22 de abril de 2014
- La Historia Jamás Contada -
Hace unos días, la televisión abierta presentó un pequeño reportaje sobre el gran renacentista Leonardo da Vinci que, a diferencia de los usuales, no era para describir un aspecto de su vastísima obra; tampoco para mostrar algún periodo de su multifacética y por demás interesante vida personal –la vida de un genio-, sino simplemente para negar que tuviera algo que ver con los Gnósticos, como sugiere Dan Brown en su novela “La Clave Da Vinci”.
La tesis del reportaje era que los supuestos indicios de tamaña herejía (la connotación inquisitorial es mía) no eran otra cosa que reminiscencias de creencias católicas populares que Leonardo asimiló durante su infancia. Como de pasada, se añadía que tampoco había quedado establecida su preferencia homosexual. Así que Leonardo, uno de los mayores “creativos” en la historia de la Humanidad, era también un ”perfecto católico” cuya inteligencia, curiosidad y deseo se conformaban sin más a los estrechos cánones teológicos y morales de la corporación religiosa. ¿Es esto siquiera posible? La pregunta sólo puede responderla una investigación histórico-psicológica en forma, no un artículo de fe, como es el caso.
En el fondo no se trata (solamente) de Leonardo, sino de aquéllos que a lo largo de la Historia y sobre todo en tiempos muy recientes, han abandonado el catolicismo por considerar que no satisface sus expectativas, tanto religiosas como existenciales. Este ha sido un fenómeno permanente, incluso en épocas de persecución y exterminio de quienes no se doblegaban, desde la tristemente célebre Inquisición hasta las fanatizadas comunidades indígenas del Sureste que, todavía hoy, expulsan a sus vecinos sólo por ejercer su derecho a profesar la creencia de su elección, sin que los Gobiernos respectivos hagan algo por impedirlo, también ellos siempre fieles a la máxima de que, en Política, “lo moderno es ser medieval”.
Pero aparte de la mano dura, que utiliza cuando se prestan las circunstancias, la corporación, que nunca abandonó sus propósitos imperialistas, también la emplea pero enguantada en terciopelo para lisonjear a los de mayor preparación o sensibilidad –o “wannabes” de ello-, como a principios de los 90 con el programa FUNDICE para atraer a los intelectuales mediante el arte religioso. Por eso no es casual su presente intento de recuperar “definitivamente” para su causa al artista-ingeniero Leonardo, pues se trata de que sus émulos y admiradores contemporáneos que se encuentren descarriados, vuelvan al redil: “NIHIL NOVUS SUB SOLIS EST” (Nada nuevo hay bajo el Sol).
Fernando Acosta Reyes (@ferstarey - Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es investigador independiente de fenómenos extraños, amante de la música y estudioso de los comportamientos socialesFacebook Social Comments