28 de junio de 2012
 Realmente el tema de la redistritación en la reciente reforma electoral poblana, no será un tema prioritario para la futura e inmediata disputa por el poder municipal y por el poder político representado en el Congreso del Estado; porque mientras ésta se lleva a cabo y los partidos políticos se ponen de acuerdo, queda salvada la  actual división política electoral tal y como ha venido operando en los últimos años y con ella el trabajo que desde tiempo atrás se viene llevando a cabo en la casi totalidad de municipios para disputarse los ayuntamientos que por única ocasión serán de un tiempo envidiable de más de cuatro años y medio.


El banderazo de arranque fue dado inmediatamente después de que dieron inicio las administraciones actuales, el ejercicio más allá de sus fines futuristas de fuerte pugna por los poderes locales, llevó el interés de construir, organizar y apuntalar a un conjunto de liderazgos de nuevo cuño, que fueran capaces de ser aprovechados en tareas de tipo electoral, pero claro no para las elecciones poblanas del año 2013, sino para las federales del año anterior. Este ejercicio me recuerda las acciones políticas de un sistema de partidos del México de antaño que ha buscado organizarse y movilizarse al ras de suelo, bajo la promesa de que dependiendo de su capacidad de liderazgo, el premio no será otro que la entrega de la codiciada candidatura a la presidencia municipal ahora con el plus de contar con un tiempo de administración mayor de medio periodo más al tradicional de los trienios.


Sin embargo al Estado de Puebla le persigue el síndrome de las elecciones intermedias de alta competitividad. Recordemos que allá en las elecciones intermedias del marinismo en el año 2007, la disputa por la mayoría en el Congreso del Estado, se convirtió en un asunto de vida o muerte para el gobernador, amenazado por la sombra de los que al final de cuentas disidiera la SCJN en el asunto de la periodista Lydia Cacho, y como consecuencia los poblanos vivimos unas elecciones intermedias en donde la disputa por la capital del Estado se convirtió su triunfo para el partido del gobernador en tema prioritario, en asunto de vida o muerte y por ende la disputa por la alcaldía, como la disputa por las diputaciones de la capital y de su zona metropolitana se convirtieron en asunto crucial para la terminación del sexenio anterior.


Para el 2013 poblano, el mismo fantasma de la alta competitividad está presente, claro por razones no peligrosa, pero sí de una necesidad de que el ejecutivo del Estado, no obstante y su ejercicio y concepción democrática del poder público, sabe que la presencia de un Poder Legislativo diferente a sus objetivos de gobierno se convertiría en un obstáculo para el desarrollo de la entidad, y sobre todo se convertiría en freno en el proceso de posicionamiento del estado de Puebla en el contexto nacional e internacional que ha ganado de manera por demás innegable.  De ahí que las elecciones por los municipios, como sucedió en el año 2007, serán la base y fundamento de la garantía para el triunfo de la mayoría de las veintiséis diputaciones  locales. Por ello, a partir de este lunes próximo, dos de julio, a un año de las elecciones intermedias poblanas, la actividad política de los ciudadanos obligará a que los partidos se activen para una elección local de alta competitividad.


raymundo_garcia_garcia_3

*Raymundo García García es mexicano, catedrático, investigador y doctor en Ciencia Política.