21 de marzo de 2013

En una administración de gobierno estatal en la cual en Puebla el minimalismo se erige como una variante de la obra pública convertida en arte, resulta plausible reconocer la tradición poblana de su barroquismo a través de un museo internacional, barrocamente cuestionado en un discurso deshilvanado  de un diputado del PT y la abstención del PRI, que lo suyo empieza y termina en el arte popular. Este es un contexto para jugar con nuestra tradición de política poblana de tipo barroco.

Y si el barroco es lo deforme, lo caprichoso, lo grandilocuente, lo excesivamente recargado; una concepción del mundo en donde las reglas y las proporciones de la realidad no son respetadas, como sucede en la posmodernidad, donde la política barroca se caracteriza por la ambigüedad, el débil contenido lógico, sino es que ilógico; ejercicio encaminado a tomar decisiones que confundan lo verdadero con lo falso, divulgando inclusive un razonamiento pedante pero sobre artificioso, terminando en una actitud bizarra, que no es ,más que una posición ridícula; permite reflexionar algunos mensajes políticos y poblanos, desde esa visión barroca y bizarra de nuestra cotidianidad; a saber algunos ejemplos.

-    Que la alianza del PAN y PRD con el PANAL, sería una decisión errónea; mientras el PANAL hace alianza con el PRI e Veracruz y Tamaulipas, bizarro, ¿no?
-    Que el PRI no voto a favor del Museo Barroco, porque sería apoyar una magna obra de tipo internacional unida a otra del morenovalllismo, en la construcción de una candidatura ganadora presidencial del gobernador de Puebla. ¡A poco no! se trata de una churrigueresca declaración del delegado del CEN del PRI, apuñalando a su partido en pleno proceso electoral estatal intermedio.
-    Llamar a un órgano de autoridad colegiado, para que tenga una reunión urgente –extraordinaria- pero sin mencionar la orden del día generadora de la urgencia; más barroquismo termina en novela de Kafka.
-    Que en el PRI, los nombramientos de candidatos a puestos de elección popular resultado de sondeos de opinión; no beneficiarán al aspirante puntero. Declaración más torcida y barroca no se expresar; i sea, alguien es el preferido por los ciudadanos pero se nomina al menos competitivo, ¡guau!
-    Los políticos poblanos en particular machacan su compromiso de respetar las Constituciones federal y estatal y las leyes que emanan de aquellas cuando toman posesión de un puesto o encargo,  pero en la primera oportunidad reclaman licencia o renuncian al cargo, para ir desesperados en busca de otro puesto haciendo de los derechos políticos de los ciudadanos un retorcido amarre.

-    Las decenas de “periodistas” poblanos disfrazados de recogedores de información, que se presentan como asesores, consultores, estrategas de algún destacado integrante de la clase política, que sabe todo, que le consta el dato, que ha diseñado la mejor estrategia, soportada por el manual de chisme que se reproduce en las mesas de los portales, en donde más si todo acontecimiento importante se conoce y se divulga en los portales angelopolitanos, espacio de barroquísimo  poblano.

En fin, el barroquismo político poblano nos alimenta y lo alimentamos a diario, nos gusta, nos deleita, le fomentamos, para no mirar el avance del minimalismo que como hongos perfora nuestras tradiciones para desorientarnos, confundirnos y robarnos el alma.

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Raymundo García García es mexicano, catedrático, investigador y doctor en Ciencia Política.