23 de octubre de 2015

 

-La Historia Jamás Contada-

Al escuchar esta palabra, inmediatamente se piensa en el periodo que siguió a la Edad Media europea, cuando las actividades sociales básicas se reorientaron hacia el progreso y ya no a la contemplación y alabanza de lo creado, no sólo natural sino por los humanos, tanto material como institucionalmente, para fijar un estado de cosas que beneficiaba a cierta clase o estamento, en su caso, la sacerdotal católica.

Pero no se profundiza lo suficiente en cómo fue posible retomar el hilo que –como el mítico de Ariadna- partía de la Antigüedad clásica, sobre todo Grecia y sus pensadores –filósofos, amigos del saber- independientes, ocupados en desvelar los misterios del mundo, comenzando por los del lenguaje, al concebir la Lógica.

El razonamiento y la discusión volvieron a ponerse de moda –cuando menos entre la clase ilustrada- y se aplicaron a problemas contemporáneos, desde aquellos de la vida práctica a la política… y comenzaron los descubrimientos: la Ciencia pura y aplicada habían renacido, transformando la Weltanschauung –visión del Mundo-, que pareció abrirse nuevamente a la acción humana, acotando el fatalismo inherente a las Edades Oscuras.
 
Así que un Renacimiento es esencialmente una re-visión de las cosas de siempre y las que van surgiendo, que la razón dota de una lógica en principio cognoscible, por la cual ya no suceden al azar ni por arbitrio de un Ser superior, llámese Dios o Big Brother. (Hay una ironía inmanente a la novela de Orwell: en una sociedad des-encantada –Weber-, donde las cosas son lo que son, sin ilusiones, Dios se revela como nada más que el Estado, que se encuentra en todas partes, todo lo puede, todo lo ve y todo los sabe –espiando, claro-.

Por lo mismo, un Renacimiento -¿razonamiento?- siempre es crítico, cuestionando verdades que se tenían por incontrovertibles y deviniendo inmediatamente en político al incidir sobre la estructura (ideológica) del Poder, pues los unos ya no se someterán más a los otros, al menos no por las mismas razones. Y esto en todos los campos de la vida social, de la Ciencia a la religión, pasando por la sexualidad, etc. (Por eso se considera a un monje alemán del siglo XVI, Martin Luther, también un renacentista.)

Pero la transición de una Edad Oscura –o que viene oscureciéndose- a un posible o hasta necesario Renacimiento, no es algo que se dé por sí misma, mecánicamente: requiere ser impulsada en la dirección adecuada, pues de otro modo la revuelta contra el Antiguo Orden puede resultar en el fortalecimiento de éste, como ocurrió tantas veces en el pasado, remoto y reciente, e incluso ahora mismo.

No basta con la Futurología y su cálculo o evaluación de tendencias –trends- sociales. Se trata de entender tanto la lógica histórica que las subyace, como las motivaciones –subjetivas y generalmente inconscientes- que las animan, y ser capaces de explicarlas y discutirlas con otros –hacer política, en sentido original- para llevarlas a su plena realización. En eso reside el espíritu renacentista, de ninguna manera sólo un asunto del pasado, sino algo que es URGENTE retomar.

Imagen: liceodacea.blogspot.com

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey - es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño, SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.