27 de septiembre de 2012
La semana pasada como siempre sucede con las causas nobles cuando ya no son contestatarias frente al poder, todo mundo sin el menor rubor festeja y se pronuncia como soldado de los nuevos valores, ese es el caso de un asunto por demás deleznable como la lucha contra la trata de personas. Se reconocen los derechos legislados en beneficio de las mujeres, se aplaude la penalización en contra de los tratantes; se grita hasta la saciedad por neófitas y expertas que Puebla no se puede, ni se debe olvidar que está señalado como lugar de origen y destino de mujeres víctimas de la esclavitud del siglo XXI, pero nadie, absolutamente nadie, por equivocación menciona el papel que ha jugado y sigue jugando Lydia Cacho.
Acaso lastima y duele rememorar el espectáculo vivido en el Congreso del Estado en la sesión ordinaria del día 18 de febrero de 2006, acaso ya se borró de la memoria de los poblanos y particularmente de la clase política, que precisamente por el trabajo y defensa que la periodista venía denunciando, fue como ella lo señala –secuestrada legalmente-, vejada y violentada en sus derechos humanos,; todo con el fin de opacar, de apagar, un fuego que incineraba y al fin lo hizo la figura y carrera política del gobernador de ese momento Mario Marín y el conjunto de políticos ligados a su burbuja, la tantas veces llamada burbuja marinista. Acaso se borró de la memoria colectiva y particularmente de los panistas, los frutos políticos y los frutos legislativos que el affaire Cacho Ribeiro produjo tanto en el campo de los derechos de las mujeres como en el campo de los derechos para los periodistas.
O acaso lastima la frialdad y objetividad con la cual marca y diferencia la posición de Felipe Calderón en su calidad de candidato presidencial comprometiéndose a demandar juicio político en contra del ex gobernador poblano, y luego como presidente de la república se les miraba a ambos gobernantes explotación sus relaciones institucionales en planas completas pagadas con el erario estatal; pero si eso no se le perdona a Cacho, también se le debe reconocer que si no hubiera sido por el trance de la represión institucional sufrida, Puebla no habría tenido los millonarios gastos en obras públicas; si no hubiera sido por el secuestro legal a la autora de Los demonios del Edén, Calderón no habría ganado Puebla en las elecciones federales del 2006, ni mucho menos se hubiera abierto un camino para sacar al PRI de Casa Puebla, porque no se hubiera dado la trilogía de tres gobernadores priístas puestos como el mejor ejemplo del ejercicio más autoritario del poder en los Estados de Puebla, Veracruz y Oaxaca.
El 2 de marzo de 2006 el periodista Gustavo Castillo de La Jornada entrevistó a la entonces Fiscal especial para los delitos contra las mujeres: Alicia Elena Pérez Duarte, declara que la represión contra Lydia cacho, se puso al descubierto una hebra de una gran madeja de lo que es una red internacional de trata de mujeres en México cuya presencia se muestra en los Estados de México, DF, Puebla, Chiapas, Baja california, Veracruz y Quintana Roo, y ciudades como Tijuana, ciudad Juárez etc. con nexos tan lejanos como Taiwán. Pérez Duarte en la entrevista revela una cruel verdad, el involucramiento de destacados hombres de poder y de la política mexicana, que por cierto hoy día siguen desempeñando puestos de elección muy alta y la consideración de normal de la comisión de delitos contra las mujeres por hombres de negocios, la entrevistada en ese momento dijo:
“habría que hacer un llamado a todas aquellas personas que consideran “normal” que en los centros turísticos les den atención edecanes de alto nivel, porque no es más que prostitución y cuando son jovencitas, seguro es pederastia. Empresario muy honorables consideran normal que les ofrezcan estos servicios en hoteles, a sabiendas que es sexeservisio”. Por esto y mucho más en la lucha en contra del fenómeno de trata de personas, Lydia Cacho debe ser referencia obligada, además de recomendar su obra Memorias de una infamia, para que no se olvide todo lo que sin proponérsele le dio a Puebla, a las mujeres y a los periodistas.

*Raymundo García García es mexicano, catedrático, investigador y doctor en Ciencia Política.