19 de febrero de 2021

 
Envidia, tristeza del bien de otros. Dolor o desdicha por no poseer lo que otros tienen. Pecado capital según la Iglesia Católica. Deseo malsano o como se dice: “Envidia de la buena” usted decide.

Dante Alighieri en su poema El Purgatorio en La Divina Comedia, definió a la envidia como un deseo pervertido de privar a otros de sus bienes. El castigo horrendo de los envidiosos, es vestir una tétrica túnica gris y tener los ojos cosidos con alambres de hierro; porque habían sentido placer al ver caer a otros en desgracia.

Desde el punto de vista de la Psicología, la envidia es un sentimiento experimentado por aquellos que desean intensamente algo poseído por otro y dañados de la capacidad para disfrutar lo que poseen.

En la Psicología evolucionista los investigadores David M. Buss y Sara E. Gil se refieren a la envidia como una emoción que motiva para mejorar, entendido como comparación social, percibiendo lo que no se tiene (¿Es esto lo que hace decir amablemente? (“Es envidia de la buena”) y luchar por alcanzar lo mismo de lo que disfruta el otro.

La definición de las acepciones anteriores implica una combinación de sentimiento que no produce nada positivo, porque la persona que la padece es sujeto de una insalvable amargura que lo lleva al resentimiento y afección en su relación personal. Como sentimiento enojoso contra otra persona que no tiene lo deseado tiende al impulso de arrebatar ese bien; porque la envidia nace de su interior frustrado. El envidioso es insaciable, nunca estará satisfecho y siempre encontrará comparaciones de sus cualidades con la de otros.

El Psicoanálisis de este sentimiento, lo define como frustración dañina que tiende a arrebatar el bien ajeno por cualquier medio. Factor importante del socavamiento de los sentimientos de amor, gratitud y humildad.

Dice Jorge A. Libraga Rizzi “Esto es fácil de entender si se tiene humildad dentro el corazón, si de pronto queremos tenerlo todo y si nuestra vanidad subconsciente nos empuja brutalmente, a la destrucción, pasaremos por encima de las delicadas flores como manada de búfalos y cuando el polvo y la distancia las oculten, preguntaremos: ¿dónde están esas flores mencionadas? Si esas flores son símbolos de entrega, conocimiento y esfuerzo comprobarás que fue fácil pasar encima de ellas sin descubrir su belleza. Pisoteándolas aún con la mejor buena voluntad”.

“No hay envidia de la buena” Lo mejor es el esfuerzo y reconocimiento del valor ajeno, valorar lo que poseemos y reconocer nuestro valor y capacidad como seres humanos para lograr lo deseado sin perjudicar a otros.

Usted tiene la palabra.

 

Merced Sarahí Jarquín Ortega es originaria de la Sierra Sur del estado de Oaxaca. Autora de múltiples cuentos, ensayos, poemas y novelas. Ha participado en diversas antologías literarias. Es integrante del Círculo de Escritores Sabersinfin.