martinez garcilazo.jpg¿CIUDADANOS LIBRES?
Por: Roberto Martínez Garcilazo*
 
 
 
 
 
 
“Creo que el mandamiento fundamental
De la ética moderna es el no dañar,
No instrumentalizar a otros y sí empoderarlos”
Adela Cortina

En la discusión sobre la desigualdad y la injusticia social, sin duda, es grande el riesgo de incurrir, por falta de recursos conceptuales o por determinados intereses políticos,  en la superficialidad del determinismo mecánico que sostiene que sólo las condiciones objetivas de vida determinan la conciencia social y que luego entonces, la mejora de esas condiciones produce una ampliación de la conciencia.   

 

Es evidente que esta explicación elemental es un recurso sofístico para desatender la urgente reflexión sobre la libertad y la responsabilidad individual.

Esta rudimentaria explicación de la realidad social encubre una interesada voluntad de preservación de los privilegios de los políticos profesionales, sean estos gobernantes, lideres partidistas o periodistas. 

Buscan, mediante un acotamiento retórico, anular la potencialidad política de los ciudadanos, confinándolos en la celda determinista de la pasividad, el conformismo y la maleabilidad electoral, a través de un cínico recurso discursivo: si son pobres carecen de conciencia crítica. 

Porque si bien existe una relación de correspondencia entre modo de vida y conciencia social, esta relación no es de necesaria causalidad. Aceptar esa hipotética causalidad significaría negar la noción de libre albedrío.

Sin embargo, sin dejar de atender lo anterior, existe otra inquietante dimensión de este fenómeno de la apatía ciudadana: la renuncia voluntaria –por lo que provisoriamente podríamos llamar deterioro ético- a los atributos de una ciudadanía crítica y participativa.

Es decir, si postuláramos que la conciencia individual es el resultado vectorial de la suma de las condiciones objetivas de vida con el libre albedrío, entonces podríamos hablar de que existe una determinada responsabilidad cívica por el estado que guarda la vida pública.

La semana pasada, durante la recepción del doctorado honoris causa que  le confirió la UIA, la filósofa española Adela Cortina (Sevilla, 1947) dijo, entre otras muchas cosas que “Hace aproximadamente treinta años mi país inició explícitamente una transición política hacia la democracia, que hubiera sido imposible sin la transición ética que había venido practicándose desde mucho antes en el seno de la sociedad civil. El monismo moral oficial coexistía con el innegable pluralismo moral de una sociedad viva, que era todo menos conformista”.  

Que toda transición política es precedida por una transición ética de la sociedad civil; y que para que esta última se lleve al cabo es indispensable el pluralismo moral de una sociedad viva y anticonformista, es la lección de este pequeño pero profundo párrafo de Cortina.

La sociedad, los ciudadanos – los comunes, los peatones-  que la integramos somos responsables de la vida pública.

Es innegable que existe relación entre escolaridad y competencias de juicio ético, pero no es una relación de determinación causal. Recuérdese, a manera de prueba, los casos de académicos y gobernantes que, pese a tener certificados de educación superior han infringido leyes vigentes y cometido de-li-be-ra-da-men-te peculado y perjurio.

*Roberto Martínez Garcilazo (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es poeta y escritor poblano, director de Literatura, Ediciones y Bibliotecas de la Secretaría de Cultura de Puebla.

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