3 de agosto de 2012

Después de los resultados electorales del pasado proceso de elecciones federales, estatales y municipales en algunas entidades federativas, los adversarios de Acción Nacional, como ha sucedido siempre en el pasado, inmediatamente buscan sangre política para regar las fuentes de sus plumas, con el anhelo de presentarse como los amanuenses totalmente conocedores de la vida política mexicana; y en el caso particular de este tema: de la vida interna de los partidos políticos.


Sin embargo, no obstante que cada día hay más panófilos; existe una beta enorme que cubre las entrañas del partido político nacional creado por Manuel Gómez Morín, y que no es fácil  desentrañar.  El PAN es un partido que nació con una filosofía política totalmente antagónica al que le dio origen y sustento al PRI, y sus versiones anteriores -PNR y PRM-.  Mientras el PRI en su primera versión como partido nacional revolucionario nació desde el poder político pensado en crear un instrumento que se encargara de las elecciones, con la visión de una sociedad  controlada mediante organizaciones sectoriales; el PAN nació empuñando la dignidad de la persona humana, la libertad individual, cuyo único instrumento para pervivir dentro de la aplastante estatalización del cardenismo, no era otro que el respeto a las normas internas de la organización política. Así, decisión individual y libre;  respeto irrestricto a las normas internas y no discusión pública de los asuntos internos del partido sería el éxito para sobrevivir dentro de un sistema político autoritario y de sistema de partido de Estado.


El respeto a las normas internas empieza por respetar las decisiones de los órganos partidistas, las cuales son democráticas. Y aquí empieza el asunto, la nominación de dirigentes, a diferencia del PRI que son decisiones políticas de una persona –en la era del presidencialismo omnímodo. El nombramiento lo hacía el presidente de la república; en el PAN, el nombramiento de la dirigencia es decisión de la militancia a través de órganos específicos como el Consejo Nacional. Y en esto empieza la diferencia entre PRI y PAN, mientras en el PRI, las dirigencias nacionales pueden ser cambiadas en atención a los intereses de la persona que detenta el poder político, en Acción Nacional, la dirigencia se cumple el tiempo por el cual fue designada, salvo casos de excepción muy particulares.


Una elección y sus resultados no son responsabilidad de una dirigencia, son una corresponsabilidad de todos los panistas. Claro, en el caso del PAN, por ende los resultados triunfalistas o derrotistas son corresponsabilidad de todos, y en ese sentido los dirigentes al ser respetuosos de las decisiones que toman la militancia y los órganos de dirección están obligados a cumplir con los mandatos que no son otros que cumplir el periodo por el cual fueron designados.  De tal suerte que en la historia del PAN, se observa que los mandatos de sus presidentes del CEN, han durado el tiempo por el cual fueron nombrados, algunos al sido reelegidos y otros solamente han estado los tres años estatutarios. De tal suerte que los ríos de tinta que hoy día corren y debaten sobre la permanencia o cambio en la dirigencia del CEN del PAN, son puras quimeras y evidente falta de conocimiento de la vida ortodoxa de dicho partido.


EL PRD, PT, MC y PANAL, perdieron las elecciones presidenciales, para el caso de las izquierdas, al separarse los votos y sus triunfos, se aprecia su poca eficacia electoral; y curiosamente no se reclama la remoción de sus dirigentes nacionales. Entonces de donde vienen las presiones, por supuesto que no tienen su origen en el panismo, son expresiones de sus enemigos en el mejor de los casos, pero en el peor, son expresiones de neo panistas formados en el PRI, que miran una oportunidad y un pretexto para acumular poder político partidista o para regresar al PRI, ahora que regresa al poder. La ortodoxia seguirá salvando al PAN.

 

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*Raymundo García García es mexicano, catedrático, investigador y doctor en Ciencia Política.