3 de junio de 2014

-La Historia Jamás Contada-

En el artículo pasado expuse algunas tácticas que el Poder emplea para sustraer del conocimiento público informaciones que considera peligrosas, en el caso particular las que caen en la categoría de ocultismo o Ciencias Ocultas. Pero aún sin estas maniobras, decididamente POLÍTICAS, lo extraño no sólo es algo que no se percibe fácilmente, sino que aparentemente la mayoría de la población no está dispuesta a reconocer y por eso lo niega, rechaza o evita, si puede. (Hace poco más de cinco años, cuando era colaborador titular en los “MIÉRCOLES DE MISTERIO” de un programa radiofónico, lancé la convocatoria de crear una Sociedad para la Investigación de lo Extraño, a la que sólo respondió UNA persona del auditorio.)

Pero lo extraño no se limita a lo sobrenatural, paranormal o fantástico en general, sino que es todo aquello que, o no está en su lugar o es absolutamente nuevo para la experiencia diaria acumulada, lo que origina la curiosa paradoja de que sea precisamente en lo más cotidiano donde la sociedad se confronte más frecuentemente con lo extraño. La moda –en cualquier cosa- es un buen ejemplo de ello: por extraña que sea, siempre se la encuentra en la calle.

En contraste, lo extraño es buena señal en los campos de innovación técnica e investigación científica, así como en artes puras y aplicadas, pues motiva a inventores, investigadores y artistas aún antes que la posible fama y ganancias que pudieran derivar de sus creaciones o hallazgos. Es decir, existen también individuos con un agudo sentido de lo extraño a quienes éste no sólo no repugna -¿debería?- sino estimula a buscar y eventualmente dar con cosas radicalmente diferentes.

Seguramente los lectores ya se habrán percatado de algo extraño con este escrito y es que no aparece en la sección de “lo Cotidiano” sino en “Política”, pero hay una razón: la ausencia de ese precioso sentido -de lo extraño- en los políticos, con su firme creencia de que lo extraño debe ser extirpado de la realidad, cuando es posible que un detalle insólito dé la clave para resolver un complicado problema de Gobierno, como aquella anécdota del loco que se puso a dirigir el Tránsito y deshizo un embotellamiento, que aún si no fuera más que una leyenda urbana, expresa la noción de que una forma extraña de pensar podría vislumbrar lo que no ha podido la convencional: la solución a éste y otros enigmas cotidianos. ¿Acaso no se dice que el genio está muy cerca de la locura?

Es en lo extraño –que siempre lo es en relación a algo ya definido o conocido- y no en lo convencional, tradicional o repetitivo que se encuentra la posibilidad de evolucionar, pues lo conocido es por definición estático y busca permanecer así, mientras que lo extraño habla por sí mismo de otro orden de cosas. (Incidentalmente, ¿no sería mejor para los españoles redefinirse de una vez como República, por extraño que parezca a los monárquicos, habituados a los usos y costumbres cortesanas de una Edad de Oro que –como todas- nunca existió?)

Sí, lo extraño tiene interesantes aplicaciones prácticas que no reducen un ápice el inquietante placer de estar cerca de él, que a algunos –que somos bastantes- nos resulta atractivo.

Fernando AcostaFernando Acosta Reyes (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es investigador independiente de fenómenos extraños, amante de la música y estudioso de los comportamientos sociales.