14 de septiembre de 2012

Este 15 de septiembre de 2012, el Partido Acción Nacional también tendrá su propio festejo en su septuagésimo tercero aniversario de su fundación, llevada a cabo en el Frontón de la Ciudad de México, allá en 1939; sin lugar a dudas no será un festejo triunfalista, sino reflexivo, porque en dos meses y medio dejará de ser partido en el gobierno federal, con el anhelo sustentando en el principio político de sus miembros activos de que sigue la brega de eternidad, para hacer posible una democracia mexicana con partidos que alternen el rumbo del país. El PAN en este sentido ha dado el primer paso alternar dos sexenios, sentando las bases para que el regreso del PRI, sea diferente a su pasado.

Mientras este partido político nacional se encamina a valorar y revalorar su trabajo más que como partido, como partido hecho gobierno en el cual la historia de su largo camino ascendente en las luchas electorales  enarbolando una cultura democrática cívica, que lo diferenciaba de su principal adversario ideológico –el PRI- con una cultura política de corporaciones que reducía los ciudadanos a súbditos, una vez que llegó a la presidencia de la república mostró no proceso primero de estancamiento y luego de retroceso. Si de por sí, el PAN desde su nacimiento mostró dos líneas: la ideología socialcristiana de Efraín González Luna frente a la organización y constructivismo de Manuel Gómez Morín. Dualidad que permite una dialéctica permanente que se ha convertido en la principal sabia que recorre y mantiene activo a dicho partido político; de tal suerte que la historia de Acción Nacional, es la historia permanente y constante de la tensión entre una fuerte lucha interna entre pragmatismo y doctrinarismo materializado en normativismo, expresado en un actualizado institucionalismo que es la piedra incólume que mantiene erguido  al PAN ante la ola de depredadores que genera la misma dinámica social.

Una historia del PAN que no se ha escrito, es aquella de una larga fila de mexicanos que abrazaron la filosofía, principios de doctrina y se comprometieron a respetar sus estatutos como eje de la vida interna del partido, y en el andar de sus intereses político-personales traicionaron su compromiso personal. El PAN es el partido político mexicano que se distingue por la aplicación ortodoxa de sus normas internas y que se expresan en el número de políticos expulsados o auto-expulsados. Se escribe esto porque como partido en el gobierno el PAN fue refugio de miles de tránsfugas que lo vieron como instrumento para mantenerse en puestos públicos o continuar con carreras políticas amenazadas circunstancialmente. En este terreno el balance resultará negativo, porque el contagio de acciones pragmáticas sujetas única y exclusivamente a la satisfacción de intereses personales o de mantenimiento del poder por el poder mismo, es y ha sido una de las principales causas del estancamiento electoral del PAN a partir de la mitad de la administración Fox, y que se recrudeció en la administración Calderón.

Puebla hoy día el PAN muestra las consecuencias de la confrontación entre quienes defienden y defenderán con todo y contra todo al partido, frente a otro grupo de “panistas” que les mueve única y  exclusivamente el poder por el poder mismo.  Y Como siempre no cabe la menor duda para salir adelante se aplicarán de manera natural las normas internas y se materializará  el desecamiento de las cabezas que se han auto-degollado. La inconstitucional reforma electoral poblana presentada por un “diputado panista” aprobada el pasado tres de septiembre, aparte de representar un Golpe de Estado, es un acuchillamiento de los Principios de doctrina y Estatutos panistas; así como el más deleznable acto pirata para apoderarse del partido de oposición al PRI, más importante –o quizá único- en el Estado. El botín nada más y nada menos que 700 mil votos. Ojalá y el PAN en el balance que viene haciendo empiece por expulsar a los falsos panistas poblanos, como acto obligado para regresar al origen y recuperar el camino.

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*Raymundo García García es mexicano, catedrático, investigador y doctor en Ciencia Política.