24 de mayo de 2012
Dos veces vi de cerca de Manuel Espino cuando era presidente del CEN del PAN, la primera en 2006 en el camino hacia las elecciones presidenciales de ese año y tomando en consideración el contexto de la crisis política poblana por el Lydiagate, reunión muy cercana, en donde el tema citado se convertía en un excelente recurso para apuntalar el mantenimiento del PAN en Los Pinos. La segunda ocasión también fue en Puebla, para ser específicos en San Pedro Cholula, lugar en cual la orden enviada en el camino hacia las campañas intermedias estatales fue “no utilizar el “Maringate” como recurso electoral. En el primero ejercicio el PAN ganó 12 distritos y las senadurías de mayoría; en el segundo se rompió la alternancia en la presidencia municipal de Puebla y la votación panista poblana se retiro a 540 mil votos –aunque el fraude informativo, publicó 440 mil votos-.
Ambos fenómenos políticos eran comprensibles, por el ejercicio natural de la acción política que se traduce en confrontación y acuerdo, en guerra y paz para el equilibrio sociopolítico como lo recomendaría en alguna lectura Carl Schmitt. Por supuesto que fue plausible que como dirigente nacional del partido en el gobierno; Manuel Espino aprovechara todo para apuntalar al candidato presidencial panista y se aprovecharan las crisis que tenía el PRI: una nacional con la ruptura que le había propiciado el SNTE en su camino hacia la formación del PANAL y la otra producida por el autoritarismo exacerbado de sus gobernadores en Puebla, Oaxaca y Veracruz. Pero más allá de acuerdos y negociaciones, -que ahora Espino reconoce públicamente y en su momento tenía la obligación política de haberlo informado-, jamás priísta alguno llamó a Felipe Calderón (candidato presidencial) a evento público y pidió a sus compañeros militantes generar un voto útil en su favor, si lo pactaron fue en lo obscurito. Tontejos no son, el PRI se llevó el segundo lugar en las elecciones del senado y abanderaron la reforma del Estado y se pusieron a construir el camino para comerse a Espino y lo han logrado.
Por esta experiencia, pero sobre todo, porque el ex dirigente nacional panista fue quien más fortaleció las relaciones con la ODCA, para consolidar la filosofía política del Humanismo político, haciendo que los principios de doctrina fueran correctamente reorganizados eliminando conceptos que permitían la confusión ideológica con los partidos mexicanos socialdemócratas: PRD, PRI y Convergencia; no, no y no es justificable a Manuel Espino que expulsado y con el anhelo de regresar al PAN, venga a presentar no su apoyo a EPN, sino a emitir un conjunto de argumentos contradictorios que sólo llevan un fin: lesionar al PAN y de paso golpear al sistema de partidos mexicano y el proceso de democratización.
Imaginemos que de Manuel Gómez Morín a Gustavo Madero, en lugar de considerar que un partido político democrático, de ciudadanos libres, frente a la adversidad natural de la competencia electoral, hubieran renunciado a la lucha democrática de la vía electoral; simplemente no hubiera habido una trayectoria de lucha histórica del PAN por la democracia mexicana. Los extintos partidos satélites PARM y PPS, que siempre apoyaban a los candidatos presidenciales del PRI pervivirían y tendríamos un sistema de partido único y por lo mismo no democrático. Las declaraciones de Espino, pisotean el esfuerzo de millones de mexicanos que desde la participación del PAN en elecciones municipales, estatales y federales, se apostaron por construir una cultura democrática participativa de ciudadanos libres; construir un sistema de partido competitivo electoralmente. La decisión política-individual de Espino es tolerable, pero lo que los panista no podemos aceptar es una argumentación banal, confusa y contradictoria que busca dañar al partido Acción Nacional pero sobre todo que busca y se encamina a dañar el proceso de democratización mexicano, enarbolado por hombres y mujeres libres desde el 15 de septiembre de 1939.

*Raymundo García García es mexicano, catedrático, investigador y doctor en Ciencia Política.