INTELIBELLEZA
SER NIÑO
Por: Isabel Specia Cabrera*
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Igualmente recuerdo aquella pregunta repetida hasta el cansancio, ¿qué hijos dejarás a este planeta? y que ahora, con el acontecer mundial se ha planteado al contrario ¿qué planeta dejarás a tus hijos?, claro está que corresponde al adulto preservar al planeta en las mejores condiciones para que las futuras generaciones puedan vivir y convivir con su entorno de mejor manera que las pasadas.
También escuché alguna vez que los niños son una bendición de Dios y que toda familia y hogar en la que se encuentra un niño goza de dicha y felicidad. Además de que cada niño trae su torta bajo el brazo. No se realmente si esto último es cierto, pero lo mejor es no indagar su veracidad o falsedad, así lo dejamos.
¿Quién fuera niño?, es una de las preguntas que frecuentemente escucho cuando en un grupo de adultos se encuentra un par de pequeños jugando alegremente muy quitados de la pena, con el mundo en las manos y llenos de ilusiones y alejados de la realidad adulta. Me viene a la mente una pregunta que mi cuñado expresó al ver a mi hijo de bebé dormir plácidamente ¿ya le informaste cuánto le corresponde pagar de la deuda externa?
Bueno pues resulta que esos seres que sólo llegan cuando dos adultos lo determinan se ven envueltos en una gran esfera de complicaciones. Esos seres diminutos llamados el futuro del mundo se ven amenazados constantemente desde el momento de su concepción y hasta que dejan de ser niños. Aborto, desnutrición, maltrato físico, secuestro, adicciones, explotación laboral, mala educación escolar, discriminación, rechazo, abuso sexual y divorcios, entre tantas y tantas amenazas más.
Desde ya, antes de siquiera saber que existe un mundo fuera del vientre de su madre, el pequeño se ve amenazado por un aborto, decidido definitivamente por un adulto, de lograr librar la amenaza nacerá a los nueve meses de gestación y si corre con suerte no engrosará la fila de niños recién nacidos muertos por malas condiciones de salubridad en su comunidad o mala atención de la madre o partera al momento de su llegada.
Libradas ambas situaciones nos encontramos con un pequeño corriendo por todos lados, jugando y gritando hasta enloquecer a cual más o llenar de dicha a quienes lo rodean y entonces llega una nueva amenaza, puede formar parte de los pequeños que cada día encontramos en los cruceros de las grandes ciudades pidiendo un peso para comer, mientras los responsables de su llegada se encuentran bajo la sombra de un árbol vigilando su buen desempeño. O bien adaptándose a su condición de niño de la calle, ante la incapacidad de los padres para proveerle de un hogar digno, y que en ello no sólo son responsables los padres, mucho tiene que ver las condiciones en que los países cuidan este aspecto en sus planes gubernamentales.
Si corrió con la suerte de nacer en pañales de seda y poseer riquezas materiales, seguramente no se verá pidiendo limosna o viviendo en la calle, su amenaza es otra, el secuestro ¡ah, claro! por qué no, si la delincuencia no tiene límite, si no importa que edad tenga su víctima, lo que importa es obtener recompensa aunque en ello se “juegue” la vida de un pequeño, que su único error fue tener padres adinerados. Es este un problema que no compete a los padres solucionar, pero que los responsables para hacerlo no han tenido la capacidad para lograrlo.
El pequeño, como todos los demás, tendrá que asistir a un centro educativo en el que recibirá una gran gama de conocimientos para enfrentar al mundo cuando sea grande. Pero ¡oh sorpresa! quienes manejan la educación resulta que no saben cómo hacerlo y viene una secretaria de educación y se va y viene ahora un secretario y me pregunto: ¿por cuánto tiempo? La educación debería ser lo más importante en el país, es la base del crecimiento y desarrollo del mismo, ¿por qué tanta incompetencia? Reformas van y reformas vienen y algo concreto, el resultado negativo reflejado en las estadísticas. Situación que tampoco corresponde a los padres solucionar.
Y bueno ya sea en la escuela, en su centro social o en su misma casa, el pequeño enfrenta tres amenazas más, ser víctima de abuso sexual, de maltrato físico, o inducido a las drogas. Qué dolor más grande saber de aquellos pequeños víctimas de explotación sexual, es realmente despreciable aquel ser adulto que usando su fuerza, posición social y su bajeza abuse de un pequeño o lo explote en videos o revistas pornográficas, igualmente lo es aquel que movido por la ira, la impotencia o alguna adicción libere sus frustraciones maltratando físicamente a un niño o lo lleve al consumo de drogas para mantenerlo callado y sin hambre. En esto el adulto sí tiene mucho que ver, sobre todo aquellos que tienen en sus manos en cuidado de un pequeño.
Por si fuera poco, existe un factor que al parecer ahora forma parte de la cotidianidad social, la separación de los padres. A su llegada al mundo se le informó al pequeño que tendría un padre y una madre que cuidarían de él y vigilarían su bienestar en un hogar. Pero resulta que nada es eterno y el amor, también termina y muchas veces no en buenos términos.
Es en este momento cuando el pequeño se ve inmiscuido en asuntos de adultos, cuando movido por el amor no sabe ni logra entender qué pasa con sus padres, por qué la separación. Muchas de las veces el mejor camino para lograr la estabilidad emocional del pequeño resulta que es el divorcio de los padres, claro que esto también lo dice un adulto, al pequeño sólo le resta acatar.
Libradas las batallas que representa su niñez el pequeño podrá convertirse en adolescente, cargando un gran costal de situaciones determinadas siempre por un adulto que estoy segura, ha pensado sólo en él.
¿Quién fuera niño para poder no ver sus amenazas como tales y seguir jugando con la muñeca o la pelota aunque tengamos que escuchar en algún momento a Joan Manuel Serrat decir: “niño, deja ya de joder con la pelota, niño que eso no se hace, que eso no se dice, que eso no se toca”?
* Isabel Specia Cabrera es periodista, académica y escritora mexicana radicada en el Distrito Federal.
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