9 de mayo de 2013
El signo lingüístico además de estar integrado por el significante y el significado posee también la característica de ser arbitrario puesto que la relación existente entre ambos es impuesta y termina por ser aceptada por los miembros de una comunidad, por otro lado, el signo lingüístico cuenta de igual manera con la cualidad de sufrir cambios a través del tiempo, lo que lo lleva a ser estudiado desde dos aspectos uno diacrónico y otro sincrónico, ya sea para ser revisado a través de su evolución o en un punto concreto de su historia (Saussure, 1945).

En otro orden de ideas el signo lingüístico como registro puede ser también temático, de ahí se desprende que existan vocablos monotemáticos, politemáticos y desde luego atemáticos, en este sentido se entenderá que una voz monotemática es aquella que pertenece a un sólo tema y como consecuencia lógica las voces politemáticas se inscriben en varios temas y todas aquellas que pertenezcan a todos y a cualquiera se les puede llamar atemáticas (León, 2000).

A partir de lo anterior se puede entonces decir que la democracia es considerada un signo lingüístico diacrónico y una voz politemática, es diacrónica porque a lo largo de la historia ha sufrido cambios en su significado y politemática porque parece pertenecer a varias disciplinas o al menos puede ser clasificada en distintas áreas.

Ahora bien el concepto de democracia ha cambiado mucho desde su origen hasta nuestros días, si bien es cierto etimológicamente significa el poder del pueblo, pero en general es considerada como el gobierno del pueblo, sin embargo esta idea de democracia era imaginada para pueblos no muy numerosos donde todos y cada uno de los ciudadanos pudieran ejercer el poder en conjunto.

Por otro lado en algún momento de la historia de las ideas fue considerada como una forma de gobierno negativa, sin embargo más adelante fue ocupando el puesto de positiva en la tipología de las formas de gobierno hasta devenir en el ideal que todo ser humano anhela como forma de vida política.

De igual importancia es recordar que existe una teoría clásica de la democracia la cual hace referencia a qué el  bien común se logra a través del pueblo cuando éste elige a individuos que ejecuten su voluntad, a la inversa la teoría económica de la democracia establece que los individuos adquieren el poder (y lo ejecutan) mediante una lucha competitiva por el voto del pueblo (Quinton, 1974). En este segundo supuesto la voluntad política del pueblo es expresada únicamente el día de una elección lo que lo ubica como un número más y lo minimiza al grado de considerarlo sólo como un consumidor que debe comprar un voto.

Por otra parte hoy día hay quienes consideran que una democracia es cuando existe una alternancia en el poder público, cuando existe una oposición real y esta tiene posibilidades de alcanzar el poder, cuando hay una competencia entre distintos grupos por el poder político y desde luego que exista el Estado de Derecho.

Sin embargo ¿vivimos acaso en un país democrático?  o más allá de las fronteras ¿todos los países que se autodenominan democráticos lo son?, probablemente el ideal democrático es solamente una utopía romántica utilizada en el discurso para ganar votos lo que la transforma en demagogia y la ubica como un símbolo que es usado como bandera y al mismo tiempo descalifica a los oponentes.

En lo cotidiano el pueblo sabe que la democracia no existe ya que a pesar de que el significante coincide con el significado los referentes están muy lejos de tener concordancia con estos porque más de uno se siente defraudado no sólo por los gobernantes y por los procesos electorales sino también con la institución encargada de organizar las elecciones y todo aquello que la rodea desde el proceso de selección de sus funcionarios hasta la toma de decisiones.

Por otra parte si se reconoce que en cada una de las edades de la historia se buscó una unificación, en la edad antigua fue cultural, en la edad media religiosa y en la edad moderna científica, parece ser evidente que en la postmodernidad y en la época contemporánea la unificación que ha existido es el relación con la forma de gobierno que ha saber es la democracia.

La democracia es usada hoy día como lo fue antes la religión, la unificación religiosa representó pérdida de vidas humanas y el número de muertes en nombre de la democracia cada día aumenta más, el bloque de países fuertes encabezado por los Estados Unidos quienes se consideran el más democrático usa a diestra y siniestra a la democracia para acrecentar su domino y seguir imponiendo un sistema que sólo les favorece al bloque.

Ya que presentarse ante un pueblo que ha pasado ya sea por una guerra o un golpe de Estado con el pretexto de instaurar un orden democrático se llama intervención e imposición y ninguna nación tiene el derecho de hacerlo.

Para concluir se entiende que el que un pueblo participe en una elección no significa que exista democracia, la democracia va más allá, es una forma de vida es saber que se respetan y toleran las diferencias, que se confía en los gobiernos y que los gobernantes están al servicio de los individuos.

La democracia como signo lingüístico no debe ser ni reformulado ni recodificado, debe ser respetado ya que representa un símbolo que ha adquirido un valor determinado, por el contrario lo que se debe hacer es dar nombre a eso que unos llaman democracia y no es más que el pretexto para mantener el poder público y el control sobre el pueblo y sobre otras naciones y así llamar a cada cosa por su nombre.


Trabajos citados
León, M. (2000). Manual de interpretación y traducción. Madrid: Luna, Publicaciones.
Quinton, A. (1974). Filosofía Política. México: FCE.
Saussure, F. (1945). Curso de Lingüística General. Buenos Aires: Losada.

Marco_R_Quesada

 

Marco Rogelio Quesada Pérez es abogado, maestro en Ciencia Política, maestro en Educación y amante del idioma francés.