El hombre en busca de sentido
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"Cuando ya no somos capaces de cambiar una situación,

nos encontramos ante el desafío de cambiarnos a nosotros mismos"

Viktor Emil Frankl

 

El día de hoy, 26 de marzo, se cumplen 112 años del nacimiento del neurólogo y psiquiatra austriaco Viktor Emil Frankl (1905-1997), el cual sobrevivió, desde 1942 hasta el año 1945, a cuatro campos de concentración nazis: Theresienstadt, Auschwitz, y dos campos filiales de Dachau: Kaufering III y Turkheim. A partir de esa experiencia, escribió el libro “El hombre en busca de sentido”, en el cual relata cómo fue privado de su libertad y de su familia y en cautiverio fue sometido a trabajos forzados, que rebasan la imaginación de lo sádico, durante más de cuatro años. Las múltiples decisiones que debe tomar en el campo de concentración le llevan a tener la idea del suicidio, lo que lo inclina a buscar por él mismo el sentido de su vida, la cual consideró que era única e irrepetible.

Frankl en esta obra relata la crueldad con la que los soldados de las SS maltrataban a los prisioneros y narra que nada más llegar al campo de concentración, al prisionero se le quitaban sus objetos personales y sus documentos de identidad y se les identificaba con un número, posteriormente se hacía una primera selección: agrupaban a los enfermos, deformes, débiles o que tenían algún defecto para trabajar y los enviaban a alguno de los campos centrales, provistos de crematorios y cámaras de gas, a esperar la muerte.

A los “fuertes” se les mandaba a trabajos forzados los cuales tenían, a veces, una recompensa en forma de cupón. Dicho cupón se podía canjear por una docena de cigarrillos o una docena de raciones de sopa. Normalmente los cupones se guardaban para la sopa, pero, gracias a ellos se podía distinguir cuando un prisionero perdía las ganas de vivir y se fumaba sus cigarros para disfrutar de sus últimos días de existencia.

El autor divide la vida en el campo en tres fases, enfocada en las reacciones mentales de los prisioneros, haciendo énfasis en el preso desde el punto de vista psicológico, siendo éstas; 1. La fase que sigue a su internamiento, 2. La vida en el campo de concentración y 3. Después de su liberación. De otro modo: 1. La situación difícil, 2. La vida en la situación difícil y 3. La superación de esa situación.

El libro "El hombre en busca de sentido" expone que “incluso en las condiciones más extremas de deshumanización y sufrimiento, el individuo puede encontrar una razón para vivir, basada en su dimensión espiritual”. Esta reflexión le sirvió a Viktor para confirmar y terminar de desarrollar la Logoterapia, considerada como la Tercera Escuela Vienesa de Psicología, después del psicoanálisis de Sigmund Freud y de la psicología individual de Alfred Adler.

De acuerdo con la Logoterapia -la cual se centra en el significado de la existencia humana, así como en la búsqueda de dicho sentido por parte del hombre-, la primera fuerza motivante del hombre es la lucha por encontrarle sentido a la propia vida, a la vida tal cual es, y toda vida por más adversa que sea siempre tiene algún sentido. Por eso a pesar de los problemas que podamos tener, toda vida vale la pena ser vivida y más aún cuando el hombre pone en práctica la fuerza de oposición del espíritu frente al destino. Según Frankl: “La vida cobra más sentido cuanto más difícil se hace”. Tan solo existe un problema auténticamente serio y es el de juzgar si la vida vale o no la pena de ser vivida.

Desde el punto de vista práctico esta psicoterapia cumple, como una característica de su esencia, con el rol de despertador de conciencias porque el hombre corre el riesgo de transitar por la vida sin nunca llegar a saber quién es, para qué existe y cuál es su misión existencial. El hombre solo llega a ser tal en la medida en que descubre el sentido de la vida: el por qué y el para qué existir.

La Logoterapia contribuye a esclarecer “el porqué del sufrir y del morir y ayuda a tener motivos parta trabajar, luchar y amar. Es una actitud ante la vida caracterizada por el protagonismo y la esperanza la cual ofrece un horizonte de sentido y herramientas para un cuidado de la existencia que permanece aún en las situaciones aparentemente más desesperadas: porque el tiempo del sufrimiento puede ser un tiempo en el que, lejos de agotarse o apagarse para siempre, se exprese y se refuerce el gran amor por la vida”.

Lo anterior invita a preguntarnos: ¿Cuál es la dirección que le voy a dar a mi vida?, y usted amable lector ¿ya lo sabe?

IMAGEN: http://1.bp.blogspot.com

Jorge Rodriguez y Morgado 2  Jorge Rodríguez y Morgado (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es catedrático universitario, conduce: ConoSERbien en Sabersinfin.com

   

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