30 de mayo de 2014
-La Historia Jamás Contada-
Hace unos días, buscando en la Red información sobre ocultismo, me sorprendió encontrar casi exclusivamente sitios correspondientes a asociaciones católicas fundamentalistas, cuyo objetivo –lógicamente- es malinformar a los que por primera vez se acercan a este campo del conocimiento. Un cambio cualitativo respecto a los años 80, cuando había profusión de libros sobre el tema escritos por insiders, esto es, individuos ellos mismos dentro del ocultismo, que proporcionaban información de primera mano.
Algo semejante escuché también en un programa radiofónico nocturno en que cada lunes, un maestro y dos alumnos del Seminario Palafoxiano “describían” una religión ajena a la suya, como si fueran los “preceptores universales designados” en materia de creencias. También en el mismo sentido, uno dominical matutino en que el conductor personifica lo mismo a un cristiano –no católico- que a un judío, sin ser una ni la otra cosa, intentando confundir a quienes buscan otras opciones en el mapa religioso.
Pero volviendo al principio, también están las películas anti-Harry Potter, las seudomitológicas (donde a los héroes clásicos grecorromanos les agregan otros más que dudosos) y las de superhéroes expresamente católico-romanos, como Constantine y Van Helsing, todas producciones que abordan el tema ocultista pero sólo para desvirtuarlo y dar a los espectadores “más de lo mismo”, pero ahora desde otro ángulo, porfiando en seguir siendo los “reyes del espectáculo” de lo más-que–humano aun cuando el público, sea por interés o experiencia, mire en otras direcciones.
Es como haber regresado a los sórdidos tiempos del Index Librorum Prohibitorum, pero en que los censores eclesiásticos, en lugar de prohibir bajo penas espantosas la lectura de textos heréticos o abiertamente blasfemos o impíos, han optado por simplemente entregar “gato por liebre” y cerrar así –según ellos- el universo en que un pensamiento libre podría llegar a encontrar esa Otra Cosa –que tampoco es reducible a “Dios”, como pretenden los teístas- que lo haga trascender la banalidad cotidiana.
Quedan sin embargo algunas preguntas: ¿A qué le temen tanto los Poderes establecidos –de cualquier tipo- que tan esforzadamente tratan de impedir la difusión de estos saberes? ¿Qué tan subversivo puede ser que la gente común conozca un poco de lo extraño que contienen el Mundo y la Naturaleza? ¿O es que ellos, los poderosos, quieren ser los únicos en poseerlos para –en caso de ser aplicables- acrecentar y afianzar aún más su poder? Aquí podría estar la respuesta, habida cuenta de que los grandes Imperios han habilitado desde siempre milicias prospectoras de lo extraño que han lanzado a todas partes, como los jesuitas o la “Ahnenerbe” (“Herencia Ancestral”) de Himmler, aunque debe haber sus correspondientes en la época actual.
Así es el extraño mundo de estos saberes, condenados para unos –los de abajo- pero codiciosamente buscados y celosamente atesorados por los otros: los miembros de las clases dominantes de todas las épocas.
Fernando Acosta Reyes (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es investigador independiente de fenómenos extraños, amante de la música y estudioso de los comportamientos sociales.Facebook Social Comments