30 de agosto de 2012
La derrota del PRI/PVEM en las elecciones estatales poblanas de 2010, más que propiciada por la mega-coalición Compromiso Por Puebla; fue el momento de un ajuste de cuentas entre dos elites políticas: una en plena decadencia que se inició en la administración de Mariano Piña Olaya, y no obstante que las administraciones Bartlett y Morales Flores, impulsaron acciones para su regeneración; la cimiente degenerativa del piñaolayismo se expandió en la Administración Marín, por escándalos de autoritarismo y corrupción desmedida.
El crecimiento de una elite renovadora, ascendente gracias al nuevo Estado mexicano de corte neoliberal, representada por políticos del PAN, no alcanzó la madurez para que por sí misma llegara al Poder Ejecutivo estatal para la sustitución elitista. Así que, el ingreso de Rafael Moreno Valle al PAN en 2006 vino a fortalecer la elite panista puesto que jugó por lo menos tres roles en su ingreso: a) de candidato al senado y por lo mismo uno los principales operadores electorales para él mismo para ganar por mayoría y del candidato presidencial; b) de comprometer de forma coherente su trabajo político con los principios y doctrina del humanismo político que enarbola Acción Nacional al solicitar que fuera reconocido como adherente y en su momento miembro activo; y c) encabezar un grupo de mentes jóvenes y brillantes con la seguridad de que en el mediano plazo trabajarían para el PAN, y que representaban el refrescamiento y fortalecimiento del ascenso de la elite panista poblana, necesaria para derribar a la obsoleta elite tricolor.
La razonabilidad unida con la racionalidad que el caracterizan a Moreno Valle, dejó pasar las elecciones locales de 2007 y las federales intermedias de 2009, como el mejor referente para demostrar a la elite panista de que por si misma, no le alcanzaría su poder para derribar a su anquilosado e histórico adversario político en el territorio poblano – el PRI-. Fueron las elecciones de gobernador de 2010 el momento para que estatalmente se reuniera a la clase política opositora al PRI, esto es, las dirigencias de los partidos PAN, PRD, Convergencia y PANAL, más aquellos elementos modernizadores de la elite del PRI, para que apuntalaran la anhelada sustitución de la elite política del PRI por la del PAN.
Y en el proceso de sustitución de elites, hoy día radica la esencia del comportamiento político electoral futuro de Puebla para las elecciones intermedias de 2013, la elección de gobernador para el año 2016, y porque no, las elecciones presidenciales del año 2018. La sustitución de elite política no fue llevada a cabo solamente por el PAN, sino que fue realzada por la clase política oposicionista con excepción del PT, y encabezada por un panista de nuevo cuño que ha dado pie a que la elite nueva gobernante se le reconozca como Morenovallismo, sintetizando la unidad entre la diversidad que provocan los intereses nacionales de los cuatro partidos aliados como poder gubernativo. En el proceso electoral federal pasado, hasta la saciedad los amanuenses locales fustigaron a la opinión pública de que el gobernador sigue formando parte de la elite del PRI, se ha visto su rotunda equivocación, rarificando por todos lados su panismo militante, y su liderazgo político responsable con los partidos aliados que lo llevaron al poder.
Para mantener la gobernabilidad democrática, se hace necesario en Puebla continuar con la unidad de la clase política opositora al PRI, que es lo mismo que mantener por lo menos para las dos elecciones locales que vienen: las de 2013 y 2016 la unidad coalicionista que produzca una la mayoría anti PRI en el Congreso del Estado y mantener el poder ejecutivo en la minigubernatura. Que los panistas se opongan a alianzas y coaliciones sería una decisión mortal e irresponsable máxime cuando hoy se cuenta con tres instrumentos legales para mantener por derecho y de facto la mega-coalición ganadora e inclusive ampliarla: a) la suscripción de convenio coalicionista ante el IEE; b) el uso de la candidatura común que puede incorporar hasta priistas, si fuera el caso necesario; y c) la posibilidad de coaligar al nuevo partido estatal, que afilió a ciudadanos sin atención y cabida dentro de loas partidos nacionales.

*Raymundo García García es mexicano, catedrático, investigador y doctor en Ciencia Política.