Octubre de 2013
Los “medios de comunicación de masas” son un vehículo importante de propaganda POLÍTICA, pero no por los anuncios paganos que insertan partidos y asociaciones afines, ni por los mensajes autoelogiosos que los distintos Gobiernos se prodigan a sí mismos, sino por la posición que expresan en sus comentarios y opiniones quienes escriben o aparecen en ellos, llegando a su máximo en lo aparentemente más impersonal y objetivo de su contenido: los NOTICIARIOS.
En efecto, las noticias no sólo consisten en información químicamente pura, la simple descripción de hechos o transcripción de dichos –lo propio del periodismo- sino del CONTEXTO en que se hace, los sobreentendidos presentes y los juicios que merece lo expuesto, siendo precisamente en estos aspectos periféricos donde tiene lugar la manipulación de la información, que no se limita a lo que se dice y CÓMO se dice, sino que se extiende también a lo que NO se dice, a fin de lograr el efecto ideológico deseado en los “informados”.
La clave de la manipulación radica en la fabricación de una subjetividad ficticia que el informador-manipulador desliza en las noticias, pues siempre escribe o habla (alude, comenta, juzga) desde el punto de vista de un sujeto GENÉRICO (“todos nosotros”) que toma el lugar de los lectores o escuchas y les entrega el Mundo ya Interpretado, en lugar de sólo informarles de lo que sucede en él. Los hechos o dichos de los que tratan las notas siempre son entregados como “cosa juzgada”, como lo establece el libro “LOS ESCRITORES CONTRA LA COMUNA”, un estudio en profundidad sobre el papel que juzgaron los “plumíferos a sueldo” en la brutal represión del levantamiento popular conocido como “la Comuna de París” en 1871.
Pero el manipulado también pone lo suyo, al hacerse a la comodidad de recibir la información no sólo SELECCIONADA (en realidad, censurada previamente) sino digerida o, cuando menos, masticada por su informador de confianza, que “sabe” no sólo qué le interesa sino cómo le gusta recibirlo, actitud que ha dado origen a la figura de la VEDETTE de la información, conocida en el mundo angloparlante como “ANCHOR” (“ancla”).
En cuanto a la manipulación como arte, ésta requiere como las otras (artes) de una técnica por parte del ejecutante (“performer”) y también de una realimentación, la respuesta emotiva del receptor, su público, como bien lo saben artistas de géneros más respetables.
Hay campo también para la expresión y creatividad individual, como la voz engolada de declamador, la expresión relajada y más bien lépera del locutor metido a payaso (¿o al revés?) o la pose “intelectual” y mesurada del “comentarista político” (o “económico”, que para el caso es lo mismo) y sus infaltables encuestas (o estadísticas, respectivamente) que le dan autoridad a sus dichos. Así como también para la escenografía y la utilería. (Siempre me ha parecido que a Eduardo Ruíz Healy le hace falta un sombrero para poder llevar su programa a “gritos y sombrerazos”).
Espacio aparte merece el SEX APPEAL (“atractivo sexual”) que, como en todo arte, siempre está en juego: sea en el gracioso mohín (mueca de disgusto) de la locutora cuando informa de una manifestación o, en contraste, las coquetas miradas que otra le lanza a su entrevistado, un burócrata tan gris como un día nublado, pero que ésta quiere hacer simpático a su público, deseoso de percibir ese “calor humano” que emanan los medios, la nueva “medida de todas las cosas”.
En suma, que si bien la presentación de las noticias –las “serias”, se entiende, se parece cada vez más a la representación de un género teatral menor, su objetivo no ha cambiado desde que se concibió esta forma de persuasión de masas, que es señalar al pueblo a los “malos” para que el aparato represivo del Estado se haga cargo de ellos, llámense comuneros de París, estudiantes del 68… o maestros inconformes, sin que los asiduos a los noticieros sientan cuando menos la necesidad de escuchar las razones que los mueven.
Este “enviciamiento mediático” de la gente es el verdadero “peligro para México”, señores Sola y nacionales que lo imitan. (Antonio Sola Reche fue el publicista gachupín que ideó la insidiosa campaña de 2006, cuando ya se había decidido colocar en la Presidencia de la República a Felipe Calderón –a quien, por cierto, el Gobierno de España acaba de otorgar la Orden del Mérito Civil en grado de Collar por haber favorecido a la Corona… ¿Extra? ¡No, Española!, en cuestión de concesiones).
Fernando Acosta es amante de la música y estudioso de los comportamientos sociales.