategia de práctica humanizada, dirigida al recién nacido de menos de 37 semanas o menos de 2.500 gramos al nacer, y que se fundamenta en recurso humano experto en el “empoderamiento” de la madre y la familia.
“La tendencia es que el cuidado del personal de enfermería se centre en la hospitalización, que también es fundamental para el proceso de duelo de los padres. Por eso les preguntamos a los cuidadores primarios ¿qué hizo el personal cuando el niño estuvo hospitalizado y qué les hubiera gustado que hicieran?”.
Para esto, la magíster recolectó información mediante entrevistas a profundidad a seis cuidadores primarios, las cuales fueron grabadas, transcritas textualmente y después analizadas de forma manual. “Se identificaron 5 temas y 12 subtemas que describen las experiencias del cuidador primario con respecto a la atención de enfermería ante la muerte del niño en el PMC”.
El estudio encontró que desde el Área de Enfermería no siempre se asumen las demandas de los padres o cuidadores, pues a veces se olvida concebir al infante como hijo, dejándolo como cuerpo o como alguien más en estado de hospitalización.
“Vimos que la disposición del personal de enfermería era muy limitada, pues aunque se ocupan de algunos trámites administrativos esenciales, no deben dejar de lado la parte social, espiritual, mental y emocional en el cuidado de una familia”, señala la magíster.
No obstante, también aclara que “la atención de enfermería ante la muerte del niño en el PMC puede mejorar si se centra en las expectativas y necesidades del cuidador primario, ya que comparten elementos comunes a pesar de ser una vivencia única y personal”.
Mayor acompañamiento
“Cuando muere un bebé, los padres sienten que nunca pudieron cumplir ese rol que esperaron, no pudieron guardar el cordón umbilical o la manilla que les dice que el bebé existió. Son cosas que ellos hubieran querido hacer y que se pueden realizar a través de la creación de memoria”, observa la investigadora.
Señala además que durante el duelo es importante que haya un afrontamiento y duelo en el hogar. Sin embargo, la realidad es que la enfermera no está presente en este proceso, y cuando lo están, su reconocimiento ante este no siempre es correcto.
“Por ejemplo, en ocasiones la enfermera no es consciente de la muerte del bebé, por lo que llama a los padres preguntando por las vacunas, por el crecimiento y desarrollo de ese bebé que ya no está, lo que se convierte en un proceso de revictimización para ellos”.
Según la magíster, “la enfermería tiene dos grandes retos: el primero es partir del cuidador, de las experiencias con las que se sintió agradecido y con las que no, conocer cuáles fueron las expectativas del cuidado en una situación similar de duelo y acompañamiento, para que la enfermera pueda suplir esas necesidades; el otro reto es que el personal de enfermería se vuelva en esencial, que acompañe el proceso de duelo del cuidador y su familia.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año nacen en el mundo alrededor de 20 millones de niños en condiciones de prematuridad y bajo peso, el 90 % de los cuales son de países de medianos y bajos ingresos con tasas de sobrevivencia bajas.
En Colombia cada año nacen en promedio 100.000 bebés prematuros (12 %). Según el DANE, los niños que pesaron menos de 2.500 gramos al nacer en Bogotá corresponden al 13,5 % y aquellos que alcanzaron hasta la semana 37 de gestación fueron el 23,3 %.
